Hay noches que sabes que se convertirán en inolvidables, hay conciertos a los que regresarías una y otra vez sin dudar. El de León Benavente y Él Mató a un Policía Motorizado en el Noches del Botánico, el pasado jueves 23 de julio, es sin duda alguna, uno de ellos. La sinergia entre ambas bandas se planteaba increíble y, desde luego, no decepcionaron ni un poquito. ¿Cómo iban a hacerlo dos bandas de su talla? Imposible.
Con una puntualidad suiza, los primeros en saltar al escenario del Jardín Botánico fueron los argentinos Él Mató a un Policía Motorizado. Adelantándose unos cuantos meses y haciendo un poco caso omiso a la época estival, arrancaron con la «Navidad de los santos», salvada por «El héroe de la Navidad». Un inicio de concierto que estuvo marcado por el fervor de un público entregadísimo, que demostró que más que un «Diamante roto», lo que merecían era una «Medalla de oro». Aunque para oro el de la «Chica rutera» que, cada «Sábado», viene a recomendarnos «Nuevos discos» como si de «El tesoro» se tratara. Más de una hora de directazo, que se convirtió en toda una oda a «Mujeres bellas y fuertes» y a aquel «Amigo piedra», el único capaz de levantar la espada de «Excalibur». Y es que en «El mundo extraño» en el que vivimos, necesitamos canciones como estas, igual que necesitamos un «Yoni B» que encima el «Fuego», que nos reafirme en el «Ahora imagino» y que nos adentre en «Mi próximo movimiento» hacia la «Chica de oro».
Por supuesto, la noche no podía acabar sin el concierto de León Benavente quienes, con una energía desmedida, comenzaron con el «Úsame/Tírame» con el que nos sumergen de lleno «A la moda». Absolutamente «Nada» de lo que nos pasara en aquella hora y media de concierto, podría habernos impedido cantar a pleno pulmón «Ama» o desear ser tan ligeros «Como la piedra que flota». Porque cada fragmento, cada estribillo de los leones es una invitación a seguir adelante, es un grito de guerra que lleva por título «Ánimo valiente». Nadie como ellos para hacernos viajar sin apenas movernos del sitio, bien sea a «La ribera» o la «Habitación 615», en la que han sucedido mil cosas imposibles de nombrar. Aunque, sin duda alguna, lo más «Mítico» fue sumergirse en aquel «Baile existencialista». Aunque también hubo espacio para la poesía del «Tipo D», que nos recitó de principio a fin «Su verso». Y justo cuando pensábamos que «La aventura» estaba llegando a su fin y creíamos que estábamos en la «Gloria», a pesar de que aún nos pesaba aquello de «Ayer salí», decidimos juntarnos en comunión. Decidimos «Ser brigada» y darnos un último capricho «En el festín».
Definitivamente, han pasado cuatro días y todavía estamos regocijándonos en aquella noche, que se quedará para siempre grabada en nuestra mente. Que se convertirá en la gran fiesta y celebración que fue. ¿Alguien más lo vivió como nosotras?