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  • Juanjo Payá: «Un periodista cultural es todo lo bueno que sean sus reportajes»

    Juanjo Payá: «Un periodista cultural es todo lo bueno que sean sus reportajes»

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    Juanjo Payá (Novelda, 1983) es licenciado en Ciencias de la Información por el CEU de Elche y ha cursado el Máster de Estudios Literarios en la Universidad de Alicante. Actualmente, compagina su trabajo en la sección de Cultura del Diario Información con la subdirección del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert al tiempo que ultima su tesis doctoral. Siempre ha estado vinculado al mundo de la cultura, gracias a la estrecha relación de su familia con el escritor Azorín. Su pasión por las letras y el periodismo lo han llevado a ser quien es hoy como profesional, y quizás también como persona.

    Pregunta. ¿Por qué decidió estudiar periodismo?

    Respuesta. En primer lugar, por mi amor por la literatura. Yo tenía claro que lo que me gustaba era escribir y disfrutar de la literatura. Sabía que el periodismo era una oportunidad de poder dedicarme a ella o, al menos, acercarme al oficio de escritor.

    P. ¿Y qué le llevó a dedicarse finalmente a la sección de Cultura?

    R. Siempre he vivido muy ligado a la cultura y a la literatura, porque he tenido una familia dedicada a ello. Mi padre gestiona los fondos culturales de la Fundación CAM de la provincia de Alicante y trabaja con referentes y legados como el de Carlos Arniches, Azorín, el marino Jorge Juan o el escritor Gabriel Miró. Uno siendo niño apenas lo percibe pero, poco a poco, descubre que existen esos libros y se acerca a ojearlos. Así es como empecé a amar el mundo de las letras y las humanidades. En la carrera, durante los estudios de periodismo, esa inquietud se disparó. Entonces ya todo vino encadenado: la carrera, el máster de Estudios Literarios… hasta hoy, en mi trabajo como periodista cultural del Diario Información de Alicante en una tarea que compagino con la realización de mi tesis doctoral sobre Azorín.

    P. Y de ahí, al periodismo cultural…

    R. Uno no encuentra la vocación de la noche a la mañana. Esto es un proceso de maduración, que va poco a poco. De hecho, recuerdo que el primer día que llegué a la redacción del Diario Información junto a todos los becarios, me acerqué al despacho del director (por entonces, el cargo lo ocupaba Francisco Esquivel) y estuve toda la tarde hablando sobre cultura con él y cuando llegó el momento de asignarnos sección, me dijo: «Juanjo Payá, usted a deportes». Me llamó la atención, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que deportes tiene mucho de cultura en lo que se refiere a redacción periodística. Tiene ciertos aires literarios. Ahí fue donde descubrí a lo que me quería dedicar, hasta que finalmente di el salto a la sección cultural. Había cumplido un sueño.

    P. Desde pequeño, ha crecido muy ligado a Azorín… Además del aspecto personal que le une a él, ¿qué más le motivó a centrar su trabajo de fin de máster y su tesis en él?

    R. Para mí, hay dos «azorines». El Azorín periodista; el Azorín escritor. Aunque él siempre se consideró periodista. De hecho, él era un joven de provincias que quería ser periodista y se marchó a Madrid para hacerse un hueco entre los periódicos más importantes de la época, como El Imparcial. Y lo consiguió.

    Por otro lado, me fascina la originalidad en la redacción de Azorín. Fue original, renovador y revolucionario en su estilo periodístico. Es más, se adelantó al «Nuevo Periodismo» de Tom Wolfe con rasgos como la combinación de la primera y tercera persona en la escritura; la descripción minuciosa de la escena; su lenguaje preciso… Azorín fue un visionario en la manera de entender el oficio periodístico en sus crónicas políticas, de viajes, culturales o de costumbres. Fue un periodista universal, prolífico, que trabajó tantos y tantos temas que solo merece mi admiración y la de otros muchos.

    P. ¿Considera que la figura periodística de Azorín es lo suficientemente reconocida por la sociedad?

    R. Por desgracia, no. Mucha gente vincula a Azorín con la dictadura de Franco. Pero se desconoce que, al final de nuestra Guerra Civil, Azorín regresa a cambio de un silencio. Fue su precio. También se desconoce las cartas que remitía al dictador para permitir el regreso de los republicanos exiliados y el cese de los fusilamientos… No soy un experto en este campo azoriniano, pero Azorín, pese a lo que digan sus detractores, se mojó y se volcó por quienes sufrían.

    Por otro lado, no se le reconoce todo lo que hizo en el apartado periodístico. Él, por ejemplo, cuando escribe La ruta de Don Quijote, que son una serie de crónicas que le encargan en El Imparcial, recorre los pueblos de la Mancha por los que se supone que pasó Don Quijote y entrevistaba a sus gentes y habitantes. Y lo más curioso es que las propias personas que vivían allí en 1905, veían a Don Quijote, a pesar de ser un personaje ficticio. Es una maravillosa narrativa periodística que nos traslada a aquel tiempo.

    P. ¿Hay algún periodista contemporáneo que se parezca, narrativamente, a Azorín?

    R. Lo que suelo decir es que si cogiera ahora mismo un periódico nacional y me pusiera a leer artículos, estoy seguro que más de uno se ha copiado o se ha dejado influir por él. Azorín marcó lo que es una forma de escribir y de entender el periodismo. De hecho, si lees alguna crónica suya, podrías identificarla hasta sin ver su firma. Eso es algo que me gusta de él y que intento trasladar a mi caso personal. La personalidad, la firma y huella, el estilo que aflora en los artículos, nuestra marca personal de periodista, es lo que nos distingue y diferencia de los demás.

    P. ¿Cree que su estilo tiene algo de Azorín?

    R. Sí, claro. ¡Aunque ojalá me pareciera una mínima parte a Azorín! Sí es cierto que la originalidad de Azorín, su estilo, su huella y marca personal de periodista… son lecciones que intento llevar a cabo en mi oficio periodístico.

    P. ¿Qué es lo que más le llama la atención de Azorín?

    R. Además de la originalidad y de esa manera que tuvo de crear el «Nuevo Periodismo», me llama mucho la atención la forma que tiene de rescatar los clásicos «olvidados» de nuestra literatura. Y que también, por cierto, trabaja en la prensa. Su deseo, su objetivo, era difundir también la literatura, y utiliza para ello el canal del periodismo, de los periódicos. Eso es también periodismo cultural. Difundir literatura, arte, música, cine… cultura… por medio de los periódicos.

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    P. Hablando de su tesis, ¿es ésta una ampliación de su Trabajo de Final de Máster?

    R.  Sí. En mi TFM trabajé el periodo azoriniano de 1904–1905, cuando Azorín escribe para El Imparcial. Una época en la que publica los artículos de La ruta de Don Quijote y, por otro lado, La Andalucía Trágica… unas crónicas de denuncia cuando Azorín viaje a Jerez y el campo andaluz y descubre a pueblos sin agua, cultivos y tierras que se mueren, enfermos sin médicos, padres, niños y ancianos pasando hambre… Todo eso lo vuelca en unas crónicas durísimas contra la clase política que chocan con los intereses de los propietarios de El Imparcial, lo que motiva su despido.

    Tras este análisis, he decidido volver a los orígenes de Azorín para mi tesis. Los literarios y, también, los periodísticos. De ahí el campo principal de mi investigación, y donde cabe la esencia de un Azorín comprometido, de denuncia, original, renovador y revolucionario con su periodismo.

    P. ¿Cuándo empezó a trabajar en el Diario Información?

    R. Este verano del 2016, serán doce años en Información, que es el periódico referente en mi provincia. Hoy por hoy, y a diferencia de la época de Azorín, para trabajar en un buen medio y ganarse la vida no hace falta buscarse la vida en la capital. Comencé mi carrera en Información en la sección de Deportes, donde aprendí mucho (primero con Vicente Crespo como jefe, después con Toni Cabot). Pero mi verdadero camino siempre fue el periodismo cultural, de hecho siempre que podía, intentaba colaborar con ellos, con algún artículo o alguna crítica literaria. Así estuve hasta que un año el director me llamó y me comentó que necesitaba a alguien en cultura, y que contaba conmigo porque le gustaba mi perfil. Y ya han pasado diez años desde entonces.

    P. ¿Por qué cree que la sección de Deportes bebe también de la de Cultura?

    R. Cuando me dijeron que comenzaría en la sección de Deportes, lo primero que hice fue empaparme de lo que se estaba haciendo. Me dedicaba a leer las crónicas de Santiago Segurol, que trabajaba en El País, para informarme. José Sámano, Orfeo Suárez… periodistas que aportan un toque musical, y muy literario, a sus textos deportivos. Descubrí entonces una manera de indagar en estas crónicas y de atrapar al lector. Todo muy fácil, tiempo después, para trasladar al periodismo cultural.

    P. ¿Qué tiene la cultura que no tenga otra sección de cualquier periódico?

    R. Es una pregunta difícil. Siempre tuve claro que quería una profesión que me llenara y me enriqueciera como persona. Y eso me lo ha dado la cultura. Es cierto que a veces el ejercicio de la profesión nos ciega y nos estresa, pero yo en el periodismo cultural he encontrado ese espacio que para mí es un bálsamo.

    P. ¿En qué consiste su rutina diaria como periodista cultural?

    R. Buscar temas. Un periodista cultural es todo lo bueno que sean sus reportajes. El periodismo no es copiar y pegar. En la sección de Cultura del Diario Información, dedicamos la primera, segunda y tercera página, sino más, a temas que buscamos los periodistas. Eso es algo que nos diferencia y distingue de los demás medios. Temas que hablan de lo que les preocupa o interesa a nuestros lectores, de Alicante y provincia.

    Mi rutina, que no lo llamaría así, es buscar temas culturales. Escribo un día de videojuegos, otro de literatura, mañana de móviles, pasado de cómics, y puede que también de teatro, música, cine o lo que sea. La cultura ha evolucionado, ha sufrido un cambio radical, y se ha expandido en muchos otros campos especialmente influenciada por las nuevas tecnologías.

    P. ¿Cómo se realiza la selección de temas culturales en el periódico?

    R. Los temas los marca el redactor-jefe en coordinación con el resto del equipo. Se evita saturaciones de un mismo tema y se marca una planificación (ahí incide también la agenda mediática de esa semana). Aunque la previsión puede cambiar por un “última hora”. Los temas alicantinos y provinciales (nos debemos siempre a nuestros lectores) se combinan con los nacionales o internacionales que proceden de agencias como EFE o Europa Press (y que editamos los periodistas). (más…)

  • “El periodisme ajuda a canviar els esdeveniments”

    “El periodisme ajuda a canviar els esdeveniments”

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    Ha treballat en Onda Rambla i Onda Cero. De Cadena Ser ha sigut redactora d’informatius, cap de la secció de Societat i cap d’informatius en Barcelona. Mònica Peinado Molina (Monòver, 1975) porta des dels 18 anys treballant per arribar on ha arribat. Actualment, és responsable de la informació de Barcelona, Infraestructures i Mobilitat de Cadena Ser.

    Pregunta. Per què estudiar periodisme?

    Resposta. Ara mateix per les oportunitats laborals no…És, més bé, una professió vocacional. En general, no està ben pagada, ni té uns horaris estables. Però dona l’oportunitat d’explicar les coses, acostar-te a llocs, persones i esdeveniments, denunciar injusticies i, a més, ajuda a transformar la realitat. A més, arriba a influir en la societat.

    P. Com és un bon periodista?

    R. Ha d’actuar amb rigor. Ha de parlar amb totes les parts implicades i ha d’oferir un relat que s’aproximi a la realitat. Á més, no val explicar el que ens han dit en roda de premsa i ja. Hem d’anar més enllà. Contar el que passa de veritat. I hem d’estar preparats per saber-nos moure i comunicar a través de tots els canals. Això inclou les xarxes socials.

    P. De quina manera ha canviat el periodisme des de que va començar a estudiar fins ara?

    R. L’essència és la mateixa. El periodista ha d’explicar les coses que passen tant objectivament com pugui. Sabem que l’objectivitat 100 % no existeix, però l’obligació de qui transmet notícies és contrastar les informacions i parlar amb tots els implicats per a donar una imatge més aproximada a la realitat. El que sí que ha canviat són les eines amb les que treballem. A nivell de documentació, els buscadors d’internet ens faciliten molt la feina perquè ens permeten accedir de forma ràpida a documents, entre altres coses.

    P. I en el cas de la ràdio?

    R. En la ràdio, els avenços tecnològics ens han donat també molts avantatges. Una persona amb un telèfon pot anar a buscar la noticia i passar-la de forma inmediata amb una qualitat de so que abans era impensable. A diferència del que passava fa uns anys, les informacions tenen un període de vida molt curt.

    P. Els periodistes són tan influents? Creu que la gent us castiga molt si us equivoqueu?

    R. Hi ha periodistes més influents que altres. Crec que depèn de la trajectòria que hagin tingut i del respecte que s’hagin guanyat. També depen molt del mitjà en el que treballen. Quan hi ha errors, crec que no ens castiguen especialment, a no ser que l’error hagi estat fet de mala fe. Però és evident que el periodista s’exposa cada dia amb la seva signatura, la seva veu o la seva cara, i pot ser criticat per altres periodistes o pels ciutadans.

    P. Els periodistes ess deixen manipular fàcilment pels grans poders?

    R. Crec que en general, no. Però sí que hi ha pressions a la direcció del mitjà que, a vegades no tenen cap efecte, i d’altres sí i s’arriben a traslladar als periodistes.

    P. Tenint en compte la situación espanyola actual (vagues, escraxes, manifestacions, desnonaments…), són els medis de comunicació  considerats amb la causa?

    R. Els mitjans de comunicació han d’explicar el que està passant i denunciar allò que , des del punt de vista dels valors que defensen, no és acceptable. És evident que són també un negoci i volen guanyar diners. En funció de la línia editorial, els mitjans abanderen algunes causes i critiquen el que consideren denunciable.

    P. Com ha de reaccionar un periodista davant situacions instantànees i “polèmiques”? Com la de Sigfrid Soria a Twitter, que de seguida eixí en Cadena Ser parlant.

    R. La ràdio és immediatesa. La capacitat de reaccionar ens ha diferenciat tradicionalment d’altres mitjans com els diaris o la televisió, i no hem de renunciar a aquest avantatge. Quan es produeix un fet com aquest, intentem parlar amb els protagonistes.

    P. Al llarg de la seua carrera, haurà tingut situacions compromeses. Com ha eixit d’elles?

    R. Els moments més difícils es produeixen al instant de donar una notícia incòmoda. Les trucades es multipliquen: la del cap de premsa, la del secretari, la del seu col.laborador, la del propi protagonista…Tots intenten fer-te creure que no ho has entés prou bé, i que això que expliques no és així. Per això, és important tenir ben lligats els extrems de les informacions.

    P. Alguna d’aquestes experiències es pot contar?

    R. Un dels moments més complicats, va ser durant el Ple del Parlament que analitzava l’esfondrament del barri del Carmel de Barcelona. Pasqual Maragall va dir que Convergència i Unió cobrà el 3% de comissions de les constructores. Tots ens vam sorprendre molt per les seues paraules. Jo sense temps per pensar-ho, vaig explicar en directe que el President de la Generalitat estava acusant CiU d’haver cobrat diners il.legalment.

     


     

    Ha trabajado en Onda Rambla y Onda Cero. De Cadena Ser ha sido redactora de informativos, directora de la sección de Sociedad y directora de informativos en Barcelona. Mónica Peinado Molina (Monóvar, 1975) lleva desde los 18 años trabajando para llegar donde ha llegado. Actualmente, es responsable de la información de Barcelona, Infraestructuras y Movilidad de Cadena Ser.

    Pregunta. ¿Por qué estudiar periodismo?

    Respuesta. Ahora mismo, por las oportunidades laborales no. Es, más bien, una profesión vocacional. En general, no está bien pagada, ni tiene unos horarios estables. Pero da la oportunidad de explicar las cosas, acercarte a lugares, personas y acontecimientos, denunciar injusticias y ayudar a transformar la realidad. Además, influye en la sociedad.

    P. ¿Cómo es un buen periodista?

    R. Tiene que actuar con rigor. Debe hablar con todas las partes implicadas y debe ofrecer un relato que se aproxime a la realidad. No vale explicar lo que nos han contado en las ruedas de prensa y ya. Debemos ir más allá. Contar lo que pasa de verdad. Y debemos estar preparados para saber movernos y comunicar a través de todos los canales. Eso incluye las redes sociales.

    P. ¿De qué manera ha cambiado el periodismo desde que empezó a estudiar hasta ahora?

    R. La esencia es la misma. El periodista debe explicar las cosas que pasan tan objetivamente como pueda. Sabemos que la objetividad 100% no existe, pero la obligación de quien transmite las noticias es contrastar las informaciones y hablar con todos los implicados para dar una imagen más aproximada de la realidad. Lo que sí ha cambiado son las herramientas con las que trabajamos. A nivel documental, los buscadores de internet nos ayudan mucho, porque nos permiten acceder rápidamente a documentos, entre muchas otras cosas.

    P. ¿Y en el caso de la radio?

    R. En la radio, los avances tecnológicos nos ha dado también muchos adelantos. Una persona con un teléfono puede ir a buscar la noticia y pasarla de forma inmediata con una calidad de sonido que antes era impensable. A diferencia de lo que pasaba hace unos años, las informaciones tienen un periodo de vida muy corto.

    P. ¿Los periodistas son tan influyentes?, ¿cree que se les castiga demasiado si se equivocan?

    R. Hay periodistas más influyentes que otros. Creo que depende de la trayectoria que hayan tenido y del respecto que se hayan ganado. También depende del medio en el que trabajen. Cuando hay errores, creo que no nos castigan especialmente, al no ser que el error lo hayan hecho a mala fe. Pero es evidente que el periodista se expone cada día con su firma, su voz o su cara, y puede ser criticado por otros periodistas o por los ciudadanos.

    P. ¿Los periodistas se dejan manipular fácilmente por los grandes poderes?

    R. Creo que en general no. Pero sí que hay presiones de la dirección del medio que, a veces no tienen ningún efecto, pero otras sí, si se llegan a trasladar al periodista.

    P. Teniendo en cuenta la situación actual española (huelgas, escraches, manifestaciones, desahucios,…), ¿están siendo los medios considerados con la causa?

    R. Los medios de comunicación deben explicar lo que está pasando y denunciar aquello que, desde el punto de vista de los valores que defienden, no es aceptable. Es evidente que también son un negocio y quieren ganar dinero. En función de la línea editorial, abanderan unas causas y critican lo que consideran denunciable.

    P. ¿Cómo ha de reaccionar un periodista ante situaciones instantáneas y polémicas? Como la Sigfrid Soria en Twitter, que en seguida salió en Cadena Ser hablando.

    R. La radio es inmediatez. Eso es lo que nos ha diferenciado tradicionalmente de otros medios como los periódicos o la televisión, y no debemos renunciar a esta ventaja. Cuando se produce un hecho como este, intentamos hablar con los protagonistas.

    P. A lo largo de su carrera habrá tenido situaciones comprometidas. ¿Cómo ha salido de ellas?

    R. Los momentos más difíciles se producen al instante de dar una noticia incómoda. Las llamadas se multiplican: la del jefe de prensa, la del secretario, la de su colaborador, la del propio protagonista…Todos intentan hacerte creer que no has entendido bien y que eso que explicas no es así. Por eso, es importante tener bien ligados los extremos de las informaciones.

    P. ¿Alguna de estas experiencias se puede contar?

    R. Uno de los momentos más complicados fue durante el Pleno del Parlamento, que analizaba el derrumbamiento del barrio del Carmel de Barcelona. Pascual Maragall dijo que Convergència i Unió cobró el 3% de las comisiones de las constructoras. Todos nos quedamos sorprendidos por sus palabras. Sin tiempo para pensar demasiado, tuve que explicar en directo que el Presidente de la Generalitat estaba acusando a CiU de haber cobrado dinero ilegalmente.

  • Adaptarse o morir

    Adaptarse o morir

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    Miguel de Unamuno, Ramón María del Valle-Inclán, Vicente Blasco Ibáñez, Ramiro de Maeztu, Antonio Machado, Pío Baroja, y por supuesto, Azorín son solo algunos de los escritores que pertenecieron al grupo de la Generación del 98. Todos ellos eran unos intelectuales en el ámbito de las letras. Por la etapa en la que vivieron, sus escritos y ellos mismos estuvieron marcados por una crisis moral, política y social generada por la pérdida de las colonias hispanas en Sudamérica. Es por eso que escribieron sobre el regeneracionismo y defendieron ciertas posturas con un tono hipercrítico.

    José Martínez Ruiz, alias Azorín, no se escapó. Al menos en sus primeros años. De Azorín conviene recordar que fue el autor de esta generación más longevo, tras Manuel Gómez-Moreno. Con los tiempos que corrían, la única manera de vivir más años (dejando a un lado la genética) era acostumbrarse al régimen y no meterse con nadie. Así que, la filosofía de la época se resumiría en esta frase: adaptarse o morir.

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    Azorín fue uno de los (pocos o muchos) intelectuales que dio bandazos políticos. El monovero escribió a favor de casi todas las ideas políticas. De hecho, su interés por las ciencias políticas hizo que se inmiscuyera en numerosos partidos para escribir “desde dentro”, en primera persona. Sin embargo, se asqueó y se marchó indignado por la parafernalia que envolvía este mundo. En realidad, el escritor fue un visionario, porque el enfado que mostró por la política de esa época, es el que muestra la mayoría de la población por la actual situación con los políticos.

    En referencia a esos bandazos ideológicos, dice Juanjo Payá, periodista y estudioso de Azorín, que los intelectuales están en todo su derecho de cambiar de ideología y moverse de un lado político a otro. Es una manera de ver y de pensar sobre lo que ocurre a su alrededor, de verlo desde diferentes ángulos, pero con un mismo estilo literario.

    Caso aparte es la dictadura. Según Andrés Trapiello, hay que entender la parte humana de los cambios ideológicos de los autores como Azorín, que vivió la pérdida de las colonias españolas en América, la I Guerra Mundial, el Crack de la Bolsa de Nueva York, una II Guerra Mundial, una Guerra Civil, una dictadura y los inicios de la democracia española. Durante el franquismo, José Martínez Ruiz era ya muy mayor, y exiliarse hubiera supuesto morir fuera de su patria y caer en el olvido como periodista y escritor. Habría sido vetado en España por exiliarse, su legado se habría quedado perdido en un lugar extranjero. De esta manera, pensó que callarse en ciertos aspectos políticos era lo mejor para poder estar los últimos años de su vida y morir en su país. Otros compañeros intelectuales como Francisco Ayala o Francisco Umbral se lo echaron en cara. Tal vez pensaran que un escritor debía morir por sus ideales o marcharse para no sentirse cohibido. Pero Azorín quería sobrevivir, comer. Así que, si eso suponía aceptar el régimen (que no defenderlo), lo haría. Y así fue.

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    Los inicios de José Augusto Trinidad Martínez Ruiz como periodista se dieron en el diario El País, en el año 1896. Escribía artículos muy revolucionarios, con ideas anarquistas, republicanas y federalistas. Sus escritos en el diario llegaron a ser polémicos en medio de una sociedad regida por un gobierno más bien conservador. Criticó y puso en duda valores sociales como vienen a ser el matrimonio y la propiedad. Por eso mismo, fue despedido a los tres meses. Se alejó demasiado de los ideales políticos del periódico, que aunque era de carácter republicano y anticlerical, no quería ser el centro de atención por publicar artículos de tal calibre.

    En La Vanguardia trabajó durante 14 años, de 1904 a 1918. El periódico fue creado en 1886 por los hermanos Godó, pero en él, el político Práxedes Mateo Sagasta estuvo inmiscuido. Por tanto, el periódico nació con un carácter liberal- progresista. Pero, poco a poco, se ha transformado en un diario más conservador.

    Posiblemente, este medio fue la base de la consolidación de Azorín como articulista, por la cantidad de textos que escribió y publicó, alrededor de unos 600. En sus inicios, el ilustre escritor mostró su faceta más anarquista. El interés del periódico por Azorín surgió a raíz de la publicación de La Voluntad. Esta novela, alejada del naturalismo de la época, plasma la situación de una España que en un siglo no había cambiado absolutamente en nada.

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    Uno de los artículos del monovero versa sobre los dirigentes de la época. De hecho, se llama “Los políticos”. Es llamativo el contraste entre lo que describe y pensaba Azorín el 25 de julio de 1916 en La Vanguardia sobre los gobernantes, a lo que sucede hoy día con ellos. En este artículo, el escritor de Monóvar ensalza la figura del político como un personaje público del que todo el mundo habla y al que todos juzgan si se equivoca, cuando él en realidad cree que los políticos son “románticos y generosos” y entregados a la vida de la ciudadanía. Hoy en día, los dirigentes españoles están bastante mal considerados, todo ello, producto del descontento de la sociedad. Visto el artículo, se puede decir que está bastante alejado de la postura del Azorín anarquista y revolucionario del principio. Se puede observar, pues, a un Azorín más relajado, prudente y sosegado.

    Por otra parte, entre los años 1914 y 1947 se dedicó a escribir en ABC. Es curiosa la cantidad de años que trabajó para el diario de Torcuato Luca de Tena, pero hay que matizar que lo hizo de manera intermitente. ¿Por qué? ABC es un periódico conservador y monárquico. En 1930, cae el rey Alfonso XIII y se instaura la II República española. Por tanto, los 25 años de trabajo del literato en ABC caen en saco roto. A partir de entonces, se suceden diversos hechos: seis años bajo mandato republicano y posterior guerra. Azorín aprovecha para recuperar sus pensamientos progresistas iniciales y marcharse a Francia durante la guerra. En 1941, adopta de nuevo ideales conservadores que le permiten regresar a este diario. He aquí, posiblemente, su afán por no ser olvidado en un país ajeno al suyo y la aceptación del régimen franquista y de las ideas de este diario. Fue corresponsal de guerra de este periódico durante la I Guerra Mundial. De hecho, recientemente se han recuperado 29 artículos escritos por él en el año 1918, cuando estaba en Francia visitando a los ejércitos aliados. El objetivo era recoger las impresiones y analizar la intervención de Estados Unidos en el conflicto. Según José Luis Vicente Ferris, director de publicaciones del Instituto Juan Gil Albert, el trabajo de Azorín en este espacio de tiempo «se tradujo en unos textos que por su contenido no cayeron bien en determinados círculos intelectuales de la época». Aun así, el desconocimiento de la población sobre EEUU, hizo que no le prestaran atención.

    Obviamente, de Azorín se podrán decir muchas cosas. Se puede pensar que era un interesado o un vendido por no “mojarse” por una tendencia concreta a lo largo de su enorme trayectoria, pero no se debe juzgar sin conocer: que escribiera por y para todos los pensamientos políticos tampoco es horrible. Hay que saber situarlo en el contexto en el que vivió y saber entenderlo. Pero sobre todo, y más nosotros que estudiamos periodismo, hay que reconocer el valor de esta figura que supo recoger la realidad española de su tiempo desde todos, absolutamente todos, los puntos de vista, escribiendo cada vez desde una ideología diferente.

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