Hay veces en las que no se necesita una banda enorme para llenar toda una sala, musicalmente hablando. Basta con que haya dos personas sobre el escenario. Con batería, guitarra y voz. Con esa extraña sensación salimos del concierto de Jack Bisonte, el pasado 18 de abril. Hasta la Sala Siroco se quedó pequeña para ambos amigos, que no tardaron nada en colgar el cartel de «sold out». Era el gran debut y presentación de «The Playground».
El concierto comenzó a «trompicones». La sugestión es muy poderosa y, ante la falta de comodidad del cantante de la banda, breve parón y a seguir adelante. El público, desde abajo, no dejó de apoyar al dúo que, desde ese inicio a capella, nos dejó con los pelos como escarpias. No podrían haber empezado mejor: con «Light Blue». Y es que después del lapso, la gente comenzó a venirse arriba con «Coming Home». Incapaces de odiar nada de lo que estaba sucediendo a nuestro alrededor, Jack Bisonte nos sorprendieron con «We don’t hate».
Arrancándonos las palabras con «Say The Word», para seguidamente dar paso a «Little Queen On Fire». Y para curar las cicatrices («Scars») que nos estaba dejando el concierto, Jack Bisonte nos dio el último respiro («Breathe»). Aunque lo cierto, es que nos volvió a falta el aire, cuando Carlos y Miki bajaron del escenario, para cantar con St.Woods. Mezclados entre el público y a pleno pulmón. Suficiente para terminar de incendiar lo poco que quedaba vivo en Siroco. Los tres juntos, nos hicieron olvidar absolutamente todo. Tanto que ni con «My Name Is» fuimos capaces de recordar cómo nos llamamos.
Quedaba poco de concierto. Si el amor del bueno existe («Love You Good»), debe ser muy parecido a lo que sentimos esa noche. Porque solo Jack Bisonte saben cómo hacer de la Sala Siroco, su auténtico patio de recreo. Y consiguieron ganarnos a todos.
Al final, es que no hay nada más importante que el amor por la música. Si lo sientes, el transmitirlo viene completamente solo.