Categoría: Crónicas

  • La noche en la que Dorian infundió «Justicia Universal» en Madrid

    La noche en la que Dorian infundió «Justicia Universal» en Madrid

    No sé si el azar existe o muchas veces, todo tiene explicación lógica y medida. Lo que sí sé es que hay conciertos que merece la pena vivirlos, porque se anticipan como especiales, únicos, gigantes. Dos años, veinticuatro meses han pasado desde que Dorian se despidieran de Madrid con «Diez años y un día». Desde la misma ciudad y, justamente, desde la misma sala. Y es que el pasado fin de semana regresaron, pero en esta ocasión, para repartir una buena dosis de «Justicia Universal». Era el gran regreso de Dorian. Y no podía ser de otra manera que con casi tres Rivieras al borde del «sold out» (en dos de ellas lo consiguieron, la tercera estuvo a punto).

    No estaban tampoco solos. Rompiendo el hielo se encontraba Betacam que, presentando su nuevo trabajo «Mítico», se salió, consiguiendo captar y hacer bailar a todo el público que allí se encontraba. Poco más de una hora de actuación hasta que a las 22.00 horas, puntuales, llegó el turno de los catalanes. Luces fuera y la breve intro anticipaban lo que estaba por llegar. Uno a uno fueron apareciendo sobre el escenario. Era el momento de presentar una a una las canciones del nuevo álbum, a la vez que recordaban los temas más míticos de la banda.

    «La Isla» fue la primera en aparecer tímidamente, acompañada por la mítica y súper reconocida «Verte Amanecer», con la que el público gritó y cantó hasta dejarse los pulmones. Y era tan solo el principio. Solos o acompañados por «Algunos Amigos», todos fuimos capaces de sentir «El temblor» que estaba teniendo lugar bajo nuestros pies. Justo ese, fue el momento perfecto para infundir una buena dosis de «Justicia Universal», junto a Rayden. Un acto heroico, que nos dejó con cierto encogimiento de corazón que hasta «Duele».

    Y justo entre tantas «Noches Blancas», todos nuestros «Vicios y Defectos» comenzaron a relucir. Miedo y ganas de huir, del que no nos pudimos desprender ni con todas las «Buenas Intenciones» del mundo. Al final, con «Llévame» nos trasladamos directamente al mayor «Arrecife» conocido y por conocer. Y allí permanecimos, cantando, «Hasta que caiga el sol».

    Con «Señales» todo comenzó a acabar. O quizás no, porque Dorian todavía tenía que transportarnos muy lejos de allí. Y es que de camino a «Cualquier otra parte», pasamos antes por diferentes «Paraísos Artificiales». Así es como querían despedirse. O tal vez no, porque como «Cometas» atravesando el sistema «Solar», volvieron a aparecer en el escenario, para rememorar tres de sus temas más míticos y queridos. No podían faltar «La mañana herida», «La tormenta de arena» y «Los amigos que perdí».

    Sin duda, fue un gran espectáculo. Juegos de luces, mucho confeti y globos. Sin duda, fue la gran fiesta que Dorian quería dar. Fue la gran fiesta que nos querían regalar. Y nosotros, supimos disfrutarla. ¿Si se quedó algo en el tintero? Quizás algún tema, como «Tristeza». Aunque para tristeza, la nuestra nada más salir de la sala.

  • La Raíz se despide de Barcelona, al grito de «Nos Volveremos a Ver»

    La Raíz se despide de Barcelona, al grito de «Nos Volveremos a Ver»

    Hay conciertos por los que merece la pena pegarte cientos de kilómetros. Hay conciertos por los que merece ir a lo loco, sin saber hasta última hora si vas  a entrar o no. Porque hay conciertos que saben a despedida y sabes a ciencia cierta que no se repetirán jamás. Da igual que sean en Madrid, Bilbao, Valencia o Barcelona. Como si hubiera sido otro país. Con esa sensación de melancolía, tristeza y ganas de disfrutar de uno de los últimos coletazos de La Raíz, nos plantamos el pasado 20 de octubre en el Palau Sant Jordi de Barcelona.

    Era la última cita en Cataluña. Y no estaban solos, porque la banda de rap Tribade los acompañaron, siendo las encargadas de abrir este espectáculo tan especial. Con una alta carga social, Bittah, Sombra Alor y Masiva Lulla, nos cantaron temas como «Hija de la luna», «Mujeres», «La Purga» o «Gaupasa». Gran descubrimiento el de la banda barcelonesa que, con su gran puesta en escena y su lucha, nos acabaron ganando por completo.

    Y, al fin, llegó el gran momento. Apenas pasaban las 10 de la noche, cuando los primeros acordes de «La Miseria de sus Crímenes» empezó a sonar y la voz de María Medina «La Morronga», recitó aquello de:

    «Quisiera saber por qué estoy
    en esta cárcel metido
    tratado como un bandido
    que no quiero ser ni soy».

    Emoción por las nubes, gritos y ganas de vivir una de las grandes despedidas de la banda. Uno a uno, los miembros de La Raíz comenzaron a salir sobre el escenario. Era el momento de «Entre Poetas y Presos». Los valencianos estaban por la labor de demostrarnos que «Así en el cielo como en la selva», siempre estaremos en «El lado de los rebeldes».

    Poco a poco, fueron llegando canciones. Con «Borracha y Callejera», dieron el pistoletazo de salida a «La voz del pueblo». Un pueblo que, incansable, no dejaba de cantar y que, inevitablemente, comenzó con los pogos justo cuando llegaba «Muérdeles». Intensidad que se acentuó cuando, convertidos en cazadores, atrapamos a todos los «Jilgueros» que, en esos momentos, nos acechaban a lo largo y ancho de esta «Selva Asesina».

    Momento de bajar de esa noria emocional, cuando llegó «El Tren Huracán», tema dedicado a El Cristo. Vecino de Gandía y amigo de la banda que falleció hace ya una década, «por querer llevar una vida muy parecida a la de muchos artistas».

    Y tras este merecido y emblemático homenaje, llegó el turno de hablar de «Nuestra Nación», la misma en la que siempre «Llueve en Semana Santa». Pero como todo, cada canción nos preparaba para la siguiente y las emociones siempre a flor de piel. «Por Favor» dio paso a uno de los temas más emocionantes. Con Sandra Monfort y su guitarra, llegaba el turno de «Suya mi Guerra», ese particular grito para recordar a los combatientes que cayeron en defensa de la República. También hubo tiempo para que desfilaran «El Circo de la Pena», «Elegiré» y «Radio Clandestina». Con un paréntesis muy especial, para tocar «L’Empordà», de Sopa de Cabra.

    Quedaba muy poco tiempo de concierto. Las primeras lágrimas comenzaban a asomar, aunque nada quitó las ganas de hacer el último pogo. Todos juntos en «La Hoguera de los Continentes», cantamos «El Mercurio» y alzamos aún más la voz en «Rueda la Corona», mientras nos resguardábamos a «La Sombra de la Sierra».

    Sin duda, fue una de las noches más emotivas que jamás habré vivido. Tiempo para cantar como si no hubiera un mañana, tiempo para echar los restos y tiempo para recordar, con emotividad, todo lo que La Raíz nos ha regalado como banda en estos 12 años de carrera. De hecho, el propio Pablo Sánchez fue quien recordó que, a pesar del parón, siempre seguirán siendo los mismos. Precisamente eso es lo que los hace únicos. Así que ojalá sí, ojalá eso de «Nos Volveremos A Ver».

     

  • The Prussians y su buena dosis de «Karma» incendiaron Madrid

    The Prussians y su buena dosis de «Karma» incendiaron Madrid

    Ese momento en el que descubres nuevas bandas en directo y, a pesar de no haberlas seguido desde hace tiempo o escucharlas desde siempre, eres capaz de disfrutar igual. Es lo que nos pasó el pasado 11 de octubre en Moby Dick Club. Era la gran noche de The Prussians. Y de Adam Giles Levy, encargado de hablar el concierto de los mallorquines. Ambos, presentaban en vivo, sus nuevos trabajos. La banda, presentaba «Karma». Y el artista británico, «Península».

    Adam Giles Levy tenía la gran tarea de abrir el concierto, un concierto al que la gente fue llegando poco a poco, enganchándose al artista británico. Él solo con su guitarra, acompañado tan solo por el batería Jack Usher. No necesitó más para adentrarnos por las luces, sombras y fantasmas («Ghosts») de su recién estrenado trabajo, «Península». Además, no faltaron temas de su anterior EP, «Unravelled». Nos faltó tiempo con él. Fue inevitable no adentrarnos en su mundo con él. Magia y efectos especiales fue lo que el artista consiguió transmitir durante su concierto. Dejando el listón muy alto, dieron paso a The Prussians.

    Con los mallorquines, la sala se estaba empezando a llenar. El calor y la energía se estaban empezando a notar y ellos ni siquiera habían empezado. Pronto, y una a una, fueron apareciendo los temas de este nuevo «Karma». Ni un alma («Soul») saldría con vida de allí. Nos dirigieron,, a todos, hombres y mujeres («Man & Woman»), a través de carreteras peligrosas («Dangerous Road»). El objetivo final era llegar al lugar («The Place») perfecto, al punto álgido de la noche. Ese punto en el que el mundo pareciera terminar («Worlds End»). Aún quedaba noche para que ese momento llegara y nos quedáramos completamente a solas («Alone»). Algo más de una hora de verdadero espectáculo, en el que The Prussians repartieron una buena dosis de «Karma» a todos los asistentes.

  • The Amsterdammers: cómo salvar y hacer vibrar a toda una sala

    The Amsterdammers: cómo salvar y hacer vibrar a toda una sala

    Si algo caracteriza a The Amsterdammers es su inconfundible estilo. Con sus estilismos y sus ritmos al más puro estilo «pop naif», encandilan a cualquiera. Además, si se muestran con la seguridad y comodidad con la que se mostraron el pasado 5 de octubre en la Moby Dick, todo adquiere una nueva perspectiva. Tras haber girado por multitud de salas, era hora de presentar de nuevo en la capital, «Things We All Should Know».

    Puntuales a las 21.30 horas, se encargaron de abrir Dharmacide, con su vibrante shoegaze. Con una energía muy característica, consiguieron que todos los asistentes que, poco a poco, iban llegando, entraran en calor. Trinta minutos que, perfectamente, podrían haberse convertido en sesenta o noventa. Sin duda, el de esta banda fue un gran descubrimiento.

    Ya pasadas las 22.00 horas, llegaba el gran ansiado turno de The Amsterdammers. Aunque el objetivo era presentar los temas de este último trabajo, no se dejaron tampoco de las canciones de su anterior trabajo, «Early Twenties». Ya desde el inicio se auguraba un buen espectáculo. Seguridad, conexión con el público, buenas energías y muchas, muchas ganas de pasarlo bien y darlo todo. La mención especial se la lleva, sin duda alguna, Santi Matín, teclista de la banda madrileña, que no dejó de bailar en ningún momento. Por estas cosas es por lo que merece la pena dedicarse a la música. Y es que, si el buen «feeling» sobre el escenario, se proyecta sobre el público, ya está todo conseguido. Suficiente, para hacernos sentir como en casa («Home»).

    Un concierto del que, de manera rotunda, salimos con un pensamiento claro: nosotros sí que queremos ser como The Amsterdammers, muy al contrario de lo que reza su canción, «Don’t Want To Be Like You». Y es que, como si fueran unos verdaderos «Superman», consiguieron rescatarnos a todos, haciéndonos olvidar todo lo que ocurría fuera de Moby Dick.

    Salimos con ganas de un segundo asalto de The Amsterdammers que, por lo pronto, tendrá lugar este sábado 20 de octubre en Basik Sessions.

  • Nadia Álvarez nos introduce en sus «Mundos Sutiles»

    Nadia Álvarez nos introduce en sus «Mundos Sutiles»

    Hace apenas unas semanas, veía la luz «Mundos Sutiles», nuevo álbum de Nadia Álvarez. Un disco especial que muestra a la Nadia más personal, a la vez que homenajea al gran Antonio Machado. Y, por supuesto, tenía que tener su respectiva presentación. Madrid, tuvo la primera toma de contacto con la artista leonesa, el pasado miércoles 3 de octubre. La Sala Galileo Galilei fue testigo de una noche muy emotiva, en la que Llorente fue el encargado de abrir el concierto.

    Llorente llegaba desde Zaragoza, preparado para presentar los temas de su nuevo álbum, «Gente Corriente». No faltaron temas como «Para no volverte a ver», «Corazón coraza» y, por supuesto, «La Camiseta del 92». Nos habría gustado disfrutar mucho más de su voz, porque tiene algo mágico en ella. Pero esa noche fue distinta, era el momento de Nadia Álvarez que, puntual, comenzaba en torno a las 22.00 horas.

    Nos encontrábamos en pleno «Estado de sitio». Y, ella, como si de un gran «Salto al vacío» se tratara, salía al escenario. Ya estaba preparada para presentar las nuevas canciones de «Mundos Sutiles», además de recordar las de su anterior trabajo. Desde el primer instante,nos atrapó, con esa combinación perfecta de voz dulce, timidez y seguridad constante. Hay personas con ángel y ella es un claro ejemplo de ello. Arropada por su banda, Daniel Campillo (batería), Ángel Herranz (bajo), Jesús Sangui (guitarra), Álex Larraga (teclados y acordeón). supo guiarnos con sutileza por todo su mundo. Aunque también dio pie a momentos más intimistas, en los que su voz y su guitarra eran los únicos protagonistas sobre el escenario.

    Con esa eterna sensibilidad que se intuye tras Nadia, justo en el momento en el que llegaba «Pequeños Infantes», no tembló al recordar esa ingenuidad y modo de ver la vida que tienen los niños. De ahí que invitara al escenario a los más pequeños de la sala. Probablemente, fuera uno de los momentos más emotivos del concierto, junto al nuevo tema que interpretó poco después con Llorente: «Una canción de despedida», que ni mucho menos lo fue, porque todavía quedaba tiempo de concierto.

    Ni «Cuatro Caminos», ni ningún camino bifurcado, pudo impedirnos el cantar con ella, canciones como «Mis Tormentas, Tus Dudas» o «Vuelve». Ahora sí que quedaba poco para que llegara el final. Y Nadia volvió para interpretar los dos últimos temas de la noche: «A veces» y «Todo Marcha Bien».

    Es curioso. Nadia consiguió que el concierto fuera realmente corto. Pero es que cuando a algo, le pones tanta emoción, todo es más fácil. Para ella y para la gente que, como yo, nos dejamos sorprender y terminamos embelesados entre el público.

  • La noche en la que la Sala Siroco aclamó a Dan Millson

    La noche en la que la Sala Siroco aclamó a Dan Millson

    Soy de las que piensa que la música es capaz de salvarte de cualquier situación negativa. Capaz de cambiarte el estado de ánimo en apenas dos segundos. Y toda la responsabilidad de ello, recae sobre los artistas. La música es energía, son vibraciones, que se trasladan desde el escenario al público. Si los músicos aman lo que hacen, ya no hay vuelta atrás. Estás inexorablemente atrapada por su magia.

    El pasado jueves 4 de octubre, hubo magia en Siroco. Magia de la de verdad. Llevo todo el fin de semana buscando las palabras exactas para explicar qué sucedió en los bajos de la mítica sala madrileña. Una búsqueda inútil, porque las sensaciones son imposibles de explicar. Solo quien estuvo es capaz de entenderlo. Era la primera vez que veíamos a Dan Millson con banda. Si ya de por sí, él solo llena auténticas salas con su voz y su guitarra, con la ayuda de David Adkinson, Carlos Bueno, Rafa Rivilla y Kike Parra se salió.

    Lo mejor de todo es que abriendo el concierto estuvo Eva McBel. Sin duda, uno de los grandes descubrimientos del año. Con su particular y rasgada voz, anticipó lo que estaba por llegar. La artista zaragozana llegaba a la sala para presentar sus temas y transmitir. Desde el primer acorde lo consiguió, callando así a todo el público. No faltaron temas como «Sunflowers», «Colors» o la particular cover de «Home», canción de Gabrielle Aplin.

    Finalmente, su nuevo single «The Clock», marcaba el final de su paso por Siroco. Llegaba el turno de Dan Millson y su banda. Salieron al escenario brillando con luz propia, para cantarnos temas como «Shine A Light». De nuevo, se volvió a hacer el silencio absoluto para escuchar a toda la banda, con la que los temas adquirieron una nueva dimensión y mucha más fuerza, si cabe. Aunque si bien es cierto que tampoco faltó tiempo para canciones más emotivas que, tenían mucho más sentido en acústico. Los pelos de punta cuando Dan, Eva y David re-interpretaron «Bruises» de Lewis Capaldi. Pero, sin duda, el momento más especial de la noche, llegó cuando Dan Millson bajó del escenario con su guitarra, para tocar, a coro con el público, «Palm Tree». En ese momento, las lágrimas brotaron a más de uno (yo incluida), sin poder hacer nada por impedirlo.

    No faltó ninguna de las canciones del artista. «Undress You Slow», «Wake Up». El final se acercaba. Pero no fuimos realmente conscientes de ello hasta que llegó «I Miss You My Friend». En realidad, podríamos haber vivido en un concierto eterno de Dan Millson. Llevaba tiempo sin vivir algo tan especial y emotivo. Y creo que tardaré bastante tiempo en superarlo.

  • Cuando Nathy Peluso eclipsó la sala The One de Alicante

    Cuando Nathy Peluso eclipsó la sala The One de Alicante

    Llegar al concierto de Nathy Peluso con la desconfianza de quien llega a un lugar por primera vez. O con el miedo de quien acaba de conocer a una persona. Pero salir de allí con una concepción completamente diferente a la que entraste. Esa es una cualidad que pocos artistas tienen. Y ella la cumple con creces.

    Nathy Peluso y la banda de hip hop, Big Menu, se salieron por completo. Sin embargo, el comienzo fue un tanto agridulce. Demasiado tiempo esperando a que abrieran las puertas de la sala The One y demasiado tiempo a que la artista saliera al escenario. Al final, nos dieron en torno de las 11 de la noche. Pero la espera mereció la pena, todo hay que decirlo.

    «La Sandunguera» no dudó ni un momento en cantar algunas de sus canciones más icónicas, como la que da nombre al disco, como «Gimme Some Pizza», «Corashe» (uno de los momentos álgidos de la noche por parte del público), «Estoy Triste» o «La Passione», entre muchas otras. Con su sola presencia y sus coreografías, bastaba. Ella sola podía levantar a toda la sala que, de tanto en tanto, coreaba su nombre.

    En un momento, parecía que la argentina había terminado su show. Desapareció del escenario, mientras Big Menu permanecieron, continuando con la música y marcándose unos buenos solos. Pero, de repente, Nathy Peluso reapareció, bailando, para seguir con el espectáculo. Momento de micro-infarto cuando, en medio de su coreografía, la artista cayó al suelo. Pero, por fortuna, todo pareció formar parte de su espectacular performance.

    Finalmente, agradecida con su público, con su gente, actuó durante algo más de hora, dejando a todos los asistentes con muy buen sabor de boca. Artista de los pies a la cabeza a la que hay que seguir la pista muy de cerca. Por el momento, los pasos más inminentes de Nathy Peluso, suponen pasar por ciudades como Valladolid o Bilbao.

  • En imágenes: Corinne Bailey Rae en Noches del Botánico

    En imágenes: Corinne Bailey Rae en Noches del Botánico

    Hay canciones que te llegan directas al alma desde bien pequeña. Hay canciones que te persiguen de por vida, independientemente del tiempo que lleves sin escucharlas. Hay canciones que te evocan a personas. Personas que, de una manera u otra, son importantes. Con esa sensación, llegué el pasado viernes 6 de julio al concierto de Corinne Bailey Rae. Un espectáculo, enmarcado dentro del circuito Noches del Botánico.

    Jamás me hubiera imaginado poder asistir y menos acreditada. Aunque la emoción por ver a Corinne era más que latente, llegué justo a tiempo para ver algunos de los temas de la tesonera, que bien podría haber sido también cabeza de cartel. Era Rhonda Ross, la hija de la reconocida Diana Ross. Aunque la saga Ross prevalece, tanto madre como hija, tienen méritos más que merecidos.

    Si bien es cierto que a Rhonda no la había escuchado previamente. Pero su sola presencia, su voz y su simpatía, valieron por mil. Acompañada por su banda, entre los que se encontraba su marido, tampoco estuvo sola, ya que su hijo también hizo acto de presencia sobre el escenario, en más de una ocasión.
    Lo que más largo se hizo fue la espera entre una artista y otra. Durante más de media hora estuvimos esperando a la gran Corinne. Hasta que, por fin, logramos acceder al foso. Desde el minuto cero, Bailey Rae consiguió captar nuestra atención, no solo por su voz. También por sus gestos, por esa facilidad para moverse sobre el escenario y por esa eterna sonrisa. La artista y compositora inglesa recorrió gran parte de su repertorio, en especial, el de su último trabajo, «The Heart Speaks in Whispers». Aunque, por supuesto, también hubo tiempo para recordar sus grandes éxitos. Fue entonces cuando el público, tras todo el concierto sentado, se alzó para cantar himnos como «Put Your Records On», «Like a Star» o «Trouble Sleeping», entre muchos otros.

     

    Hay canciones que te llegan directas al alma desde bien pequeña. Hay canciones que te persiguen de por vida, independientemente del tiempo que lleves sin escucharlas. Hay canciones que te evocan a personas. Personas que, de una manera u otra, son importantes. Con esa sensación, salí del concierto. Y con mucho, mucho agradecimiento.

  • La gran fiesta de la música tiene nombre de emisora: Soy ALT

    La gran fiesta de la música tiene nombre de emisora: Soy ALT

    Soy de las que piensa que los aniversarios hay que celebrarlos. Cumplir años siempre tiene una parte de emoción y de magia. Da igual cómo y dónde. Lo que importa es con quién. El caso de Soy ALT no iba a ser diferente. Y más siendo la radio que, por excelencia, apuesta por el talento emergente. Perderse esta celebración, habría sido sinónimo de perderse una de las grandes fiestas de la música.

    El segundo aniversario de Soy ALT

    Con motivo del segundo aniversario de Soy ALT, la emisora celebró el miércoles pasado, una gran fiesta en la mítica sala El Sol de Madrid. Por supuesto, no faltó la música en directo. Dan Millson fue el encargado de abrir el evento. El artista nos mostró, como un destello, todos sus temas. Desde «Palm Tree», «I Miss You My Friend» o «Undress You Slow», hasta la reciente «Shine A Light». Cortísimo se nos hizo su actuación, será por esa magia que desprende o por todo lo que nos gusta su música. Pero siempre quedamos con ganas de más.

    Aunque muy seguidamente, llegaron los conquenses Fizzy Soup. Banda que se incorporó al cartel la misma semana del evento. Javier Navarro, de Soy ALT, fue el encargado de entrevistarlos brevemente, antes de que comenzaran a tocar. Estaba teniendo lugar el primer podcast de la noche, de «En El Disparadero». Tras este pequeño «break», comenzó la actuación de la banda que, en un punto, se atrevió a bajar del escenario, completamente desenchufados y en «acustiquísimo».

    Con el dinamismo que caracteriza los programas de radio, pero con la magia que solo te dan los conciertos, la noche fue avanzando. Y la gran sorpresa se acercaba. Tras tantear un poco al público, la gran pregunta: «¿quién es el artista sorpresa de esta noche?». Estaba ya bastante claro: Borja de Modelo de Respuesta Polar. Con una sencillez abrumadora, salió el vocalista con su guitarra. Y sentado en una silla, fue desgranando una a una, las canciones de su nuevo trabajo, «Más Movimientos».

    Justo antes de que saltaran Veintiuno al escenario, Criado El Enterado se subió a la tarima para leer un pequeño discurso sobre estos dos años de vida de la emisora. Era el momento emotivo de la noche, que culminó con el gran show de los de Toledo. Aunque «El Desfile» y «Dopamina» eran dos de las canciones que se esperaban con más ansias, no se olvidaron de otros hits como «Llama y Gasolina», «El Apetito» o «Los Santos Imprudentes», entre otras.  Además, entre canción y canción, avanzaron que su nuevo trabajo vería la luz en septiembre, bajo el nombre de «Gourmet».

    Sin duda, fue una noche especial. Así que lo único que nos queda es brindar por más aniversarios.

  • En imágenes: Love Of Lesbian en el Teatro Circo Price

    En imágenes: Love Of Lesbian en el Teatro Circo Price

    Hay conciertos que te llegan al alma, que te traspasan y te emocionan hasta llorar. Con Love Of Lesbian esa sensación es continuo. Y no solo porque sea mi grupos favorito, si no porque tienen esa gran capacidad. Quizás eso solo te lo da la experiencia y los 20 años de carrera. Este aniversario era demasiado especial como para perdérselo. Tres fechas en el Circo Price con invitados de honor: Leiva, Amaia, Arkano, Zahara y Rayden.

    Con la emoción de quien ve de nuevo a su banda, llegamos al Teatro Circo Price casi a las 16.00 horas. Pensar que el foso nos esperaba durante los tres primeros temas, nos abrumaba. Pero todo pasó cuando, una vez allí, vimos como entre gritos, la banda atravesaba la sala y subía al escenario, para hacer compañía a Julián Saldarriaga. Los primeros acordes de «Carta a todas tus catástrofes» empezaron a sonar y el público ovacionó. El espectáculo estaba servido.

    Era sábado 30 de junio. Por la tarde. En más de una ocasión, Santi Balmes estuvo tentado a decir: «Buenas noches, Madrid». Pero no. Ese concierto era único y especial. Entre risas, el vocalista recordaba cómo durante sus primeros años de carrera, tocaron en más de un festival a esas horas. ¡Y mira dos décadas después! Entre «Maniobras de escapismo», eludió cualquier tipo de réplica. Juntos, fueron capaces de convertir las «Noches Reversibles» en tardes. Todo en el preciso momento. Todo «Cuando no me ves».

    En realidad, estábamos a la expectativa de que las grandes sorpresas fueran apareciendo una a una. La primera de ellas fue el músico David Soler, con «Domingo Astromántico» y «Música de Ascensores». Entonces sí. El momento se tornó más mágico, cuando a mitad de «Universos Infinitos», apareció de la nada el gran Arkano para dejarnos anonadados con su rap. Aplausos, gritos y ovación.

    Cambiamos de tornas. Cambiamos «el poblado de modernidad» en el que se transformó Barcelona, por la ciudad de Madrid. Llegaba el gran momento de «Contraespionaje», uno de los temas más reconocidos de este último trabajo. Uno de los que más directamente llegan al corazón. Y llegó con la clara intención de transformar ese día en «La noche eterna». Una noche en la que experimenté, sin lugar a dudas, «Mi primera combustión». Demasiada emoción acumulada, demasiadas lágrimas contenidas. Lágrimas que explotaron y llegaron a su nivel más alto, cuando Amaia Romero hizo aparición sobre el escenario. ¿Su lugar? El piano. ¿Su canción? «Allí donde solíamos gritar». Emociones que siguieron su transcurso cuando, después de esta mágica colaboración, llegó «1999».

    Menos mal que, rápidamente, nos transportaron a la mismísima «Belice». Aunque el gran momento, el gran «Manifiesto Delirista», llegó cuando Leiva apareció nuevamente en el teatro. Y es que justo decidió repetir en el aniversario de Love Of Lesbian, la noche anterior, en torno a las 3 de la madrugada.

    Todavía quedaban himnos por cantar. Símbolo de ello, fue «Club de Fans de John Boy». Un momento realmente «fantástico» que, evidentemente, dio paso a «Los Toros de la Wii». Parecía que todo había acabado de esta gran manera. Pero no. Porque al grito de «otra», los catalanes re-aparecieron en el escenario. Era el turno de «Incendios de Nieve y Calor». Unos incendios que nos hicieron escondernos temporalmente «Bajo el Volcán». Por fortuna, el «Planeador» llegó en el momento más inoportuno, para rescatarnos de esa caótica situación. Lo único negativo es que no habríamos salido jamás de ese «segundo asalto». Me habría quedado a vivir en un concierto continuo de Love Of Lesbian.

  • En imágenes: Artabe cierra gira en Costello Club (Madrid)

    En imágenes: Artabe cierra gira en Costello Club (Madrid)

    Era una noche mágica. Tras dos años girando con su «Punto Cero», era el momento de que Artabe se despidiera de este disco. Un disco que ha marcado un antes y un después, tanto a nivel personal como profesional.

    Era viernes 29 de junio y la Costello se preparaba para esta gran despedida. Artabe no estaría solo. Abriendo su concierto, estaría la solista – y también teclista de su proyecto -, Irene Novoa. Con ese toque folk tan particular, la artista madrileña sorprendió a la sala con su actuación. No solo se atrevió a tocar el teclado o el bajo, también interpretó con gran destreza, varios de sus temas en diversos idiomas. Sin duda alguna, fue una grata sorpresa descubrir el talento de la artista que, acompañada por Epi Pacheco, se supo mover con destreza sobre el escenario durante sus 30 minutos de concierto.

    Tras el show de Novoa, hubo que esperar unos minutos hasta hacer el cambio. Minutos que se hicieron eternos, hasta que comenzaron a sonar los primeros acordes de «Punto Cero». No había más opción que empezar con esa canción. Era la mejor manera de hacer honor al disco con el que Artabe ha estado girando durante tanto tiempo. Tras ella, hubo tiempo para la «Alga Colorida» y «Borra tus huellas». La magia estaba en el ambiente, podríamos haber sido capaces de perdernos. Pero para nuestra fortuna, «Mi estrella» estaba para guiarnos. También podríamos habernos ahogado. Pero llegó el turno entonces de «No era pez pero ahora sé nadar». La gente estaba disfrutando del momento y aquello era más que suficiente. Aunque justo en ese preciso momento, Artabe quiso hacer un alto en el camino, para hacer dos versiones entre tema y tema propio. Primero llegó «Plantita de alelí», una canción típica del folklore argentino, que cantaba el pueblo en época de siembra. Y seguidamente, el cantautor gallego interpretó «Sound & Vision», mítico tema de David Bowie que lo ha acompañado estos dos años.

    Todavía quedaba un buen rato de concierto. Llegaba el ansiado turno de «Átomos», canción a la que Artabe tiene especial cariño. Y canción que re-grabó hace apenas unas semanas durante su visita a Berlín. Por supuesto, también hubo hueco para «Nuruddin» o «Saliha». E incluso para demostrar que cualquiera sería capaz de mantenerse «A mi lado», «Si tu mirada dirigieras» hacia mí.

    Tras todo este extenso recorrido, con «Vacíame», Artabe puso punto y final al concierto. Aunque para vacíos, ya estábamos nosotros, al haber conseguido soltar toda nuestras malas energías en Costello.

  • En fotos: Vetusta Morla en la explanada de la Caja Mágica en Madrid

    En fotos: Vetusta Morla en la explanada de la Caja Mágica en Madrid

    [vc_row][vc_column][vc_video link=»https://youtu.be/6QpBXr-QtZY»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Era el concierto más multitudinario jamás recordado por una banda española. Aún así, les ha costado conseguir el reconocimiento que se merecían. Durante el concierto, ellos mismos lo llegaron a reconocer. Veinte años de trabajo y, por fin, 38.000 personas reunidas en un mismo recinto, solo para verlos a ellos. Sí, son Vetusta Morla.

    Parecía fruto del azar. Pero no. No era casualidad que eligieran la noche más larga del año. Ni que escogieran el «23 de Junio» como fecha para actuar. Era el día justo. El día perfecto para quemar todas las malas energías en su improvisada hoguera de San Juan. Por primera vez, no importaba que no estuviéramos en la playa. O que no pudiéramos preparar la tradicional «queimada». Bastaba con verlos actuar. Bastaba con brindar con ellos y celebrar la música.

    Eligieron a Jacobo Serra como telonero y no fallaron. Durante 45 minutos, el artista manchego supo hacer entrar en calor al público. Público que, aunque llegó a cuentagotas, ya comenzaba a agolparse en las primeras filas. Tras la presentación de su trabajo, «Fuego Artificial», dio paso a la banda de la noche.

    Era la hora de Vetusta Morla. «Mismo Sitio, Distinto Lugar» fue la canción con la que abrieron. Y no pudieron  elegir mejor. Es el tema que da nombre a su reciente trabajo. Trabajo que tuvo gran importancia durante el concierto. Poco a poco, fueron llegando «El Discurso del Rey», «Palmeras en la Mancha», «Guerra Civil», «La Vieja Escuela» o «Te lo digo a ti».

    Aunque si bien es cierto que tampoco faltaron grandes himnos de la banda, como «Golpe Maestro», «Cuarteles de Invierno», «Copenhague», «La Deriva», «Mapas», «Sálvese Quien Pueda» o «Maldita Dulzura». Aunque para dulzura, la de Vetusta Morla. Entre canción y canción, nos hicieron brindar. Nos hicieron saltar. Nos hicieron cantar. Y nos hicieron bailar. Dieron un verdadero espectáculo, que duró más de dos horas. Que parecía que iba a terminar como una auténtica «Fiesta Mayor», sin saber que aún quedaban tres de los mejores temas de su repertorio. El «Consejo de Sabios» aún se reunió por última vez, para advertirnos de que «El Hombre del Saco» suele aparecer en «Los Días Raros». Días bastante diferentes al de aquel «23 de Junio».

    El concierto de los chicos de Tres Cantos, fue maravilloso. Épico. Jamás hemos visto nada igual y, probablemente, tardemos mucho tiempo en volver a ver algo de tal magnitud. Eso sí, esperamos que en futuras ocasiones, la salida de 38.0000 personas esté mucho más controlada. Y, a ser posible, que pudiera haber una zona habilitada para la prensa.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_gallery interval=»3″ images=»8107,8113,8106,8112,8105,8110,8108,8104,8103″ img_size=»large»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_text_separator title=»Marta Jiménez» i_icon_fontawesome=»fa fa-camera» i_color=»black» i_size=»sm» color=»white» add_icon=»true»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text][/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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