Categoría: Crónicas

  • Perdiendo el norte

    Perdiendo el norte

    perdiendo el norte

    Hugo (Yon González) y Braulio (Julián López) son dos jóvenes españoles con carrera universitaria y brillante futuro en Ciencias Económicas y Biología, respectivamente. Pero en España no. Ante la falta de posibilidades en su país, los dos amigos deciden emigrar a Alemania, con la esperanza de encontrar un puesto de trabajo cualificado. Y lo encuentran, pero no donde ellos desean. «Pronto descubrirán que sobrar en un sitio no significa ser necesario en otro y que perseguir el sueño alemán puede tener mucho de pesadilla».

    Una película inspirada en miles de historias que actualmente, se repiten día sí y día también. Nacho G. Velilla consigue hacer de una situación complicada para los jóvenes españoles, una comedia con «puntazos». Momentos de risas los de Julián López esforzándose en hablar alemán, Younes Bachir tratando de enseñarle o Miki Esparbé, en el papel de hermano «porrero». Buena actuación de Yon González, que es mejor actor de lo que inicialmente creía. Úrsula Corberó y Blanca Suárez no son actrices que me gusten especialmente. De hecho, en «Física o Química» y «El Barco» dejaban bastante que desear, para mi gusto. Sin embargo, en «Perdiendo el norte» se marcan una buena interpretación. Lo cierto es que los papeles de niña pija y niña borde, los hacen bien. Malena Alterio, Carmen Machi, José Sacristán y Javier Cámara en su línea.

    Divertida, bastante fiel a la situación actual española, pero con un final amoroso bastante predecible, como la gran mayoría de comedias románticas. «Perdiendo el norte» es ya una de las películas más taquilleras de este 2015, comparándose así a lo que fue «Ocho apellidos vascos» en 2014. Volvería a ver la cinta de Velilla varias veces, pero no pagaría de nuevo la entrada del cine. Todo lo contrario a lo que me pasó con el film de Emilio Martínez – Lázaro, que me pareció genial en todos los sentidos. O al menos en casi todos.


    https://www.youtube.com/watch?v=CTumTrI07oU

  • Vacío cuántico

    Vacío cuántico

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    «La Sala Stereo está más llena que hace dos años. Parece que estamos haciendo algo bien», dijo Alberto en un momento de la noche. No es para menos. Después de que el tercer trabajo de Versos Rotos viera la luz, era momento de presentarlo. Vacío Cuántico nacía tras meses de preparación y varios días de exilio en los estudios Neo Music Box de Aranda del Duero. Un EP que hace vibrar, no solo por los temas en sí, también por lo que Alberto, Tomás, Jordi y Juan trasmiten mientras interpretan sus canciones. Canciones que se convierten en nuestras, una vez nos dejamos llevar y empezamos a saltar. O a movernos levemente, como «el que no quiere la cosa».

    Hace unos meses pude hablar con Versos Rotos. Una entrevista que nos llevó más de una hora sentados en el césped de la universidad, y que no me dejó indifirente. Una amistad de toda la vida y un hobby que se ha convertido en «algo» más serio. Se puede decir que Jordi, Juan, Tomás y Alberto han crecido con Versos Rotos, y viceversa. Han evolucionado y madurado juntos. Y ahí siguen: luchando para que su sueño, el que empezó en el instituto o quizás antes, se convierta en una realidad. La clave está en no rendirse, porque al fin y al cabo, la vida no está hecha para los que quieren ir demasiado rápido.

    Solo por ver cómo viven la música, merece la pena verlos. La suerte y el éxito no vienen por arte de magia, siempre hay que salir a por ellos. Pero no hay nada mejor que disfrutar mientras buscas tu lugar en el mundo.

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    «Es una energía vital la que nos hace sentir, la que nos hace soñar»


  • Pago Justo

    Pago Justo

    Año 1968, Dagenham (Inglaterra). 187 mujeres trabajando en la planta de Ford de la ciudad británica, por un salario ínfimo en comparación a los 55.000 hombres del taller. Rita O’Grady y el resto de costureras de la empresa automovilística, se unen en pro de la igualdad salarial y social, inexistente en ese «mundo de hombres». Un parón de 24 horas que se transforma en una huelga de 3 semanas, y que provoca la desestabilización de toda una empresa. Con el delegado sindical y la secretaria de trabajo de su lado, las mujeres siguen adelante sin ser conscientes de todo lo que podrían llegar a conseguir. Gracias a su labor, el gobierno británico aprobó en el año 1970, la Equal Pay Act.

    Un compromiso con la igualdad, que en la película va más allá del enfrentamiento con las instituciones parlamentarias británicas. La huelga de las trabajadoras de Ford no solo causó rencillas con la empresa automovilística y el gobierno, que no concebían una profesionalización del trabajo de las mujeres. La misma protagonista se enfrenta a su marido, que en un momento dado le echa en cara que nunca se ha portado mal con ella. «Ahora eres un santo, ¿es lo que me estás diciendo, Eddie?, ¿eres un maldito santo porque no has abusado de nosotros? ¡Esto es como debe de ser! ¿De qué crees que va toda esta maldita huelga? De hecho tienes razón, no eres un borracho, no eres jugador, te ocupas de los niños, no nos pegas a ninguno. ¡Oh, qué suerte tengo!, ¡por el amor de Dios, así es como debe de ser! Intenta entender eso. Son derechos, no privilegios».

    En la misma línea, está el discurso final de Rita O’Grady ante los delegados de los Sindicatos de Trabajadores. «Estamos juntos en esto, hombres y mujeres. No estamos divididos por sexos. Sino por aquellos que están dispuestos a aceptar la injusticia. No es un privilegio el que las mujeres podamos aspirar a tener los mismos derechos que los hombres, es una cuestión de principios y justicia».

    Una lucha contra el machismo y la desigualdad, comparable a la batalla librada por las sufragistas. Una lucha que hoy continúa, aunque de manera más sutil.


    http://www.youtube.com/watch?v=DZ509hHkHO8

  • Fran Cazorla y su Reloj

    Fran Cazorla y su Reloj

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    “Cuando el azar juega haciendo que un objeto del pasado llegue a manos de alguien, es porque el destino tiene algún plan. Cuando Mary tropezó con aquel reloj, lo primero que vio fue el regalo perfecto para su marido. Un reloj que les llevará a intentar resolver un misterio oculto tras el paso de los años, y convertirá su presente en algo que no podían haber imaginado”.

    Los libros de misterio, intriga y casos sin resolver siempre me han fascinado. Quizás por eso, desde que llegó a mis manos esta obra, me llamó la atención ese breve resumen de la contraportada. Comencé a leer con curiosidad. He de reconocer que me costó engancharme, tal vez por el estilo, que me recordaba más al lenguaje conversacional que al literario. Pero la historia y la trama me llamaban especialmente la atención. De hecho, el final me encantó. Ni mi mala costumbre de leer la última página del libro antes de tiempo, me quitó la sorpresa al acabar la novela.

    Ser conciso, ir directo al grano y evitar los rodeos son tres aspectos que valoro mucho a la hora de elegir libro. Pero sin pasarse. Hay lugares, sensaciones, objetos que merecen ser explicados al detalle. En El reloj me he encontrado con ambas cosas. La aparición del reloj en las vidas de Mary y Andrés o el inicio de su viaje son dos cuestiones que se han resuelto con la agilidad necesaria. Y eso me gusta. Sin embargo, la brevedad de la novela me ha dejado con ganas de más. Todavía tengo incógnitas en mi cabeza, que de haber tenido más páginas por leer, seguro que habría resuelto. ¿Qué es realmente esa muñeca?, ¿qué hay del pintor?, ¿qué ocurre realmente con la familia? El misterio que envuelve la obra merece ser explicado largo y tendido. El aspecto positivo es que las fotografías de los lugares y los objetos que se encuentran los personajes, refuerzan la obra y ayudan mucho a situarse.

    Detrás de cada novela, de cada obra, hay una labor inmensa que hay que reconocer. La opinión del público es importante. Pero la satisfacción con uno mismo por el trabajo bien hecho también lo es. Espero tener la oportunidad de volver a leer a Fran Cazorla, porque la verdad es que El reloj me ha sorprendido gratamente.


    «Adquirir el hábito de la lectura es construirse un refugio contra casi todas las miserias de la vida» (William. S. Maugham)

     

  • El humor absurdo de Sólala

    El humor absurdo de Sólala

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    Lea donde lea, de Sólala se dice que tiene un argumento difícil de explicar. Y así es: sencillamente hay que verla. Si bien es cierto que parte de una historia central: una mujer, que en plena posguerra, debe sacar a sus quintillizos adelante. Con un marido en el Frente y un casero acosador, debe ver cómo va perdiendo a todas y cada una de las personas que la rodean. Todo lo demás, es puro espectáculo: magia, sombras y flamenco. “Por encima de la historia, está la actriz y su punto de vista. Esta es una de las bazas de tanta risa: la búsqueda incesante de querer hacerlo bien, con ciertas limitaciones”, cuenta la intérprete Cristina Medina.

    Sola ante el público

    Con Conversaciones con mamá decía que no hacían falta miles de actores para llenar un teatro. Sólala lo vuelve a demostrar. Una Cristina Medina se come el escenario desde el minuto 0, con su particular número de flamenco. La fórmula maestra: la naturalidad y la sencillez. “La primera foto en un escenario, la tengo con 3 años. Pero mis inicios como actriz se remontan a 1992, en un programa de televisión en Canal Sur”, cuenta Cristina Medina. “Es una profesión que amo por encima de todo y que me enriquece muchísimo a nivel personal. La ilusión por estar delante de un público es una necesidad para mí”, añade. Pero, ¿qué se siente realmente al no tener a nadie más en el escenario? Sin duda alguna, sacar adelante un espectáculo de humor, sin el apoyo y respaldo de otros actores es un tarea muy complicada. “Estar sola en un escenario te obliga a encontrar recursos sobre ti misma, y eso hace que evoluciones –permíteme la expresión- por cojones. Si no, te vas al garete”.

    El reestreno de Sólala

    Sólala se estrenó en el año 2004, cosechando un éxito rotundo nacional e internacionalmente. La aceptación y las buenas críticas, han hecho que Cristina Medina y su equipo regresen a los escenarios para reestrenarla. Y Sólala ha vuelto con una novedad: la música en directo del pianista Mariano Marín. La propia actriz habla sobre el músico de manera muy positiva: “Es un gran artista y compositor, además de ser alguien con quien me entiendo a la perfección. Estoy feliz de trabajar con él”. ¿Y qué aporta la música en directo a la obra de teatro?  “Al tratarse, en parte, de un melodrama en clave muda, tener a un pianista siguiendo al personaje es magnífico”, explica Cristina.

    El nacimiento de Pez en Raya

    Bajo la firma de Pez en Raya, surge Sólala. Esta compañía de teatro fue creada por la propia Cristina Medina y su compañero de escenario Joan Estrader, hace más de 15 años. Pero, ¿por qué? “Sentía una necesidad de investigar mi propio lenguaje encima del escenario y de aprender todo lo que tiene que ver con hacer un espectáculo. No sólo quería ser actriz, también quería crear mis propias historias”, explica la sevillana. El estilo de Pez en Raya es peculiar. Huyen de los dramas y de las críticas sociales, para hacer reír, con un humor totalmente absurdo, que puede o no entenderse. “Desde nuestros inicios, siempre hemos tenido muy buena acogida por parte del público”, cuenta la artista. “Las carcajadas y el asombro por la energía con la que trabajamos son las reacciones más comunes. Realmente, para nosotros es muy importante la complicidad con el espectador: siempre tratamos de enseñar el placer de estar con ellos”, comenta.

    La magia del teatro

    A nivel nacional, Cristina Medina es conocida como Nines Chacón. Sin embargo, el teatro forma parte de la actriz desde hace mucho más tiempo que la televisión. “Es especial. Tienes al público delante, percibes en todo momento sus reacciones, y además tú eres la responsable de lo que les ocurre. A mi esa responsabilidad me gusta, me aporta muchísima energía y me gratifica cuando los oigo partirse la caja”, narra la intérprete. Una actriz y una obra que no tienen desperdicio.

  • Los ojos de la muerte

    Los ojos de la muerte

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    Nunca he publicado en el blog una reseña literaria. Pero nunca es tarde para ello. Por eso, cuando la escritora Cristina Argibay contactó conmigo, no pude negarme a leer su obra y hablar sobre ella. Los ojos de la muerte es una novela negra con ciertos tintes de miedo psicológico. Tal como la resume la propia autora en su página web:

    «Edgar Mora es un estudiante de medicina que, después de haber muerto su madre, vuelve a encontrarse con su padre, recordando momentos del pasado que deberían de haberse quedado atrás.

    En el pueblo en el que pasó su infancia empieza el progreso de Edgar, que nos explicará en primera persona, todos los acontecimientos que le rodearán hasta llegar a descubrir la verdad, su verdad y la de su familia. En este trayecto le acompañarán diferentes personajes, como la seductora Rebeca que le llevará directamente a “la boca del lobo” o la dulce Daniela, que intentará ayudarle a escapar de aquel infierno».

    Siempre que analizo algún libro o película, intento extraer de ellos la parte más humana, la más personal. ¿Cómo reaccionaríamos si estuviéramos en el lugar de los personajes? Varios aspectos me han llamado la atención de esta obra. Los ojos de la muerte, pone en evidencia el miedo irracional que tenemos los humanos a esos fantasmas del pasado que nos atormentan, pero que siempre acabamos desenterrando. Con regularidad, también nos aferramos al pasado como un clavo ardiendo: revivimos una y otra vez situaciones que, para bien o para mal, nos han marcado y nos han definido como personas. En el caso de Edgar Mora, es la fascinación por las tétricas pinturas de Chronos, que absorben toda su atención desde que era un niño pequeño. Pero, ¿por qué esa obsesión? He aquí la verdadera esencia de la novela: el amor por el arte va más allá de lo artístico. El pasado familiar de la familia Mora se destapa a lo largo de la historia, descubriendo así dónde reside la fuente real de resentimiento, frialdad, locura e incluso enfermedad.

    ¿Y qué es lo que he echado de menos? Me ha faltado profundizar más en la mente y personalidad de los personajes. El ritmo frenético de la obra hace que los sucesos ocurran rápidamente. De tanto en tanto, se necesita alguna pausa y alguna explicación más amplia. De cualquier manera, es una novela muy sencilla de leer: está escrita con un lenguaje claro y conciso. Sin duda, la recomiendo. Espero leer más obras de esta autora gallega: Cristina Argibay (@cristinargou).

  • Un blanco y negro, por favor

    Un blanco y negro, por favor

    Llegar un martes a la universidad, saber que vas a dar 4 horas de castellano y pensar: «Esto va a ser horrible»; y más cuando te enteras de que van a poner una película en blanco y negro. Sin embargo, al final descubres que 12 hombres sin piedad es una gran obra.

    Pongámonos en situación: un juicio por homicidio. Doce hombres han de determinar la inocencia o culpabilidad de un joven, acusado de asesinar a su padre. Las pruebas son muy evidentes: el chico es culpable. Por este motivo, once de los doce hombres del jurado quieren llevarlo a la silla eléctrica. Pero, ¿de verdad las pruebas están tan claras? Para el miembro número ocho (Henry Fonda), no. En ningún momento dice estar seguro de la inocencia del joven, pero sí que demuestra su capacidad de análisis.  

    Esta película es un claro ejemplo de la debilidad de la mente humana. Debilidad porque en muchas ocasiones, dejamos que ciertos acontecimientos de nuestra vida nos inunden mientras llevamos a cabo otras tareas. Por ejemplificar: a uno de los miembros del jurado, la falta de su hijo durante los dos últimos años, no le permite ver con claridad los razonamientos de los demás. De ahí, la mentalidad cerrada que muestra durante todo el largometraje.
    También es reconocible la facilidad que toda persona tiene, de ser influenciada. De ahí, que muchos de los miembros del jurado cambien tanto de opinión. Al fin y al cabo, solo uno de ellos se mantiene firme en su postura.
    Por último, es importante destacar la cantidad de prejuicios humanos. Varios de los integrantes del jurado, sin saber realmente si el acusado es inocente o culpable, lo consideran agresivo e incluso mala persona.
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    «Si no cree al muchacho, ¿por qué cree a la mujer? Son los dos de la misma calaña».

  • La Bella y la Bestia

    La Bella y la Bestia

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    Hace unas semanas, escribía: “no se necesitan muchos actores para llenar el escenario, ni una historia muy elaborada para ocupar todas las butacas”. Hoy, puedo añadir que tampoco hace falta que los artistas sean unos expertos para que aplauda hasta no notarme las manos. Nunca hay que subestimar a nadie, ni siquiera al más pequeño de la casa, porque nunca sabes hasta qué punto te sorprenderá.

    Un cuento infantil, llevado a la animación, y por supuesto, al teatro. ¿Qué obra es, si no La Bella y la Bestia? Habrá sido representada infinitas veces, pero ninguna de ellas es igual a la anterior. Desde el sábado 14 de junio, Monóvar tiene su propia versión.

    Cualquier buen resultado, conlleva un gran trabajo y una gran responsabilidad. Ocho meses se dice rápido. Pero es mucho tiempo. Tiempo que pasa en un abrir y cerrar de ojos. En realidad, han sido ocho meses con decorados y trajes hechos a mano, con un grupo grande de niños a los que coordinar, con guiones que memorizar, y partituras y canciones que aprender. Después de tantos días de espera, había bastantes expectativas y muchas miradas puestas en el musical: desde los familiares y amigos, hasta los propios artistas. Sin olvidarnos de los más pequeños, que ya venían preparados de casa.

    ¿Y qué sería de La Bella y la Bestia sin música? Yo reconozco que tengo muy poco oído musical. Nunca lo he tenido. Pero sí que me he dado cuenta de una cosa, y es que los directos desprenden una magia de la que solo se puede disfrutar una única vez. Habría sido mucho más fácil buscar la banda sonora de la obra en internet, reproducirla el día de la actuación y cantarla, pero sinceramente tiene más mérito que La Artística de Monóvar acompañara a los actores en el escenario. Ese toque tan personal, hizo que esta versión fuera especial.

    Lo bueno de cada función teatral es que es única e irrepetible. Precisamente por eso, se disfruta más. Por mucho que veas una obra, cada vez te transmitirá sensaciones diferentes. Gracias al mundo de la interpretación, ves cómo personas a las que conoces de puertas para afuera, se convierten en otras con solo pisar el escenario. Es entonces cuando te das cuenta de que tus hijos, hermanos, primos y amigos son ahora Bella, Bestia, Gastón, Lefou, Maurice, Ding Dong o Lumière. Quizás solo sea el hechizo de la anciana mendiga, que llega a todos los rincones del teatro y transforma a todos y cada uno de los artistas.

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  • Conversaciones con mamá

    Conversaciones con mamá

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    Arthur Miller decía: “El teatro no puede desaparecer porque es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma”. Conversaciones con mamá es un claro ejemplo de ello. Es una obra tan real como magnífica. Los problemas que asolan a nuestra sociedad van desde el trabajo, la crisis y el dinero hasta el amor, pasando por el egoísmo y el orgullo. Y así lo muestran Jaime y su madre. Él está ahogado en un mar de conflictos económicos y personales; y ella, con tranquilidad y buen humor, vive en un mundo donde las penurias ya han quedado atrás. Durante hora y media mantienen una larga charla, en la que rescatan recuerdos y secretos guardados bajo llave. Filosofan, hablan de la vida, dejan de lado la típicas conversaciones telefónicas madre-hijo, que se hacen por cortesía…Esta obra, muestra el valor real de los padres, en especial el de las madres. ¿Qué haríamos sin ellas?

    Gran error sería juzgar esta historia sin ni siquiera verla. Puede resultar tedioso ver cómo dos personajes simplemente conversan entre ellos durante una hora y media. Yo misma creía que me cansaría o me aburriría. Pero para nada es así. Desde el minuto cero, Juan Echanove y María Galiana provocan en los espectadores una mezcla de sentimientos, que hace mantenerlos alerta ante los giros que da la historia. Sin duda, para mí, la palabra que mejor define Conversaciones con mamá es sublime. Realmente es una auténtica obra de arte.

    Demostrado queda que no se necesitan muchos actores para llenar el escenario, ni una historia muy elaborada para ocupar todas las butacas. Basta con dos artistas y con un guion sencillo y fiel a la realidad de todos los españoles. Sobra con que estén Doña Herminia y Miguel Alcántara, para hacer que el público disfrute de Mamá y de Jaime. Séneca definía esta realidad a la perfección: “La vida es como una obra de teatro: no es la duración sino la excelencia de los actores lo que importa”.

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