Bambikina: «Componer Túnel fue un proceso muy terapéutico»

Bambikina está de vuelta con un EP de lo más real y personal: «Túnel» está aquí para mostranos a la persona que se esconde tras la artista, Esther Méndez

Ha vuelto y lo ha hecho con un EP conceptual que nos hace viajar a través de los diferentes estados de la ansiedad. Se trata de «Túnel», el último y magistral trabajo de Bambikina. Y es que si algo caracteriza este disco es que nos permite conocer a Esther Méndez, la persona que se esconde tras el alter ego. Un duro camino de dos años que ha tenido que recorrer hasta llegar a este preciso instante. Un camino que lo ha hecho acompañada de un gran artista como Depedro y una de las bandas que más nos ha enamorado en los últimos años, Club del Río. Y hoy, os presentamos la entrevista que le hicimos a Bambikina hace algunas semanas. ¿Queréis conocer mejor este proyecto? Pues pasad y leed sin miedo.

¿Cómo surge el concepto de «Túnel»?

«Túnel» es un trabajo que nace a raíz de una experiencia personal y es que yo misma atravesé mi particular túnel, al sufrir un ataque de ansiedad hace un par de años y que me obligó a parar y a dejar los escenarios temporalmente. Entonces durante ese periodo de inactividad, surgieron este puñado de canciones, que quería que vieran la luz. Para mí, publicarlas era algo terapéutico. Y qué menjor nombre que «Túnel», porque además, el orden de las canciones en el disco tiene un sentido: arranca con temas más oscuros y, poco a poco, se van haciendo más luminosos. Como quien atraviesa un túnel y, al final, termina viendo la luz. En definitiva, es un disco conceptual que cuenta los transtornos de ansiedad que sufrí.

¿Cómo fue todo el proceso creativo y compositivo de «Túnel»?

Al principio, cuando tuve la primera crisis, me desvinculé por completo de la música. Y es que los primeros ataques de ansiedad me vinieron sobre el escenario y aunque yo seguía tocando como si nada, notaba que algo se había roto. Así que cuando paré, estuve cuatro o cinco meses sin poder coger siquiera la guitarra, no quería saber nada de la músicia y necesitaba desconectar. Pero a partir del quinto mes, ya empecé a sentirme mejor y me inspiré mucho a raíz de un hecho muy curioso y premonitorio, y es que cada tarde, un pájaro negro se posaba en el aféizar de mi habitación. Eso sirvió para coger la guitarra y que naciera la primera canción del álbum, que se llama «Todos los pájaros negros». Para mí, componer este disco fue muy sanador, necesitaba tener un proyecto al que aferrarme, para mantener la ilusión. Así que coger una libreta, escribir «Túnel» en la primera página y centrar la cabeza en un nuevo proyecto, fue un proceso muy terapéutico, que me ayudó a superar la enfermedad.

¿Cómo ha sido la acogida por parte del público de «Túnel»?

Pues la verdad es que cuando, antes de que viera la luz el álbum, lanzamos el primer adelanto, «Fe» junto a Jairo Zavala (Depedro), yo ya sabía que cantar con él era un regalo, también porque se encuentra en un momento increíble. Lo que no esperábamos es que el tema tuviera tan buena acogida: en el primer día, llegamos a las 10.000 reproducciones en Spotify. Y nosotros, que somos bastante pequeñitos y estamos creciendo todavía, flipamos porquee nunca habíamos tenido una repercusión tan grande. Con «Túnel» estamos consiguiendo números que nunca habíamos conseguido, así que estamos muy contentos.

Además de la colaboración con Depedro, también participan Club del Río en este disco. ¿Cómo surgen y cómo fue trabajar con ellos?

Yo tenía claro que, tras dos años de parón, este disco tenía que tener un gran peso emocional, porque para mí lo tenía. Así que decidí volver rodeada de amigos. Depedro era ya muy buen amigo, estudió la carrera con mi batería Javi Skunk y, de hecho, ya había colaborado con nosotros en otros trabajos, grabando alguna guitarra. Pero para este tema, sí que queríamos que estuviera y que cantara, por lo que implica «Fe», que habla un poco de la esperanza ante la adversidad. Fue muy fácil trabajar con él, en apenas una mañana. En el caso de Club del Río, más o menos igual. Son unos chicos muy talentosos, con los que ya había tenido la oportunidad de colaborar, ya que me han invitado a un concierto suyo. Así que ya existía mucha conexión entre nosotros. Fue curiosa la grabación de este «Hazme llorar un río». Vinieron al estudio a las 7 o las 8 de la tarde y estuvimos grabando toda la madrugada, hasta las 2 más o menos. La canción es casi chamánica y tiene ese punto tribal, perfecta para grabarla en el silencio de la noche. Que hayan colaborado estos artistas a los que admiro tanto, ha sido un verdadero regalo para el disco y para mí.

Precisamente hablando de «Fe», hace muy poquito ha visto la luz el videoclip. ¿Cómo surge la idea y cómo fue la experiencia de grabarlo durante el confinamiento?

Fue curiosa, porque en realidad vio la luz un par de meses antes de que llegara el confinamiento. Y la verdad es que fue algo premonitoria. De hecho, en otras entrevistas me preguntaban si la había compuesto durante estos meses, cuando en realidad tenía mucho más tiempo. La cree cuando estaba atravesando un túnel personal, pero vio la luz cuando todos estábamos pasando por un túnel global. Así que se ha convertido en un himno y en la banda sonora de muchas familias, así que de ahí surge un poco la idea, de que el propio público fuera el protagonista. Pusimos un anuncio en redes sociales y el resultado nos sorprendió a nosotros mismos, porque no esperábamos tanta respuesta.

Hablando del confinamiento, ¿cómo ha afectado toda esta situación al proyecto de Bambikina?

A nosotros sí que nos ha tocado de manera bastante fastidiosa, porque tras haber parado durante dos años, comenzábamos ahora a engrasar toda la maquinaria tras haber sacado el disco nuevo, nos obligan a parar de nuevo. Al principio sí que fue complicado y me frustré un poco, ya que además nos habían seleccionado para Girando Por Salas (GPS), que es un premio muy prestigioso y te da la oportunidad de actuar en diferentes ciudades. Y, claro, solo pudimos dar el primer concierto en Valladolid.

Al final, te resignas y asumes que es lo que hay, porque la salud es lo primero. Pero claro, la incertidumbre ha seguid ahí, el no saber cuándo volverían los conciertos, ahora parece que vuelven pero en un formato un poco raro. Pero claro, todos los bolos previamente programados ya han quedado cancelados y, al final, no dejan de ser ingresos necesarios con los que contabas, desaparecen y te quedas sin respaldo. Fue un poco chasco en todos los sentidos, pero ya estamos aquí de nuevo, tratando de mover fechas. De hecho, la presentaciòn que íbamos a hacer en el Café Berlín de Madrid se ha pospuesto al 21 de noviembre y estamos deseando que no haya un rebrote y podamos hacerlo. Además, estamos tratando de reubicar los conciertos de GPS en las mismas ciudades, aunque con todo lo que está pasando, hay muchas salas que no saben qué pasará y no se quieren arriesgar a decir nada. Así que nada, poco a poco.

¿Qué canción de Bambikina identifica mejor el momento en el que estáis y por qué?

Qué buena pregunta, porque a pesar de que hay un nexo en común entre todas las canciones, a medida que vas tocando y haciendo discos, tanto los temas como nosotros mismos vamos evolucionando. Quizás la Bambikina de antes estaba más enfocada al rock americano, del tipo Bryan Adams o Wilco. Sin embargo, la Bambikina de ahora está más influenciada por el folclore americano. En este sentido, las canciones que mejor nos definan ahora sean «Fe» o «Testamento», que es la canción que abre el disco y que muestra como nuestra faceta más negra, que creo que estará presente en nuestros futuros trabajos. Con «Fe», más o menos igual, ya que es una de las canciones cuya letra es muy evocadora. Y es que esto es algo que nunca antes había hecho.

¿Cuál es la mayor locura que has cometido por la música?

Creo que desde siempre he hecho locuras por la música. Hace tres años, me contrataron en una agencia de publicidad, que es lo que estudié, estaba fija, ganando sueldo fijo todos los meses. Pero llegó un momento en el que el volumen de conciertos y el trabajo eran incompatibles. Así que, contra todo pronóstico y contra todo lo que me decían mis amigos y mi familia, me decanté por la música. Y es que sentía que el trabajo que tenía no era para mí y donde de verdad era yo era encima de un escenario. Dejé mi vida acomodada por una vida en la furgoneta, lo aposté todo por la música. Al final, creo que es más gratificante volver a casa con la tranquilidad de que estás haciendo algo que verdaderamente te gusta.

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