La vida es una montaña rusa de emociones que fluctúan, que pasan y desaparecen. Y, por supuesto, es mucho menos complicada si dejamos que la música de La M.O.D.A nos acompañe. Así lo lleva haciendo desde hace años, aunque muy especialmente desde octubre, momento en el que lanzaron «San Felices». Un trabajo discográfico que nos ha atravesado por completo y nos ha emocionado de principio a fin. Así que, ¿cómo no íbamos a acompañarles en este viaje? Un viaje que pasó el pasado domingo 22 de marzo por Madrid, en la que fue su octava y última Riviera.
En un universo en el que «San Felices» ha quedado grabado a fuego en «Letra Helvética» en aquel «Alsa pa Madrid» en el que nos replanteamos la vida, y justo cuando «La inmesidad» parecía habernos atrapado, fuimos capaces de encontrar «Una canción para no decir te quiero». Una de las frases más duras a las que nos hemos tenido que enfrentar y que ha hecho que nos lleven los «Mil demonios» ante la imposibilidad de ver «La vida en rosa». Una de las frases más duras, que tan sólo fuimos capaces de olvidar cuando «La vieja banda» nos transportó a «Los tiempos que vivimos», aquellos en los que gritar a los cuatro vientos «No te necesito para ser feliz» era lo único que nos deshacía el nudo en la garganta.
Unos tiempos distintos, una época que aunque lejana, nos hacía sentir tremendamente en paz. Acompañando a «La molinera» en la época de «PRMVR» a través de la ruta de las «Catedrales». Jugando con infinitos «Vasos vacíos», sintiéndonos infinitos como si nos viéramos «Desde Marte». «Subiendo como el Chava Jiménez». Cantándonos al oído aquello de «Si bailas, bailo». No preocupándonos si alguien nos pedía «Píntalo todo de negro» y tratando de ver la luz a cualquier tipo de problema. Con el ímpetu de quien todavía es demasiado joven y osado, disfrutando de «Hay un fuego», viajamos como verdaderos «Nómadas» hasta llegar a «Miraflores».
Aunque para tiempos distintos, los que vivimos a través de la vista de nuestros abuelos en «1932». Nuestros verdaderos «Héroes del sábado» y por los que merece la pena decir siempre «Mañana voy a Burgos». Porque seguir pasando tiempo con ellos es un auténtico regalo.
Es tremendamente complicado escoger un solo concierto en el que quedarse a vivir. Pero La M.O.D.A siempre es una buenísima opción. Nostalgia, emoción, hermandad y resiliencia en un mundo que, en muchas ocasiones, se muestra hostil y frío. Nadie como ellos para calentarnos el corazón y pellizcarnos el alma. Nuestro hogar y espacio seguro al que poder regresar siempre.









