SilFest celebra diez años de vida

Tras una década, es ya inconcebible no empezar el mes de julio con uno de los festivales más importantes de nuestra escena. Pequeño, recogido y con una clara apuesta por el talento musical, el SilFest Valdeorras regresa a O Barco de Valdeorras los próximos 2, 3 y 4 de julio.

Tras una década, es ya inconcebible no empezar el mes de julio con uno de los festivales más importantes de nuestra escena. Pequeño, recogido y con una clara apuesta por el talento musical, el SilFest Valdeorras regresa a O Barco de Valdeorras los próximos 2, 3 y 4 de julio. Nombres como Morgan, Hinds, La Paloma, Puño Dragón, L.A., Bum Motion Club, Sr. Jingles, La Gloria, Mazu o Zabriskie forman parte de esta nueva edición, de la que hablamos con sus directores.

¿Cómo nace el SilFest Valdeorras?

El SilFest Valdeorras nació en el 2015. Como casi todas las buenas ideas relacionadas con el mundo de la música y, especialmente con el rock, la idea surgió en la barra de un bar, concretamente la del pub Baranda de O Barco, donde trabajaba uno de los directores del proyecto, Jorge Álvarez. En O Barco ya había habido otros proyectos similares, como el PulpoPop o el Blues no Sil, que, por distintos motivos, no llegaron a cuajar con el paso de los años y que, desgraciadamente, dejaron a la comarca prácticamente huérfana de música en directo. La idea era intentar llenar de alguna forma el hueco que habían dejado esos festivales y ofrecer una alternativa cultural diferente en la comarca: un evento que huyera de las masificaciones de los macrofestivales y que pusiese en valor nuestro potencial natural, musical, gastronómico y enológico. En definitiva, la idea era crear un festival al que a nosotros mismos nos encantaría ir: un sitio sin agobios, con buena música, buen vino de la D.O. Valdeorras y un ambiente donde todo el mundo se sintiera en casa.

¿Cómo afrontáis esta nueva edición del festival?

Afrontamos esta nueva edición con la ilusión del primer día intacta, pero también con una inmensa responsabilidad. Somos plenamente conscientes de que nuestro cartel no se basa en las bandas más sonadas a nivel comercial, pero esa es precisamente nuestra fuerza. El público que repite año tras año en el SilFest confía ciegamente en nuestro olfato y en nuestro criterio a la hora de descubrir bandas emergentes con un talento arrollador. Pero además, sabemos que nuestro gran fuerte, lo que nos diferencia de otros festivales es la experiencia completa y el entorno privilegiado que nos rodea. La gente no viene solo por los nombres del cartel; viene a vivir el festival de otra manera. Esa confianza es enormemente gratificante, pero también nos vuelve extremadamente exigentes con nosotros mismos en el proceso de selección: no queremos defraudar a nadie.

A todo esto hay que sumarle una carga emocional enorme: ¡este año celebramos nuestro décimo aniversario! Cumplir 10 ediciones es algo increíble para un festival como el nuestro, así que lo afrontamos con el listón más alto que nunca, con muchas ganas de celebrar y con la firme intención de que sea una edición verdaderamente especial e inolvidable para todos.

Artistas de la talla de La Paloma, Begut, Morgan, Puño Dragón o L.A. – entre muchos otros – conforman el cartel de este 2026, ¿cómo ha sido el proceso de programación de todos ellos?

Como en cada edición, se trata de un proceso muy cuidado y con muchísimo mimo. A la hora de programar, partimos de una premisa muy sencilla pero muy clara: traemos a bandas que a nosotros mismos nos encantaría ver en directo y que, conociendo el perfil de nuestro público, pensamos que van a funcionar a la perfección.

Partiendo de esa base, intentamos buscar un equilibrio entre la solvencia de nombres consolidados y legendarios con proyectos emergentes que estamos seguros de que despuntarán en un futuro no muy lejano. Por un lado, la elegancia y la solvencia de bandas consagradas como Morgan o L.A., que sabemos que ofrecen directos impecables. Por otro, la energía arrolladora de La Paloma, el magnetismo y la frescura de Begut, o la genialidad de Puño Dragón. Escuchamos mucha música a lo largo del año y buscamos artistas que no solo tengan talento, sino que su propuesta encaje con el espíritu del festival: directo, auténtico y capaz de emocionar en un formato cercano.

De hecho, llama la atención que el cartel es bien diferente al de muchos festivales, que parecen réplicas los unos de los otros. ¿Qué importancia tiene para vosotros apostar por el talento más independiente y emergente?

La verdad es que , viendo el circuito actual de festivales, parece que lo más fácil es tirar de «copia y pega» y replicar los mismos nombres que funcionan en los grandes eventos musicales, donde los carteles parecen una réplica exacta los unos de los otros. Nosotros huimos conscientemente de eso. Ni podemos, ni queremos competir con ellos.

Para nosotros apostar por el talento más independiente y emergente forma ya parte del ADN del SilFest. Si echamos la vista atrás y repasamos detenidamente los carteles de nuestras ediciones anteriores, da vértigo. Hay nombres grabados en nuestra historia que hoy en día parece increíble que hayan pisado nuestro escenario. Gracias no sé si a la fortuna o a nuestro olfato para detectar el talento antes de que explote en la primera línea mediática, pudimos disfrutar en la cercanía del Sil de bandas que hoy en día, debido a sus desorbitados cachés actuales, nos resultaría completamente imposible contratar.

De hecho, medio en broma medio en serio, no son pocas las voces entre nuestro público que afirman con rotundidad que el SilFest se ha convertido en un gran escaparate y trampolín de la escena emergente. Nos encanta escuchar eso, porque es nuestro mayor orgullo: haber podido contar con proyectos enormes cuando estaban empezando. Esto significa que nuestro público no busca que le den lo que ya suena en bucle en todas partes, sino que viene dispuesto a dejarse sorprender y a decir en unos años aquello de: «Yo los vi por primera vez en el SilFest».

En un panorama repleto de eventos masivos, ¿cómo de importante es para vosotros crear un festival pequeño, sin aglomeraciones y en un espacio natural como es la zona del río Sil?

Para nosotros es el pilar central de todo nuestro proyecto; es lo que nos define y nos diferencia. Frente a la masificación de los grandes macroeventos, nosotros apostamos claramente por el concepto de festival boutique.

Queremos poner en valor el lujo que supone hoy en día la comodidad: llegar y no tener que sufrir colas interminables ni para pedir una consumición, ni para entrar, ni para ir al baño. Apostamos por la cercanía, por un ambiente donde te sientes cuidado y donde la experiencia del asistente es impecable de principio a fin.

En el SilFest, la música es, obviamente, el hilo conductor, pero buscamos ofrecer una experiencia completa que estimule todos los sentidos. Eso implica mimar la gastronomía y, por supuesto, presumir de nuestra tierra ofreciendo los espectaculares vinos de la D.O. Valdeorras y la mejor gastronomía de la zona. Todo esto sucede en un entorno natural que convierte al festival en un escenario imbatible. El río Sil, los árboles, el césped. La naturaleza no es un decorado, es parte de nuestra identidad. Poder disfrutar de tus bandas favoritas sin agobios, respirando aire puro y saboreando un buen vino de la zona es lo que hace que el SilFest sea una experiencia única.

Además, contáis con el Mini SilFest, pensado para un público más familiar. ¿Cómo surge esta idea y qué podemos ver entre su programación?

Surgió de forma muy natural. No queríamos que el hecho de tener hijos fuera un  impedimento o un obstáculo a la hora de acudir a disfrutar del SilFest. Nos dimos cuenta de que la conciliación festivalera era necesaria. No queríamos que los padres tuvieran que elegir entre quedarse en casa o ir de festival. El Mini SilFest nació para que los más pequeños vivan la cultura desde la infancia. Este año contamos con talleres creativos, juegos al aire libre, espectáculos teatrales y, por supuesto, conciertos adaptados para ellos. Es precioso ver a dos y tres generaciones compartiendo el mismo espacio y la misma pasión por la música.

¿De qué manera ha evolucionado el festival desde su primera edición?

El festival ha experimentado un crecimiento y una transformación espectaculares desde aquella primera edición. Hemos evolucionado muchísimo tanto en el plano económico como en el logístico, dando un salto gigante hacia la profesionalización. Hoy en día contamos con un sonido e infraestructuras de primerísimo nivel, algo que para nosotros era fundamental para garantizar la mejor experiencia posible tanto al público como a las bandas.

Este crecimiento no habría sido posible sin el respaldo financiero y la confianza que hemos ido ganando a lo largo de los años. Por un lado, contamos con un mayor apoyo económico del tejido empresarial privado, fundamentalmente a nivel local, que se vuelca con nosotros. Y por otro, ha sido clave el respaldo institucional que hemos consolidado, con el apoyo constante del Concello de O Barco y la Deputación de Ourense y, sobre todo, de la Axencia de Turismo de Galicia. Gracias a esta suma de fuerzas, el SilFest ha pasado de ser un sueño entre amigos a convertirse en un evento profesionalizado, sostenible y de referencia dentro y fuera de la comarca, pero sin perder ni un ápice de la cercanía de sus orígenes.

Hay una pregunta que nos gusta hacer, para conectar con el nombre de nuestro medio. ¿Hay alguna pequeña o Verdadera Locura que hayáis vivido durante la celebración del festival?

Muchas veces bromeamos con la posibilidad de que algún día deberíamos recoger y recopilar todas las anécdotas que nos han ido sucediendo al lo largo de estos años, algunas de ellas costándonos sudor y lágrimas en sentido literal. Pero en un festival como el nuestro, las «verdaderas locuras» no son anécdotas sin más; la Verdadera Locura es, sin duda, haber llegado a celebrar 10 ediciones del SilFest Valdeorras.

La locura es terminar cada edición exhaustos, con las cuentas temblando y sin saber a ciencia cierta si el año que viene habrá continuidad, pero decidir volver a lanzarse al vacío. Detrás de este festival hay una exposición brutal de esfuerzo personal, de dedicación de tiempo  y de riesgo económico que asumimos año tras año. Hacer esto hoy en día, de forma independiente y sin el respaldo de grandes multinacionales, parece una temeridad, pero nos mueve algo mucho más fuerte: la pura pasión y el amor incondicional a lo que hacemos, a la música y a nuestra tierra. Que sigamos aquí después de diez años… ¡eso sí que es una bendita y maravillosa locura!

SilFest celebra diez años de vida

Tras una década, es ya inconcebible no empezar el mes de julio con uno de los festivales más importantes de nuestra escena. Pequeño, recogido y con una clara apuesta por el talento musical, el SilFest Valdeorras regresa a O Barco de Valdeorras los próximos 2, 3 y 4 de julio.

SilFest celebra diez años de vida

Tras una década, es ya inconcebible no empezar el mes de julio con uno de los festivales más importantes de nuestra escena. Pequeño, recogido y con una clara apuesta por el talento musical, el SilFest Valdeorras regresa a O Barco de Valdeorras los próximos 2, 3 y 4 de julio.

Tras una década, es ya inconcebible no empezar el mes de julio con uno de los festivales más importantes de nuestra escena. Pequeño, recogido y con una clara apuesta por el talento musical, el SilFest Valdeorras regresa a O Barco de Valdeorras los próximos 2, 3 y 4 de julio. Nombres como Morgan, Hinds, La Paloma, Puño Dragón, L.A., Bum Motion Club, Sr. Jingles, La Gloria, Mazu o Zabriskie forman parte de esta nueva edición, de la que hablamos con sus directores.

¿Cómo nace el SilFest Valdeorras?

El SilFest Valdeorras nació en el 2015. Como casi todas las buenas ideas relacionadas con el mundo de la música y, especialmente con el rock, la idea surgió en la barra de un bar, concretamente la del pub Baranda de O Barco, donde trabajaba uno de los directores del proyecto, Jorge Álvarez. En O Barco ya había habido otros proyectos similares, como el PulpoPop o el Blues no Sil, que, por distintos motivos, no llegaron a cuajar con el paso de los años y que, desgraciadamente, dejaron a la comarca prácticamente huérfana de música en directo. La idea era intentar llenar de alguna forma el hueco que habían dejado esos festivales y ofrecer una alternativa cultural diferente en la comarca: un evento que huyera de las masificaciones de los macrofestivales y que pusiese en valor nuestro potencial natural, musical, gastronómico y enológico. En definitiva, la idea era crear un festival al que a nosotros mismos nos encantaría ir: un sitio sin agobios, con buena música, buen vino de la D.O. Valdeorras y un ambiente donde todo el mundo se sintiera en casa.

¿Cómo afrontáis esta nueva edición del festival?

Afrontamos esta nueva edición con la ilusión del primer día intacta, pero también con una inmensa responsabilidad. Somos plenamente conscientes de que nuestro cartel no se basa en las bandas más sonadas a nivel comercial, pero esa es precisamente nuestra fuerza. El público que repite año tras año en el SilFest confía ciegamente en nuestro olfato y en nuestro criterio a la hora de descubrir bandas emergentes con un talento arrollador. Pero además, sabemos que nuestro gran fuerte, lo que nos diferencia de otros festivales es la experiencia completa y el entorno privilegiado que nos rodea. La gente no viene solo por los nombres del cartel; viene a vivir el festival de otra manera. Esa confianza es enormemente gratificante, pero también nos vuelve extremadamente exigentes con nosotros mismos en el proceso de selección: no queremos defraudar a nadie.

A todo esto hay que sumarle una carga emocional enorme: ¡este año celebramos nuestro décimo aniversario! Cumplir 10 ediciones es algo increíble para un festival como el nuestro, así que lo afrontamos con el listón más alto que nunca, con muchas ganas de celebrar y con la firme intención de que sea una edición verdaderamente especial e inolvidable para todos.

Artistas de la talla de La Paloma, Begut, Morgan, Puño Dragón o L.A. – entre muchos otros – conforman el cartel de este 2026, ¿cómo ha sido el proceso de programación de todos ellos?

Como en cada edición, se trata de un proceso muy cuidado y con muchísimo mimo. A la hora de programar, partimos de una premisa muy sencilla pero muy clara: traemos a bandas que a nosotros mismos nos encantaría ver en directo y que, conociendo el perfil de nuestro público, pensamos que van a funcionar a la perfección.

Partiendo de esa base, intentamos buscar un equilibrio entre la solvencia de nombres consolidados y legendarios con proyectos emergentes que estamos seguros de que despuntarán en un futuro no muy lejano. Por un lado, la elegancia y la solvencia de bandas consagradas como Morgan o L.A., que sabemos que ofrecen directos impecables. Por otro, la energía arrolladora de La Paloma, el magnetismo y la frescura de Begut, o la genialidad de Puño Dragón. Escuchamos mucha música a lo largo del año y buscamos artistas que no solo tengan talento, sino que su propuesta encaje con el espíritu del festival: directo, auténtico y capaz de emocionar en un formato cercano.

De hecho, llama la atención que el cartel es bien diferente al de muchos festivales, que parecen réplicas los unos de los otros. ¿Qué importancia tiene para vosotros apostar por el talento más independiente y emergente?

La verdad es que , viendo el circuito actual de festivales, parece que lo más fácil es tirar de «copia y pega» y replicar los mismos nombres que funcionan en los grandes eventos musicales, donde los carteles parecen una réplica exacta los unos de los otros. Nosotros huimos conscientemente de eso. Ni podemos, ni queremos competir con ellos.

Para nosotros apostar por el talento más independiente y emergente forma ya parte del ADN del SilFest. Si echamos la vista atrás y repasamos detenidamente los carteles de nuestras ediciones anteriores, da vértigo. Hay nombres grabados en nuestra historia que hoy en día parece increíble que hayan pisado nuestro escenario. Gracias no sé si a la fortuna o a nuestro olfato para detectar el talento antes de que explote en la primera línea mediática, pudimos disfrutar en la cercanía del Sil de bandas que hoy en día, debido a sus desorbitados cachés actuales, nos resultaría completamente imposible contratar.

De hecho, medio en broma medio en serio, no son pocas las voces entre nuestro público que afirman con rotundidad que el SilFest se ha convertido en un gran escaparate y trampolín de la escena emergente. Nos encanta escuchar eso, porque es nuestro mayor orgullo: haber podido contar con proyectos enormes cuando estaban empezando. Esto significa que nuestro público no busca que le den lo que ya suena en bucle en todas partes, sino que viene dispuesto a dejarse sorprender y a decir en unos años aquello de: «Yo los vi por primera vez en el SilFest».

En un panorama repleto de eventos masivos, ¿cómo de importante es para vosotros crear un festival pequeño, sin aglomeraciones y en un espacio natural como es la zona del río Sil?

Para nosotros es el pilar central de todo nuestro proyecto; es lo que nos define y nos diferencia. Frente a la masificación de los grandes macroeventos, nosotros apostamos claramente por el concepto de festival boutique.

Queremos poner en valor el lujo que supone hoy en día la comodidad: llegar y no tener que sufrir colas interminables ni para pedir una consumición, ni para entrar, ni para ir al baño. Apostamos por la cercanía, por un ambiente donde te sientes cuidado y donde la experiencia del asistente es impecable de principio a fin.

En el SilFest, la música es, obviamente, el hilo conductor, pero buscamos ofrecer una experiencia completa que estimule todos los sentidos. Eso implica mimar la gastronomía y, por supuesto, presumir de nuestra tierra ofreciendo los espectaculares vinos de la D.O. Valdeorras y la mejor gastronomía de la zona. Todo esto sucede en un entorno natural que convierte al festival en un escenario imbatible. El río Sil, los árboles, el césped. La naturaleza no es un decorado, es parte de nuestra identidad. Poder disfrutar de tus bandas favoritas sin agobios, respirando aire puro y saboreando un buen vino de la zona es lo que hace que el SilFest sea una experiencia única.

Además, contáis con el Mini SilFest, pensado para un público más familiar. ¿Cómo surge esta idea y qué podemos ver entre su programación?

Surgió de forma muy natural. No queríamos que el hecho de tener hijos fuera un  impedimento o un obstáculo a la hora de acudir a disfrutar del SilFest. Nos dimos cuenta de que la conciliación festivalera era necesaria. No queríamos que los padres tuvieran que elegir entre quedarse en casa o ir de festival. El Mini SilFest nació para que los más pequeños vivan la cultura desde la infancia. Este año contamos con talleres creativos, juegos al aire libre, espectáculos teatrales y, por supuesto, conciertos adaptados para ellos. Es precioso ver a dos y tres generaciones compartiendo el mismo espacio y la misma pasión por la música.

¿De qué manera ha evolucionado el festival desde su primera edición?

El festival ha experimentado un crecimiento y una transformación espectaculares desde aquella primera edición. Hemos evolucionado muchísimo tanto en el plano económico como en el logístico, dando un salto gigante hacia la profesionalización. Hoy en día contamos con un sonido e infraestructuras de primerísimo nivel, algo que para nosotros era fundamental para garantizar la mejor experiencia posible tanto al público como a las bandas.

Este crecimiento no habría sido posible sin el respaldo financiero y la confianza que hemos ido ganando a lo largo de los años. Por un lado, contamos con un mayor apoyo económico del tejido empresarial privado, fundamentalmente a nivel local, que se vuelca con nosotros. Y por otro, ha sido clave el respaldo institucional que hemos consolidado, con el apoyo constante del Concello de O Barco y la Deputación de Ourense y, sobre todo, de la Axencia de Turismo de Galicia. Gracias a esta suma de fuerzas, el SilFest ha pasado de ser un sueño entre amigos a convertirse en un evento profesionalizado, sostenible y de referencia dentro y fuera de la comarca, pero sin perder ni un ápice de la cercanía de sus orígenes.

Hay una pregunta que nos gusta hacer, para conectar con el nombre de nuestro medio. ¿Hay alguna pequeña o Verdadera Locura que hayáis vivido durante la celebración del festival?

Muchas veces bromeamos con la posibilidad de que algún día deberíamos recoger y recopilar todas las anécdotas que nos han ido sucediendo al lo largo de estos años, algunas de ellas costándonos sudor y lágrimas en sentido literal. Pero en un festival como el nuestro, las «verdaderas locuras» no son anécdotas sin más; la Verdadera Locura es, sin duda, haber llegado a celebrar 10 ediciones del SilFest Valdeorras.

La locura es terminar cada edición exhaustos, con las cuentas temblando y sin saber a ciencia cierta si el año que viene habrá continuidad, pero decidir volver a lanzarse al vacío. Detrás de este festival hay una exposición brutal de esfuerzo personal, de dedicación de tiempo  y de riesgo económico que asumimos año tras año. Hacer esto hoy en día, de forma independiente y sin el respaldo de grandes multinacionales, parece una temeridad, pero nos mueve algo mucho más fuerte: la pura pasión y el amor incondicional a lo que hacemos, a la música y a nuestra tierra. Que sigamos aquí después de diez años… ¡eso sí que es una bendita y maravillosa locura!

NEWS-
LETTER

Sin rollos. Sin spam. Solo lo que suena.

NEWS-
LETTER

Sin rollos. Sin spam. Solo lo que suena.

NEWS-
LETTER

Sin rollos. Sin spam. Solo lo que suena.