Tiene una magnetismo fuera de serie, que se contagia y se respira cada vez que se sube al escenario. No podíamos hablar de otra persona que de Nat Simons que, el pasado jueves 19 de marzo, arrasó en la Sala Changó de Madrid con su álbum «Pregúntale a Sarah Connor». Un trabajo discográfico con el que la artista madrileña ha continuado con su estela, fiel a su estilo y rompiendo todo tipo de barreras. Y es que nadie como ella para llevar por bandera el rock más clásico en castellano. Una propuesta brillante y arrebatadora, muy diferente a lo que podemos encontrar en la escena musical más afín.
Con una actitud y una estética de lo más setentera, vestida de azul y con unos pendientes al más puro estilo Bowie, Nat Simons saltó al escenario montada en su «Delorean» y más que dispuesta a enamorarnos con su presencia y su música. Una constante que se mantuvo durante todo el concierto, una constante que fue creciendo con la llegada de temas como «Ojos del peligro», «Quién lo impide», «Macabro plan», «Verano del 96», la preciosa «Pequeña guerrera estelar», «Efímero», «Tan extraño para mí» o «Llamas de dragón». Una pequeña gran montaña rusa emocional en la que no faltó absolutamente nada. Un viaje en el que la madrileña, además, estuvo acompañada por su fiel escudero y amigo José Ignacio Lapido. Un concierto finito que, incluso cuando parecía que había acabado, nos regaló dos himnos increíbles como son «Más que todo lo demás» y «Big Bang».
Sin duda alguna, este será uno de los conciertos que recordemos con mayor cariño. Porque con estela, talento y presencia se nace. Y Nat Simons lo tiene absolutamente todo para llegar donde quiera llegar. Ya lo ha demostrado con su actitud felina y con su particular manera de observar el mundo, completamente alejada de esquemas y de patrones. Precisamente por eso nos ha enamorado tanto su proyecto musical.








