Talento, juventud y buenas canciones. Jorge Pelaz lo tiene todo para triunfar. Con una buena dosis de realidad y verdad, debuta con su primer disco, «Lo que dejo callado». Ya lo presentó el pasado año en la capital, pero lo volvió a hacer el pasado viernes en la Sala Siroco de Madrid. Y el público lo dio entregadísimo.
Nosotras tuvimos la suerte de entrevistarlo unos días antes y nos desveló todo sobre su proyecto, el disco y sus futuros pasos.
¿Cómo se introduce Jorge Pelaz en el mundo de la música?
Con unos diez años, pedí la primera guitarra a mi familia. Cuando me la regalaron, me volví loco. Y eso que no tenía conocimiento ninguno, pero me apuntaron a clases para que pudiera aprender. Entonces llegó un punto en el que pensé: «¿para qué voy a seguir tocando las canciones de otros, si puedo hacer las mías?». Eso fue sobre los 17 años.
La verdad es que siempre lo he tenido y lo tengo como un hobby, aunque ojalá fuese a más. Pero siempre trato de quitarle importancia y hierro al asunto, para que no suponga una presión.
Precisamente, la siguiente pregunta era que si en algún momento te gustaría profesionalizarlo.
Me encantaría. Aunque para mi es un juego o vía de escape. Hacer canciones o actuar en directo, es un juego en el que yo tengo algo que decir. A alguien le llegará, alguien lo captará y lo hará suyo. Pero para mí es un juego, para no remover tantas emociones o presiones.
¿Cómo surge el concepto de «Lo que dejo callado»?
Hasta que llegó «Lo que dejo callado», muy poca gente sabía que yo hacía canciones, más allá de tocar la guitarra. Fue como una reivindicación y una propuesta valiente. Fue como decir: «esto es lo que yo soy, es lo que yo hago y lo que quiero decir, a través de las canciones».
Como formato, «Lo que dejo callado» me parece un concepto que nace desde el silencio y desaparece en el silencio. De hecho, la primera canción que es «Llamada internacional», surge desde el silencio, aparece un ruido, seguido de los primeros acordes del tema y del disco. Por otro lado, la última canción, «Luz», es a guitarra y voz. Es muy acústica. Es mi manera de eliminar todos los sonidos que aparecen durante el álbum. Solo se quedan los principales, que acaban diluyéndose.
¿El disco tiene entonces un formato circular?
Sí, más o menos. Es como en los cuentos: tiene un planteamiento, un nudo y un desenlace. La idea nace de algo, del silencio, cuenta algo y se marcha.
¿Cómo lo definirías en dos o tres palabras?
«Lo que dejo callado» es una propuesta valiente, que habla sobre la esperanza en cada una de las canciones.
¿Cómo ha sido la acogida del disco tras este año de vida?, ¿ha cumplido con tus expectativas?
Cuando lo saqué, me parecía una propuesta valiente, porque no sabía lo que me iba a encontrar. Era la primera vez que hacía un disco y grababa las canciones en estudio. No tenía ni idea de cómo funcionaba todo esto. Por suerte, he tenido buenos amigos que me han aconsejado y guiado durante todo el proceso. Mi gran dilema mientras grababa era saber cómo iba a caer. Estas cosas nunca se saben, porque no hay un gurú musical que te asegure lo que va a salir bien y lo que va a salir mal. Así que, me centré en hacerlo como a mí me gustaba.
Al final, para mi gusto, ha tenido una acogida muy positiva, que para nada espetaba. Durante este año, mi música ha experimentado una gran evolución. De hecho, he conseguido entender mejor muchas canciones. Todo gracias, en cierto modo, al feedback del público. Por ejemplo, uno de los temas que más alegrías me ha dado, es «Círculo Polar».
¿Se puede decir entonces que habéis evolucionado a la par?
Sí, por supuesto. Hemos evolucionado a la par y muy, muy bien. Como músico, si echo la vista atrás, creo que he pegado un salto muy grande. A nivel madurativo y a nivel musical. Además, tengo más claros los pasos que quiero seguir dando en este proyecto musical.
¿Y en los directos, cómo has evolucionado?
En el primer concierto, el de presentación, era un poco inestable. Como lanzarse al abismo, porque nadie había conocido mi faceta de compositor. Y tampoco habían escuchado mis canciones. Pero fue muy gratificante, porque la gente salió muy contenta.
A medida que han ido pasando los conciertos y hemos madurado, hemos ido cambiando el concepto, añadiendo cosas, quitando otras. Y el sonido no es tan puro, respecto al disco.
¿Cómo afrontas el concierto de Siroco?
Estuvimos tocando ya en octubre con la banda y en ese primer concierto, los nervios estaban más latentes porque era la primera vez. Para mí, esa sala es especial, porque he visto muchos directos ahí y he pasado mucho tiempo en ella.
Esta vez estamos más tranquilos, porque sabemos cómo es la sala, cómo es el sonido, sabemos cómo nos tenemos que colocar. Además, este concierto lo vemos un poco como una revisión del disco. Y de mostrar la nueva perspectiva que están tomando las canciones.
¿Cuáles son los siguientes pasos de Jorge Pelaz, escucharemos nuevo material?
Algo nuevo escucharéis, seguro. He pasado unos meses de reflexión y de conocimiento propio, sin escribir y sin coger la guitarra. Solo experimentando esa evolución. Una vez me sentí preparado, decidí contarlo. O más bien cantarlo. De cara al futuro, tenemos entre manos un proyecto un tanto ambicioso, que todavía no podemos desvelar, porque es totalmente sorpresa. Pero estoy seguro de que eso ha llegado por toda la evolución previa. Y también llegará por toda la ilusión que le estamos poniendo.
¿Qué es lo más loco que has hecho por la música?
¿Lo más loco que he hecho por la música? Hacer música [risas]. Y querer dedicarme a esto.
Hay una cosa loca que me pasó en mi primer concierto, que fue acústico. Yo llevaba un pianista e iba yo, además, con la guitarra. Al acabar, fuimos a una sala muy importante de Madrid. Precisamente, ese mismo día había actuado un grupo que me gustaba mucho, «Sin Rumbo». Lo mejor fue encontrármelos en la discoteca y que se me acercaran a hablar a mí, que no soy nadie, y me preguntaron: «Jorge, ¿qué tal el concierto?». Yo ni siquiera sabía cómo se habían enterado. No sé si es algo loco, pero a mí me dejó muy loco.