Rodrigo Cuevas enciende Madrid

Todo aquel que haya tenido la oportunidad de verlo alguna vez en vivo y en directo, sabrá que Rodrigo Cuevas es un espectáculo en sí mismo. Un artista que deja huella con su talento innato, su naturalidad genuina y su irónica manera de hacer crítica del mundo que le rodea.

Todo aquel que haya tenido la oportunidad de verlo alguna vez en vivo y en directo, sabrá que Rodrigo Cuevas es un espectáculo en sí mismo. Un artista que deja huella con su talento innato, su naturalidad genuina y su irónica manera de hacer crítica del mundo que le rodea. El pasado miércoles 24 de junio volvió a demostrarlo en La Carbonería del Galván de Madrid. Una cita de la que no logramos salir ilesas, aunque tampoco queríamos. Lo único que sabíamos es que presentaría las canciones de su último álbum «Manual de belleza», pero es que el concierto fue mucho más allá. Lo que vives siempre, siempre termina siendo incierto e inexplicable.

Con esa alma de agitador cultural y provocador, el artista asturiano saltó al escenario con un traje blanco inmaculado y al ritmo de «Un mundo feliz», tema al que se sumó una icónica Massiel en su versión de estudio. Poco a poco, se fueron sucediendo himnos de la talla de «La hermana cautiva», «El panuelín», «Rambalín», «Romería», «Más animal» o «Veleno». Himnos al que se sumó una puesta en escena sublime, comentarios ácidos como sólo él puede hacer y mucha oda a grandes iconos de nuestra música como Rocío Dúrcal. Porque eso sí, a folclórico – y puede que también un poco mamarracho – no le gana nadie. ¿Quién mejor que él para representar esta nueva escena que recoge tradición, pero también vanguardia?

Aunque, quizás, lo que menos esperábamos de este espectáculo en el que la reivindicación, la libertad y la música tradicional son los ejes principales, es que Rossy de Palma fuera la maestra de ceremonias. Eso sí, a través de las pantallas y esos preparadísimos visuales. Pero es que aquí reside el gran efecto Cuevas. En que siempre habrá algo con lo que te sorpenda. Por eso nosotras lo amamos tanto.

Rodrigo Cuevas enciende Madrid

Todo aquel que haya tenido la oportunidad de verlo alguna vez en vivo y en directo, sabrá que Rodrigo Cuevas es un espectáculo en sí mismo. Un artista que deja huella con su talento innato, su naturalidad genuina y su irónica manera de hacer crítica del mundo que le rodea.

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Todo aquel que haya tenido la oportunidad de verlo alguna vez en vivo y en directo, sabrá que Rodrigo Cuevas es un espectáculo en sí mismo. Un artista que deja huella con su talento innato, su naturalidad genuina y su irónica manera de hacer crítica del mundo que le rodea.

Todo aquel que haya tenido la oportunidad de verlo alguna vez en vivo y en directo, sabrá que Rodrigo Cuevas es un espectáculo en sí mismo. Un artista que deja huella con su talento innato, su naturalidad genuina y su irónica manera de hacer crítica del mundo que le rodea. El pasado miércoles 24 de junio volvió a demostrarlo en La Carbonería del Galván de Madrid. Una cita de la que no logramos salir ilesas, aunque tampoco queríamos. Lo único que sabíamos es que presentaría las canciones de su último álbum «Manual de belleza», pero es que el concierto fue mucho más allá. Lo que vives siempre, siempre termina siendo incierto e inexplicable.

Con esa alma de agitador cultural y provocador, el artista asturiano saltó al escenario con un traje blanco inmaculado y al ritmo de «Un mundo feliz», tema al que se sumó una icónica Massiel en su versión de estudio. Poco a poco, se fueron sucediendo himnos de la talla de «La hermana cautiva», «El panuelín», «Rambalín», «Romería», «Más animal» o «Veleno». Himnos al que se sumó una puesta en escena sublime, comentarios ácidos como sólo él puede hacer y mucha oda a grandes iconos de nuestra música como Rocío Dúrcal. Porque eso sí, a folclórico – y puede que también un poco mamarracho – no le gana nadie. ¿Quién mejor que él para representar esta nueva escena que recoge tradición, pero también vanguardia?

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