Despedir el año 2025 con uno de los conciertos que más nos ha marcado fue, sencillamente, increíble. Y es que el pasado 17 de diciembre, el artista Nil Moliner aterrizaba de lleno en el Movistar Arena de Madrid para despedir por todo lo alto su último trabajo discográfico, «Lugar paraíso». Un concierto que estuvo repleto de magia y de buen rollo, una esencia que él mismo transmite en sus propias canciones. Una esencia que, a su vez, adquiere una nueva dimensión en todos y cada uno de sus directos.
Una cita en la capital que comenzó puntual y bajo una frase tan real como certera. «Todo empezó así: un la guitarra, un micrófono y una ilusión», exclamaba. Justo antes de meterse de lleno en muchas de sus canciones que ya se han convertidos en himnos. Desde «Dos primaveras» hasta «Me quedo», pasando por «Good Day», «Mi bandera», «Por última vez», «Enséñame», «Meneito», «Soldadito de hierro», «Libertad», «Ara», «Luces de ciudad», «Tu cuerpo en braile» o «Vuela alto».
Toda una montaña rusa de emociones, en la que conectó de manera especial e implacable con su público. Tanto que con «Hijos de la tierra», «Sin tu piel» y «El despertar» se metió entre todos los asistentes para cantar con ellos; al igual que «Con esperando», momento en el que todas las personas ubicadas en la pasarela tomaron el control para ser ellas quienes cantaran a pleno pulmón. Aunque para emoción a flor de piel, la que sentimos cuando interpretó «Mejor así» junto a un gran coro que se subió al escenario con él. O cuando nos regaló, en exclusiva, «He pensado en ti». Un tema inédito que no ha visto la luz todavía y que nos hizo vibrar, además de ponernos la piel de gallina.
Por no hablar del sentido homenaje que Nil Moliner quiso rendir a dos grandes de nuestra escena musical. Y es que se arrancó con «Por la boca vive el pez» de Fito & Fitipaldis; y con «Puede ser» de su querido amigo Dani Martín. Dos versiones que hizo muy suyas y con las que el estadio terminó de caerse.
Sin duda alguna, la noche del 17 de diciembre se quedará para siempre grabada en nuestra memoria, en nuestro corazón y en nuestra piel. La reviviremos cada vez que necesitemos una buena dosis de energía. Y es que Nil Moliner nos hizo uno de los mayores regalos que podía hacernos con su música.