Diez años después de dar sus primeros pasos, El Iceberg firman su regreso. Un regreso que ha comenzado con la llegada de sus dos primeros adelantos («Azúcar Glass» y «Madrid»), que dará un gran paso al frente en la sala Siroco y que culminará con su primer trabajo en español. Un regreso que nos mostrará una nueva faceta de la banda que, lejos de las etiquetas y lo que se espera, se mostrarán más ellos que nunca. Hace algunos días, charlamos sobre los próximos pasos de la formación.
P: Lo primero, gracias por este ratito y por pasaros por Verdadera Locura. Quiero aprovechar que estáis aquí para empezar a hablar de los dos temas nuevos que acabáis de publicar: «Azúcar Glass» y «Madrid». ¿Cómo llegan un poco al universo de El Iceberg?
R: «Azúcar Glass» llegó hace más de un año. Estábamos ensayando en el Observatorio y un día, después del ensayo, tomándonos unas cervezas, Adri empezó con el «teñir de rosa toda la mierda, qué suerte, qué felicidad». Una frase que sirvió como arranque de todo y que grabamos con el móvil, aunque es verdad que ha pasado por mil procesos hasta llegar a lo que es ahora. Escuchábamos hace poco las demos de los primeros ensayos y no tiene nada que ver. La energía es la misma, pero claro, ha pasado un año y pico, y se nota el proceso.
En cambio, «Madrid» fue súper rápida, muy espontánea. Surgió de un flash, de estar en el local, empezar a construir sobre un ritmo y tirar. En dos ensayos la teníamos casi hecha. De hecho, la acabamos dos semanas antes de grabar. Fue como: «bueno, tenemos esto» y, de repente, estaba lista.
P: Llegan además como en un momento de regreso de la banda, diez años después. ¿Cómo ha sido volver?
R: Es un poco el reinicio o el año cero. Toca volver a arrancar, diez años después de aquel EP y ahora en castellano. Es bonito, porque nos hemos reencontrado una década después. Somos las mismas personas, pero no pensamos igual. Nos escuchamos más. Nos respetamos más. El proceso de creación y de amistad es más bonito. Hemos estado mucho tiempo parados como grupo, pero no como personas. Cada uno ha adquirido experiencia vital, no sólo musical. De vida, de trabajo, de todo.
Y lo del idioma cambia mucho. Mi pareja es anglosajona y siempre dice que no somos los mismos dependiendo del idioma en el que hablamos. Y es verdad. Cantar en español cambia el cómo te expresas. De hecho, ahora nos sentimos más de aquí. No sabemos si lo estamos haciendo todo lo bien que deberíamos, pero el cambio de idioma ya ha hecho mucho.
P: A nivel sonoro, ¿qué influencias os están marcando ahora?
R: Esa pregunta no nos mola mucho (risas), pero la entendemos. Escuchamos de todo. Desde punk hasta rap, rock más british de los 90, cosas más duras. Cada uno trae lo suyo. Hay nexos en común, claro, pero somos muy dispares. Por ejemplo, hay mucha influencia del punk y del rap en el mensaje más irónico. La batería tiene mucha presencia, muy contundente. Luego también hay progresiones más británicas. Es una amalgama.
Pero no queremos que nos señalen y digan «os parecéis a tal». Si nos recuerdan a algo, que sea a muchas cosas distintas dependiendo de la canción. Eso es lo que nos define ahora.
P: Entonces, ¿lo que viene seguirá seguirá la línea de estos primer singles?
R: Vamos a sacar un álbum, unas diez u once canciones. Va a haber homogeneidad, pero no significa que todo suene igual. Tenemos canciones como «Madrid», que es más lenta; otras como «Azúcar Glass», más cañera; y otras como «Gasolina» o «Veneno», que rozan el punk o lo sobrepasan. No nos atamos a un género. Nos ceñimos al molde de El Iceberg. Y aunque haya contrastes fuertes, no suena disonante. Eso es lo difícil. Hacer cosas distintas pero que siga siendo reconocible.
P: ¿Qué hilo común tienen todas estas canciones?
R: La libertad. Porque «Desertor» habla de irte, de escapar. «El Rey de los Locos» habla de que si te llaman loco, te da igual. «Madrid» habla de esa libertad de salir, perderte, incluso pasarte de la raya. «Azúcar Glass» tiene ese descontento con todo.
Todas tienen un trasfondo parecido. Hablamos de lo que vivimos. Desde lo que pasa en nuestra casa hasta lo que pasa en el mundo. No se puede escapar de lo que vivimos, y eso se cuela en las canciones.
P: El 5 de marzo tocáis en Siroco con todas las entradas ya agotadas. ¿Cómo lo estáis viviendo?
R: Agradecidos. Para Dani es fuerte, porque lleva dos años tocando la batería y prácticamente ningún concierto como tal. Pasar de ensayar entre nosotros a un sold out en Siroco es impactante. Pero más que agobio, es emoción. Si se ha vendido es por algo. De hecho, el concierto en Cáceres el año pasado fue una prueba de fuego. Volvimos de ahí sabiendo que queríamos más. Nos encanta ensayar, grabar, pero el directo es donde mejor nos expresamos. Lo era hace diez años y lo sigue siendo.
P: Si tuvierais que elegir una canción que represente mejor el momento en el que estáis, ¿cuál sería?
R: Depende del momento, ahora mismo podría ser «Azúcar Glass», «Madrid» o «Mundo Gris». Tenemos una canción para cada estado. Cuando ensayamos, se nota que ese día conectamos más con una u otra. Todas hablan de nuestras vivencias, depende de cómo estemos ese día.
P: Y para cerrar y conectar de alguna manera con el nombre de la web, ¿cuál es la verdadera locura que habéis cometido por la música?
R: Empezar a tocar la batería sin saber casi nada y meterte en un grupo. Viajar de empalme de bolo en bolo sin dormir. Confiar en que algún día volveríamos a encontrarnos. Y, quizá, la mayor locura es esta: volver diez años después y sentirnos más felices que nunca tocando juntos.