Vuelve Zinc: «Entropía Propia nace en un proceso de cambio social y personal»

«Entropía Propia» es el álbum debut de Vuelve Zinc que, con una profundidad que asusta, nos muestran su parte más personal: ¡y nos dan todos los detalles!

Corría el año 2017 cuando comenzaba a surgir el germen de lo que es a día de hoy Vuelve Zinc. Casi 3 años después y un álbum debut titulado «Entropía Propia», la banda afincada en Barcelona, nos desgrana todo lo que esconde este trabajo. Con una profundidad que asusta, este disco nos acerca a los Vuelve Zinc más personales, que no hacen otra cosa que enamorar a todas y cada una de las personas que los escuchan. Chisco Sanchís (guitarra y voz) es quien se atreve a responder nuestras preguntas.

¿Cómo se inicia Vuelve Zinc en el mundo de la música?

Pues todo surgió un poco a raíz de Pol, el batería, y yo. Los dos nos conocimos a través de redes, porque yo estaba recién mudado: acababa de llegar a Barcelona desde Galicia y llevaba bastante tiempo sin tocar, por lo que tenía ganas de retomar un poco el tema de la música. Así que puse anuncios en diferentes plataformas para músicos y, tras leer las referencias, respondió Pol. Inicialmente, comenzamos a armar y componer temas como dúo enfocado a la electrónica y a los sonidos más orgánicos. Eso fue a finales de 2016 o principios de 2017, y muy poco tiempo después ya se incorporaron André, al sinte y Ricky, al bajo. Entonces ya entramos un poco en el proceso ese de conocernos los cuatro. Así fue un poco cómo empezó.

¿Cuáles son las principales fuentes de inspiración de la banda?

Pues la verdad es que los temas de este disco son bastantes cotidianos. Lo hemos creado y lo hemos compuesto en un proceso un poco de cambio, tanto social como personal. Y al final, en este álbum abordamos todos estos cambios, afrontamos el que estamos haciendo, el cómo podemos mejorar, el analizar y ser conscientes de que esta sociedad está cambiando y que nosotros cambiamos con ella. Así que, al final, nosotros nos basamos en las reflexiones que hacemos día a día. Por ejemplo, uno de los temas trata sobre la familia. Ya que, en mi caso, durante mucho tiempo veía a mi familia de una manera y, tiempo después, mi percepción cambió por completo. Hay otra canción que habla sobre una crisis de edad de mi madre, una vez falleció su padre, que comenzó a ver como su hueco vacío. Un proceso muy complicado que sufrió y en el que yo también me vi reflejado. Al final, se trata de ir analizando los temas una y otra vez, y exponerlos a través de la música. En definitiva, este álbum no tiene un concepto cerrado, con un principio y un final, pero sí que es cierto, que el orden de las canciones es importante, porque sigue un orden cronológico en lo que a composición se refiere. Ha sido como una terapia.

Al hilo de la respuesta, comentas que «Entropía Propia» sigue una cronología y es como un todo. ¿Crees que este aspecto, el del poder del disco como discurso, se ha perdido un poco?

Es una buena pregunta, la verdad, porque es un tema que nosotros hablamos mucho y que Pol comenta mucho. Porque él es muy de discos conceptuales y de escucharlos de principio a fin. Y sí que es cierto que mucha gente se queda en los dos singles que salen del artista o banda en cuestión, y no tiene tiempo de escuchar el trabajo completo. Que yo soy el primero que pone la lista de reproducción, ¿eh? Pero, bueno, creo que al final lo importante es tratar de llegar a la gente y si lo consigues, lo demás viene solo. Siempre habrá gente que encuentre el momento de escuchar el disco al completo, una vez se enganche a los singles o incluso a otros temas que nunca imaginarías. En nuestro caso, una de las mejores que mejor está calando es la de «Cada Indecisión», que a nosotros nos gusta mucho, pero nunca hubiéramos imaginado que gustara tanto. Así que, por eso decimos que lo importante es llegar, porque siempre es la gente la que te termina midiendo.

¿Cómo está siendo la acogida de «Entropía Propia»?

Pues estamos yendo poco a poco, como ya sabíamos de antemano. La verdad es que es complicado pegar el pelotazo si no tienes una obra súper genuina. Y mucho menos, si este es el primer trabajo. Así que estamos yendo con calma. Así y todo, la acogida está siendo buena y estamos recibiendo muy buen feedback. De hecho, nos hace flipar que se acerque gente a la que no conocemos de nada en los conciertos para felicitarnos o darnos la enhorabuena. Es algo que valoramos mucho, porque nosotros también somos ese tipo de gente que, cuando vamos de concierto, nos acercamos a la banda al final del bolo, por mucha vergüenza o apuro que nos dé. Así que lo tenemos muy en cuenta, nos ponemos muy en el lugar de la persona que se nos acerca y creemos que eso es lo que marca la diferencia.

¿Cómo ha sido trabajar en este álbum con Ferran Resines y Christian Pallejà? 

Ha sido súper guay, la verdad, porque los conocíamos de haberlos visto tocar con otras bandas. Así que, cuando comenzamos a concebir este trabajo, fuimos a verlos enseguida: queríamos contar con ellos, porque son muy majos y porque habíamos tenido una conexión casi instantánea. Hicimos una reunión inicial, quedamos en pensarlo y volver a hablar más adelante. Pero teníamos clarísimo que queríamos grabar con ellos y así lo hicimos. Congeniamos muy bien desde el principio y ellos enseguida captaron lo que queríamos y lo que necesitábamos. Y aunque veníamos con un disco muy pre-producido, nos faltaba ese color y esa homogeneidad que solo nos supieron dar ellos. Además, supieron cómo darnos caña y cómo animarnos con todo.

También queríamos aprovechar para preguntaros sobre la importancia para Vuelve Zinc de toda la parte visual y artística. 

Para mí es una cosa bastante importante. Es cierto que, principalmente, conectas con la gente a nivel musical. Sin embargo, yo me preocupo mucho por cuidar la estética de la banda: desde los videoclips hasta todo el arte del álbum. Además, todos nosotros somos diseñadores, así que nos metemos bastante presión e intentamos cuidar todo esto, porque va todo a la par. Y porque también hay gente que tiene sinestesia y que determinadas canciones le evocan determinados colores, activando así diferentes sentidos. Así que, bueno, nosotros también tratamos de que la imagen y la música vayan acordes, que intenten crear diferentes conexiones.

Un escenario en el que tocar.

En la Sala Capitol de Santiago de Compostela.

Un escenario al que volver.

Tocamos hace poco en la Sala Jazz Cava de Vic y salimos muy contentos, a nivel de sonido y a nivel de gente. No vinieron muchas personas, pero se creó una magia especial. Así que guardamos un recuerdo muy positivo. Me quedé con ganas de volver, sin duda.

Alguien con quien compartir escenario.

A mí me encantaría con holywater, que es una banda gallega con la que creo que compartimos mucho la visión y la manera de componer. Y la llevo un poco en el corazón. Aunque si estuviera aquí André, te diría El Inquilino Comunista.

Una canción de Vuelve Zinc que refleje el momento en el que estáis.

Pues diría «Dudar de ti», por el momento de incertidumbre que estamos viviendo ahora mismo. Pero no, yo creo que mejor «La parte que reconozco de los dos», porque es una canción que nos gusta mucho a todos, tanto escucharla como tocarla. Nos permite dejarnos llevar mucho.

Próximos pasos de la banda.

Pues muy seguramente, volver a bajar a Madrid. Además, nos encantaría montar una pequeña gira, a partir de los meses de marzo o abril. Y a partir de ahí, movernos por toda la Península, aunque nos gustaría ir por la zona de Andalucía y volver a Galicia, porque tuvimos muy buena acogida. También tenemos en mente publicar un nievo single, que seguramente salga por esas fechas. Por supuesto, también quisiéramos entrar en festivales de verano, aunque eso ya no depende tanto de nosotros.

¿Cuál es la mayor locura que habéis cometido por la música?

Uf, es complicado. Me gustaría dar una respuesta súper mágica, pero ahora mismo que estamos sufriendo el lapso económico de afrontar la salida de un disco y todo lo que ello conlleva, quizás la mayor locura que podemos estar cometiendo es la de dejarnos todos nuestros ahorros para que este proyecto salga adelante.

Aunque, quizás, la mayor locura que nos haya pasado, nos ocurriera la primera vez que bajamos a Madrid. Y es que André y y nos equivocamos al alquilar la furgoneta: nos dieron una más pequeña que la que en realidad necesitábamos. Inicialmente, creíamos que nos cabrían las cosas, cargamos todo, nos metimos dentro, pero sin apenas tener espacio vital. A punto de arrancar para viajar, imagínate: 6 horas de viaje, alguien tuvo la lucidez de evitarlo. Así que terminamos diviéndonos y yendo mucho más cómodos.

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