En agosto de 2015, veía la luz «Vértigo», el primer poemario de Jennifer Gómez. Unos meses después, llega a la madrileña Librería Gaztambide. El viernes 29 de abril, a las 19.00 horas, amantes de la poesía que viváis en Madrid: tenéis una cita, en la calle Meléndez Valdés, 52 (Argüelles). La autora presentará su libro y recitará algunos de sus poemas, en un ambiente lleno de música. Y que por supuesto, culminará con la venta y firma de ejemplares.
«Vértigo» nace de la necesidad de gritar sin hacer ruido, de la propia experiencia, de la cara B del amor y el desamor. «Vértigo» nació tras solo 20 días de que se iniciara la campaña de crowdfunding. Más de cincuenta mecenas apostaron por el proyecto, por el sueño de esta periodista albaceteña de tan solo 22 años y que cabalga «a medio camino entre la comunicación audiovisual y la lietaratura».
Alrededor de siete años han pasado desde que Jennifer comenzara a escribir. La poesía llegó después, eso sí. Por no hablar de la aventura de publicar un libro con los poemas que había escrito a lo largo de todos estos años. Aunque más que aventura, podría decirse que fue una locura: «Yo siempre he sido muy reservada. Hay mucha gente que sabía que escribía poesía, pero nadie, a excepción de una amiga, me ha leído nunca. Y una noche de insomnio, me puse a transcribir todo lo que tenía y empecé a buscar editoriales», explicaba hace unos meses Jennifer Gómez.
Este siguiente escalón está también casi superado. ¿Cuál será el siguiente paso? No se sabe, forma parte de los tantos misterios de la vida. Aunque por el momento, quedémonos con la presentación y con esa sensación de «vértigo», tan real como innegable.
La RAE define al «vértigo»
como:
sensación de inseguridad y miedo a precipitarse desde una altura
o a que pueda precipitarse otra persona.
Dime cómo les explico
a todos esos académicos
que el verdadero vértigo
es el que siento yo al verte;
y que la única inseguridad que existe
es la de no saber
cómo decirte que te quiero.
[…]
Y por favor que no hablen de precipicios
si no saben lo que es correr
para no llegar nunca tarde
y que, sin embargo,
todavía no te haya alcanzado a tiempo.
[…]
Esta es la historia de cómo un fotógrafo profesional termina inmerso en una aventura llamada poesía. Es la historia de Carlos Miguel Cortés, quien cuando escribe, se transforma en «Turista en tu pelo». El autor – que no escritor ni poeta – de «Intranerso» e «Innormal», pertenece a ese grupo de poetas del siglo XXI, que ha revolucionado las redes con sus versos.
¿Cómo nace «Turista en tu pelo»?
No tengo muy claro cuándo nace, pero sí sé cuándo me bautizo con ese nombre. La verdad es que creo que llevaba existiendo un tiempo. La primera plataforma de internet que utilicé para subir mis fotos fue Fotolog y lo cierto es que era bastante activo. Pero en un momento dado, colgué un texto un poco subido de tono y me cerraron la página. La cuestión es que en ese momento, decidí abrir mi propio blog en WordPress y comprar el dominio. Entonces, escribí una lista, que se llamaba: «Cosas que siempre querré ser», y una de ellas era «Turista en tu pelo». Esa siempre me había gustado especialmente y desde entonces…
¿Recuerdas cómo fue tu primer contacto con la cámara? Porque he leído que es una apéndice de ti.
Sí, me acuerdo perfectamente, de hecho llevo tatuado ese momento. Mi primera cámara de fotos fue una Polaroid 600, que me regalaron en mi Primera Comunión. A la hora de hacer la primera foto y ver que salía al momento, me di cuenta de que eso me gustaba muchísimo. Así fue como decidí que quería dedicarme a eso. Eso sí, reconozco que antes, la cámara sí que era un apéndice de mí. Ahora nos estamos dando un tiempo, como quien dice [risas].
¿Quién se apodera de la cámara cuando fotografías: Carlos Miguel o «Turista en tu pelo»?, ¿y de las letras cuando escribes?
La barrera, últimamente, es más difícil de distinguir. Pero yo diría que soy más «Turista en tu pelo» cuando escribo. Creo que cuando hago fotos soy más yo.
¿La poesía formó siempre parte de tu vida?
No siempre. Yo siempre he escrito, eso sí. Pero nunca pensé en si lo que escribía era poesía, si era prosa poética (que es parte de la poesía) o si eran relatos. A mí eso no me importaba, porque yo escribía lo que me salía. Además, de pequeño tampoco era un gran lector de poesía, como sí lo era de novela. Siempre he leído un poco, pero los cuatro o cinco años últimos han sido más importantes en este sentido.
En Twitter, escribes «No soy poeta, ni escritor, pero tengo dos libros, Intranerso e Innormal». ¿Qué te consideras entonces?
Me gustaría explicar eso un poco mejor, pero es que no me cabe [risas]. Yo soy autor de «Intranerso» e «Innormal» y ya está. Siento que las palabras poeta y escritor son un traje que me queda muy grande. Además, tiene que ser una cuestión de la gente. Si la gente te lo considera, está bien. Pero yo no me lo voy a considerar, porque no me gustan las etiquetas. Me gustan aquellas que implican lucha, pero no aquellas a las que considero «trajes» o definiciones que te encasillan.
¿Qué supuso para ti que Marwan te propusiera ir con él de gira?
Recuerdo que Marwan vino a Mallorca, donde yo vivía entonces, a hacer un concierto y me invitó a que recitara con él. Al día siguiente, quedé con él y con Pedro Andreu, y empezamos a hablar de todo un poco. En un momento dado, Marwan me dijo que tenía que publicar algo, porque era el momento de hacerlo. Sin embargo, yo no me sentía preparado todavía. De hecho, había tenido varias propuestas editoriales, que había rechazado. Pero Marwan siguió insistiendo. De hecho, días después desde Menorca me llamó para decirme que me había estado leyendo y que tenía que publicar sí o sí. No fue hasta la vuelta, ya en Madrid, cuando se ofreció a ayudarme, a guiarme en este proceso, a ser mi editor. Y fue en ese momento, cuando sentí que tenía que decir que sí.
Es ahí cuando «Intranerso» empieza a coger forma, ¿no?
Sí, fue ahí cuando nos pusimos a trabajar juntos. Empezamos a recopilar todos los textos que tenía publicados, a ver por dónde queríamos ir y por dónde no, a escribir cosas nuevas para incluirlas en el libro…Todo esto lo hicimos en julio y en noviembre publicamos «Intranerso».
¿Qué supuso para ti publicar este primer libro, y encima con una pequeña editorial como es Noviembre?
A mí me cambió bastante la vida, porque volví a Madrid después de seis años en Mallorca, y empecé los recitales y la gira con Marwan. Estoy muy contento de haberlo hecho. Desde entonces, todo ha sido una vorágine en la que me encanta estar metido.
¿Fue casualidad que el libro, editado por Noviembre, saliera a la calle ese mismo mes?
Sí, fue casualidad. No fue algo buscado, pero es cierto que noviembre es un mes que me gusta. De hecho, el segundo libro salió este mismo mes, pero un año después. Y si todo va bien, es posible que el tercero también vea la luz en noviembre.
De hecho, se reservaron bastantes ejemplares, incluso antes de que «Intranerso» viera la luz…
Sí, sí. Creo que en total se reservaron unos 400. Además, la primera edición, que fueron unos 1500 ejemplares, se agotó esa misma semana. Fue una locura maravillosa que no me esperaba en absoluto, igual que no esperaba llenar Galileo el día de la presentación. De hecho, ese día se juntaron unas 400 personas y estuve cuatro horas firmando libros. Claro, quizás ahora, esas cosas las digieres de manera diferente, porque ya han sucedido.
Tras la publicación y reedición de «Intranerso», llegó «Innormal». ¿Por qué ese título?
Con «Intranerso» creé un concepto nuevo, que a la gente gustó y que considero que caló bastante. Así que, con este segundo libro, también quería hacer algo nuevo. Y la verdad es que «Innormal» me parece un concepto muy chulo. Es una palabra que no existía, pero que define algo que sí, que es la incapacidad de ser normal.
¿Cómo fue pasar de publicar en una editorial pequeña a una más grande como Destino?
En realidad, en cuanto al contenido del libro, no he notado ningún cambio. No hay ningún poema que haya querido meter y no haya podido. Ha habido mucha libertad en ese sentido. Aunque evidentemente, estar con Destino ha hecho que esté en todas las librerías y que el libro sea más accesible.
Retratar aspectos de la vida cotidiana, puede sonar muy a tópico. ¿Cómo hacerlo bien para que la gente consiga conmoverse?
Yo no sé si lo hago bien o mal, yo lo hago a mi manera y no me pongo a pensar en esas cosas. En cualquier caso, siempre es la gente la que tiene que juzgar. Hay un verso en la reedición de «Innormal», que a mí me gusta especialmente. Dice así:
No sé escribir como otros, pero sé que ahí fuera hay miles como yo, que también necesitan una voz que diga lo que sienten.
Las palabras que ellos no encuentran en el baúl de su interior.
Y yo no soy, ni quiero ser esa voz.
Yo, escribo por mí, porque entre palabras he encontrado mi hogar y mi refugio.
Pero todos, todos, todos estáis invitados a esta casa.
Como fotógrafo y poeta, ¿qué poder crees que tienen las redes sociales en la difusión de la cultura?
Yo creo que hay una nueva generación de lectores y también de poetas. Esta generación de poetas, no tendríamos ni un cuarto de lectores, si no fuera por las redes sociales. En la poesía en concreto, que es de lo que yo más puedo hablar, creo que tienen una influencia amable. Son un gran altavoz de la difusión de la cultura, la verdad.
Dentro del nuevo panorama poético que se ha dado en el siglo XXI, ¿a quiénes admiras?
Hace poco hice un ranking de mis 10 poetas españoles vivos preferidos. A mí me encanta por ejemplo, Escandar Algeet, al que considero uno de los mejores. También me gustan muchísimo Marwan, Pedro Andreu, David González, Ana Elena Pena y Manuel Vilas, que no es de esta generación, pero me encanta lo que hace.
¿Y de los poetas clásicos?
Me encanta la poesía de Cortázar. Otro de mis poetas favoritos es Bukowski. Aunque también me gustan también Benedetti y Neruda. Lo cierto es que la mayoría de los poetas que leo son del siglo XX. Son con los que más conecto.
Guillermo George Hernández, o más bien reconocido como Guillermo de Jorge (Santa Cruz de Tenerife, 1976), estudió filología inglesa en La Laguna. Aunque quizás, este suboficial del Ejército de Tierra del Arma de Infantería es más conocido por su vertiente poética. De su estancia en Afganistán, surgió su poemario «Afganistán: Diario de un soldado». Considerado como «poeta soldado», el canario ha publicado más de una decena de libros, entre poesía, narrativa y cuadernos de guerra. Además, ha participado en encuentros literarios nacionales e internacionales y ha colaborado en publicaciones especializadas, como: Revista Literaria Río Arga, La Galla Ciencia o Culturamas.
Pregunta. ¿Cómo empieza tu relación con el mundo de la poesía?
Guillermo de Jorge. Lo cierto es que no sé a ciencia cierta. No recuerdo muy bien cómo empezo todo. Pero de lo que sí estoy seguro es que cuando empuñé por primera vez un lápiz para escribir, fue en legítima defensa. Porque no tenía nada ni a nadie en donde poder aferrarme. Sólo unos vagos recuerdos, una memoria deformada de la realidad, tan sólo un puñado de sueños y muchos fracasos donde naufragar.
P. ¿Quiénes son tus principales referentes en este sentido?
GdJ. Mis referentes literarios siempre han sido aquellos que, por alguna oscura razón, siempre han estado expuestos a la intemperie. Así pues, los poetas soldados de la primera y segunda guerra mundial, los poetas de la vanguardia europea, los poetas malditos del grupo cántico, los poetas norteamericanos de los años setenta, etc. Todos aquellos escritores y escritoras que lucharon en contra de los hombres.
P. ¿Cuántos poemarios tienes publicados hasta el momento y cómo definirías tu trayectoria como poeta?
GdJ. Creo que más que poemarios publicados, me gustaría hablar de aquellos que están aún por escribir y, aquellos otros, que quedaron en el camino. Prefiero hablar de mi vida y de mis experiencias, más que de la trayectoria literaria. Ya que creo, firmemente, que la experiencia vital tiene que ir ligada al discurso poético. El escritor y, sobre todo, el poeta, debe de ser honesto con lo que escribe. Se debe a una serie de valores que debe de respetar, para poder respetarse a sí mismo. Es por ello, por lo que la honestidad en el texto poético es fundamental, para dar credibilidad al discurso poético. No me imagino a un poeta de la guerra civil, hablar de la primera guerra mundial en primera persona. Pero sí me imagino a un Miguel Hernández escribiendo una «Nana a la cebolla», porque su hijo es lo único que tiene para comer. Quizás, es ahí donde el discurso poético cobra mayor profundidad. No sólo hace falta estar cabreado para escribir. Se escriba lo que se escriba. Se diga lo que se diga, debe de ser a partir de la realidad y de la experiencia vivida. Todo lo demás, es parte del fictio o del discurso narrativo. Nada tiene que ver con el texto poético.
P. ¿Hasta qué punto te sientes identificados con poetas clásicos como Jorge Manrique, Cervantes, Garcilaso o Calderón de la Barca?
GdJ. En el discurso. En lo que dicen. En cierta manera, en las vidas que llevaron, donde mostraron, a pesar de las dificultades de la época, que un mundo mejor era posible. La ilustración de la milicia, como punta de lanza de la cultura, junto con otros estratos sociales, contribuyeron en la medida de lo posible, a crear sociedaddes más justas. Y en eso, me hallo.
P. Considerado el «poeta soldado». ¿De acuerdo con esta definición?, ¿qué piensas tú de ella?
GdJ. Es dificil poder explicar esa definición. Sin duda alguna, me siento un poeta soldado, no un soldado poeta. Al igual que milito en la poesía, milito en el milicia. Es para mi un oficio, una religión de hombres honrados. Una manera de vivir, una manera de amar.
P. Podría decirse que tu poesía tiene mucho de relato psicológico, al contar todo lo que viviste en Irak y Afganistán, ¿no?
GdJ. En efecto. La poesía en sí es un género donde la capacidad empática, junto con la pragmática y la amplitud semántica es fundamental. El texto debe de proyectarse desde el interior hacia el exterior, con la finalidad de confluir con los demás seres que tienes alrededor. Creo que sería muy egoísta por mi parte, aceptar ese postulado no científico, al que evocan muchos poetas a escribir para ellos. No les importa en absoluto lo que piense o crea el lector. En ese caso, creo que el distanciamiento de la poesía actual o más reciente con respecto al lector ha sido precisamente por eso. Porque ha existido una manifiesta despreocupación, por parte del poeta, hacia el lector. La poesía, como la vida, debe de ser un punto de confluencia entre seres humanos que en la distancia se necesitan.
P. ¿Cómo fue compaginar tu trabajo como militar en estos lugares con la de escribir poesía?, ¿te sirvió como terapia?
GdJ. Con mucha resignación. La verdad es que no te planteas ir o viajar a esos escenarios para escribir, aunque lo intuyes –recuerda que escribo en legítima defensa-. Pero debo de reconocer que tiene su parte de catarsis. Tiene su parte de purificación, ante una realidad brutal que te rodea y que tienes que drenar, aunque sea a costa de la vida propia.
P. ¿Cómo definirías tu experiencia en ambos países?
GdJ. Se forja una relación de sentimientos encontrados. Por un lado, la miseria y la pobreza y, por otro lado, el íntimo secreto de saber que eres afortunado. Y que el simple hecho de despertarte por la mañana, abrir los ojos y no temer a nada ni a nadie, no tiene precio.
P. En «Afganistán: diario de un soldado» recoges todas tus vivencias en ese país. ¿Cómo surge la idea de recopilar todos estos poemas en un libro?
GdJ. En mi estancia en Irak, quizás por la falta de madurez personal o por no estar preparado en términos literarios para abordar un proyecto como «Afganistán: Diario de un soldado», me quedé con la deuda de escribir in situ todo aquello que viví. Cuando me dieron la orden de desplegar junto con mis compañeros en aquellos territorios, pensé que la mejor manera de abordar aquella nueva situación era por medio de un Dietario. Un formato que me permitía expresar y plasmar mis vivencias siendo honesto y fiel a la realidad que experimentaba. Dejando, en algunos caso, los artificios y recursos estéticos, para dar forma a un discurso, que se preveía muy complicado, y que tenía que respetar a todos aquellos compañeros que, en cumplimiento de su deber, dieron sus vidas.
P. ¿Alguien a quien se lo dediques especialmente?
GdJ. Este diario está dedicado a todos aquellos compañeros que dieron su vida en acto de servicio o en combate. Y, en especial, al Sargento Primero Joaquín Moya y al Sargento Antonio Abril.
P. ¿Tienes algún nuevo proyecto poético en mente o por el momento, seguirás publicando en tu blog?
GdJ. Siempre tienes la mente ocupada en algo. En estos momentos, estoy dedicado en exclusiva al Diario, pero sin dejar de mirar nuevas fórmulas, nuevas propuestas para materializarlas en un futuro que se antoja lejano. Ahora es momento de digerir el diario y con él, las experiencias y dejar que el tiempo haga el resto del trabajo. Ya sabes. El trabajo, el esfuerzo, la vida en sí, debe de seguir su camino, sin forzarla. Aunque siempre hay que dejar espacio para la impronta.
P. ¿Tienes algún recital programado?
GdJ. En principio, en abril presento en Navarra «Afganistán: Diario de un soldado». En mayo, estaremos en el País Vasco. En junio, julio, agosto y septiembre, en Andalucía. Y a finales de año, presentaremos en las Islas Canarias.
Jesús Lorenzo (Rafal, Alicante) es músico, poeta y director de cine. Desde el año 1999 es uno de los componentes de la banda «Dirección Prohibida», pero actualmente se está centrando en el mundo de la música de autor y de la poesía. Además, compagina estos aspectos con el cinematográfico, ámbito en el que ya se ha estrenado con «Todo irá bien».
Pregunta. ¿Cómo empezaste en el mundo de la música?
Jesús Lorenzo. Empecé de bien pequeño. Ya con 10 años estudiaba solfeo y piano en la escuela de música del pueblo. Soy de una localidad que tiene mucha tradición musical y es casi como una religión el que los pequeños estudien música. Yo tuve la fortuna de ser uno mas. Continué en la escuela de música llegando a tocar un instrumento de viento, pero poco después apareció en mi vida una guitarra y se torció todo [risas].
P. ¿De qué manera nace «Dirección prohibida»?
JL. La banda nace hace unos 15 años aproximadamente y yo creo que como casi todas las bandas de rock de adolescentes. Empiezan a mezclarse las primeras inquietudes sociales con la pasión por la música de un puñado de chavales que van juntos al instituto, y un día alguien propone la idea de formar un grupo y mira, a algunos les dura poco el experimento y nosotros aquí seguimos. Con muchos cambios en la formación, pero resistiendo tras un puñado de años, muchísimos kilómetros a las espaldas y cinco discos bien bonitos, aunque esté feo que yo lo diga [risas].
P. ¿Cómo definirías el estilo del grupo?
JL. Pues es que hacemos rock en español, no creo que necesitemos demasiadas etiquetas extrañas. Eso creo que es algo que también ha estado en nuestro favor todo este tiempo, aunque como en todo habrá quien crea que es algo que nos resta. No sé, hay quien lo ha llamado «Rock Poético», «Rock urbano». Al final es el rock de «Dirección prohibida» y tiene eso, que al escucharlo no te recuerda especialmente a ningún otro grupo y estamos orgullosos de ello, ya que es muy difícil aguantar tantos años en un mundo tan duro como es el del rock nacional, sobre todo con una personalidad propia.
P. ¿Qué lo hace especial?
JL. Bueno, quizá, como contaba anteriormente este es un rock bastante puro, sin demasiados alardes complejos, nos gusta ir al grano en cuanto a lo musical, ir a la esencia sin rodeos. Y luego siempre han resaltado las letras de las canciones, que es algo de lo que me encargo personalmente y donde me gusta darle una vuelta de tuerca a las historias y a la forma de contarlas, con mas metáforas y esencia poética y bueno, al final se tiene que notar mi parte de poeta por algún lado [risas].
P. En el mundo de la música, además de al rock, también te centras en la música de autor. ¿Qué tiene de especial cada una y por qué centrarte en estilos a priori, bastante diferentes?
JL. Sí, lo cierto es que la canción de autor siempre me ha gustado. Durante toda mi vida he compuesto canciones de este estilo, casi todas para tocarlas y cantarlas en petit comité. Algunas de mis composiciones, con un estilo más cercano a la canción de autor sí han visto la luz, pero lo han hecho porque han ido saliendo en los discos de la banda. Como por ejemplo, «Por seguir vivo», que contó con la colaboración de Rulo para el disco «Haciendo balance». O las dos que aparecen en el último disco «El sembrao de los necios», como son «La de cerrar los bailes» junto a Kutxi Romero (Marea) o «De valiente», con la colaboración también del genial cantautor Carlos Chaouen, entre otras. Pero lo cierto es que ha llegado un momento de mi vida en el que me apetece dedicarle un poco más de tiempo a las canciones así. De ahí, que me haya planteado ahora sacar unas cuantas canciones nuevas con este estilo al margen de la banda y presentarlas por mi cuenta.
P. ¿Las colaboraciones y los vídeos que subes a tu canal son independientes del trabajo que realizas con «Dirección prohibida»?
JL. Bueno, durante la trayectoria del grupo hemos tenido la suerte de hacer grandes amigos y contar con grandes colaboraciones. He mencionado ya algunas, pero también hemos contado con Vito Iñiguez, de Sinkope o Aris, de Tranfer, entre muchos otros. Todas estas cosas son los regalos y tesoros que nos ha ido dejando el rock. Y bueno, de cara a mi nueva etapa espero también poder contar con colaboraciones de amigos.
P. ¿Y cómo empiezas a introducirte en el ámbito de la poesía?
JL. La poesía es algo que siempre me gustó, desde adolescente era el típico que escribía cosas a la chica guapa de clase, aunque casi nunca se lo hacía llegar [risas]. Y nada, luego llegó el rock, donde encontré la mejor manera de dar rienda suelta a mi creatividad en cuanto a la lírica se refiere. Me sentí muy feliz y realizado por poder juntar dos de mis pasiones y hacerlas una.
P. ¿Cómo compaginas ambas cosas?
JL. Fue un placer y un lujo descubrir que no solo eran compatibles, sino que eran tan necesarias para mi. No concibo ahora mismo una cosa sin la otra. Además, el escribir poesía en el rock me llevó a poder publicar mi primer libro de poemas en el año 2009, con el prólogo además también del gran Kutxi Romero. Fue una experiencia increíble.
P. También te dedicas a la dirección de cine. ¿Tienes algún proyecto entre manos en la actualidad?
JL. Si, tras la genial experiencia de mi último cortometraje «Todo irá bien», me ha llegado la oportunidad de rodar un nuevo proyecto con un equipo más profesional y es una aventura que también tengo muchas ganas de vivir. El rodaje dará comienzo a finales de este mismo mes y tiene por nombre «ANA». Ahora mismo estamos en pleno proceso de pre-producción y con mucha ilusión.
P. ¿En qué ámbito de los tres te sientes más cómodo?
JL. Quizá en la música por llevar mas tiempo con ella, le seguiría la poesía y el cine en tercer lugar, ya que es algo que aunque me apasiona de siempre y en lo que hice mis pinitos de joven, es ahora cuando estoy entrando un poco mas en serio en el mundillo. Aunque disfruto mucho aprendiendo cada día, sí que es verdad que le tengo un poco más de respeto.
P. En cuanto a la poesía, ¿cuáles son tus referentes poéticos?
JL. Pues los tengo desde Bécquer (que fue de los primeros poetas que leí de jovencito), o mi paisano y admirado Miguel Hernandez, hasta autores más contemporáneos como Marwan o el propio Kutxi Romero, por nombrar dos que a priori vienen de mundos distintos. La poesía da igual de donde venga, al fin y al cabo, es poesía.
P. ¿Podrías definir tu poesía en pocas palabras?
JL. Trato de que mi poesía llegue a piel, como un gran amor o un buen orgasmo. Consigo mi objetivo, si en lo que dura el poema la piel reacciona es. Eso intento al escribirla.
P. Tanto en Instagram como en Facebook, cuelgas numerosos poemas. ¿Tienes o piensas recopilar estos versos en una sola publicación?
JL. Ahora mismo estoy preparando mi segundo libro de poemas, que espero que pueda ver la luz en los próximos meses. Contará con muchos de los poemas que voy publicando a diario en mis redes sociales y también con otros muchos inéditos.
Cada persona tiene su propio mundo interior, que no siempre sabe expresar con palabras. Poder hacerlo, y más desde la poesía, puede que sea una de las mejores sensaciones que existan. Hasta las personas más tímidas pueden hacerlo. De hecho, sobre todo ellas. Y es que la sensibilidad va por dentro. «Vértigo» recoge ese mundo interno de su autora, Jennifer Gómez.
Pregunta. ¿Cuándo empezaste a escribir poesía?
Respuesta. Empecé a escribir hace unos siete años, pero hacía más prosa que otra cosa. Y hace dos años descubrí la poesía moderna, gracias a Carlos Salem y Marwan, que es cantante. Me gustó y a partir de entonces, comencé a encaminar mis escritos hacia la poesía.
P. ¿Qué te motivó a publicar tus poemas?
R. Realmente es más una locura que motivación, porque yo siempre he sido una persona muy reservada. Hay mucha gente que sabía que escribía poesía, pero nadie, a excepción de una amiga, me ha leído nunca. Y una noche de insomnio, me puse a transcribir todo lo que tenía y empecé a buscar editoriales para jóvenes. Di con Pentian, porque me acordé de que un chico al que entrevisté había publicado su primer libro con esa editorial. Y mandé el proyecto.
P. ¿Cómo fue el proceso desde que enviaste la obra hasta que te dieron el visto bueno?
R. Primero tienes que registrarte en la página como autor y mandar tu trabajo. Suelen tardar unas tres semanas en responderte, ya que en los primeros siete días valoran el contenido y si les gusta se ponen a hacer la portada. Entonces es cuando se ponen en contacto contigo para decirte que han aceptado el proyecto, y que empiezas con la campaña de crowdfunding. Si no les gusta, a la semana sí que te contestan y te dicen que no es lo que buscan.
P. ¿Qué hay de la portada?
R. La portada la hacen los de Pentian. Al subir el proyecto, pensé que yo sí que podía diseñarla y me puse en contacto con la ilustradora Clara Luna Igelmo, a la que le di unas pautas. Cuando iba a enseñarme los bocetos, desde la editorial me dijeron que ellos se encargaban de la portada, y que si no me gustaba me darían otra opción. De todos modos, la portada actual no será la defintiva, porque quiero que la portada lleve tildes y que tenga otro tipo de diseño más minimalista, con alguna ilustración o dibujo, más que con una fotografía.
P. ¿Por qué «Vértigo»?
R. Porque «Vértigo» es mi palabra favorita. Aparte de la concepción personal que tengo de ella. Tal como explico en uno de los poemas, la definición de la RAE no tiene ningún sentido, porque para mí vértigo es otra cosa.
P. Para acabar, define «Vértigo».
R. Es más una sensación que se produce dentro de nosotros cuando estallas de alegría o cuando te encuentras con una persona que llevas tiempo sin ver, por ejemplo. A mí me produce más vértigo eso, que asomarme a un décimo piso.
La RAE define al «vértigo»
como:
sensación de inseguridad y miedo a precipitarse desde una altura
o a que pueda precipitarse otra persona.
Dime cómo les explico
a todos esos académicos
que el verdadero vértigo
es el que siento yo al verte;
y que la única inseguridad que existe
es la de no saber
cómo decirte que te quiero.
[…]
Y por favor que no hablen de precipicios
si no saben lo que es correr
para no llegar nunca tarde
y que, sin embargo,
todavía no te haya alcanzado a tiempo.
[…]