Álex Serra: «In The Real World es un trance hacia la imaginación»

Con apenas unas semanas de vida, «In The Real World» y Álex Serra nos han atrapado en su halo magnético: y ahora sabemos todo lo que esconde este trabajo

Una suave sensación de libertad es la que emana de las canciones de Álex Serra. «In The Real World» es capaz de transportarnos, hacernos viajar. Un viaje capaz de perdurar en el espacio y en el tiempo, un viaje iniciático del que jamás habrá vuelta atrás. Una ligera sensación de no pesar, de flotar. Sensaciones que traspasan todo tipo de pantallas y que emocionan, que no se quedan en las canciones. Magnetismo. Eso es lo que reflejan las canciones de este disco y eso es lo que refleja el propio Álex Serra cuando, un martes cualquiera, nos sentamos con él en la terraza de La Nau Bostik, un espacio artístico ubicado en la maravillosa Barcelona.

¿Cómo surge todo el concepto de «In The Real World»? Porque da la sensación de que hay mucho detrás.

Es profundo, hay gato encerrado [risas]. Este disco surge de la recolección de experiencias personales que viví tras un viaje que hice en 2012. El viaje fue muy inspirador porque me ayudó a conocer mundo y, sobre todo, conocerme a mí mismo. «In The Real World» es un álbum de diez temas, que recogen momentos y experiencias que a mí me han cambiado.

En cuanto al título del trabajo en sí, es una idea, un concepto que a mí me viene a la mente. Es una dualidad, dos formas diferentes de entender el mundo. Una de ellas, abstrayéndome de mí mismo, alejándome, percibiendo todo como desde fuera. De hecho, veo a las personas ajenas a mí y muchas veces me generan como rechazo, miedo o incluso me da como vergüenza relacionarme con la gente. Y la otra de ellas, que no me pasa siempre, que es ver el mundo como un todo: se disuelven las líneas y todo pierde como su forma. Entonces me relaciono con las personas, como si me hablara a mí mismo, por lo que entro en una especie de trance, que me da calma. Así que me gusta pensar que eso es el mundo real, lo que va mucho más allá de lo físico.

Precisamente, da la sensación de que el disco recrea una atmósfera como muy particular. Y todo ello mezclado con multitud de sonidos diferentes. ¿De qué manera has construido todo ese universo?

Pues la verdad es que ha sido un reto. Estuve cuatro años de viaje y cuando volví, tenía el deseo de contar esa historia y hacer las canciones. Pero no tenía el conocimiento de cómo producir todo ello, de la manera que yo quería. Que, finalmente, lo he encontrado y el disco suena tal y como quería que sonara. Pero ha sido un proceso largo, que ha durado cerca de dos años. Tuve la fortuna gigante de conocer a Toti Arimany, productor con el que he hecho el disco y con el que actualmente estoy tocando las canciones en directo. Cuando le enseñé el esqueleto de lo que serían los temas, flipó y se imaginó el músculo. Toti es un poco de mi estilo y entendió además desde el principio, que todo esto requería tiempo. Así que fuimos muy poco a poco: escuchar los temas, ver qué sensación queríamos transmitir con ello, cómo entrar en ese trance.

Hicimos un trabajo increíble. Al principio, yo flipaba, por la atención que se le daba a todos y cada uno de los detalles: por ejemplo, los bombos. Toti me planteaba: «¿cómo mejoramos este bombo?». Pues al final, nos tiramos un día dándole vueltas y buscando el sonido perfecto.

¿Cómo está siendo la acogida de «In The Real World»?

Pues muy heavy y muy bonito, porque también el disco salió adelante gracias a una campaña de creowdfunding y la verdad es que, desde ese momento, todo el apoyo fue increíble. No solo apoyó gente cercana, también gente que no conocía y eso dio mucho impulso. Pero ya desde que el disco vio la luz en plataformas, he recibido bastantes mensajes de personas que dicen que les gusta mucho y que les está ayudando mucho a sanar, porque les transmite mucha calma. Es muy guay recibir ese feedback.

Un titular que defina este disco.

Es un trance hacia la imaginación.

Una canción del disco.

Pues es complicado porque al final todas son como mis hijas. Podría decir con la que en estos momentos, me siento más en sintonía. Por ejemplo, estoy vibrando mucho con «So Free», la segunda canción y una de las primeras que compuse durante el viaje, cuando estaba viviendo en Sudáfrica. Fue una experiencia única: vivíamos en un lugar muy tranquilo, frente a un lago, con amigos. Y eso me hizo reflexionar mucho sobre la sociedad actual, en la que prima la rapidez constante, el agobio, el estrés constante que ejerce el tiempo. A mí me gusta mucho estar tranquilo, estar en paz al que intento volver siempre.

A mí lo que me gusta es hacer música, hacer feliz a la gente, sentir esta sensación de estar unidos.

¿Crees entonces en el poder de la música para cambiar las cosas?

No es que crea, es que lo siento cada vez que doy un concierto, cada vez que voy a un concierto. Veo a la gente sonriendo. Es más bien una evidencia. Es necesario: imagínate el mundo sin música, sería una locura.

¿Por eso también haces música?

Yo es que estoy un poco loquito y para mí todo es música. Lo único es que hay música que es una mierda y música que te hace volar, que te hace vibrar. La política es música, es mierda porque te hace sentir así muchas veces, pero es música. Evidentemente, se puede cambiar el discurso – que para mí también es música. Al final, lo que yo busco es conectar con la gente.

¿De ahí también el visibilizar ciertos temas como la culpa, el miedo, la ansiedad? Temas con los que, al final, tenemos que convivir.

Sí, claro. Se trata de ser consciente de todo ello, de que todos acarreamos unas creencias, unas culpas y unos traumas desde que somos pequeños. Pero son cosas que vienen de muy lejos, estoy convencido de que lo que más nos frena son historias viejas. Y quizás sea ya momento de soltarlas. Es importante ser consciente de cuáles son tus historias, ver de dónde vienes y si te siguen afectando a día de hoy, intentar cambiarlas.

¿Qué importancia tiene la imagen para el proyecto de Álex Serra?

Yo creo que es súper importante, porque al final vivimos en un mundo que es muy visual. Creo que, por eso, también hay que ser muy cuidadoso con lo que se transmite a nivel visual. Por ejemplo, el diseño del disco lo hizo un artista francés al que conocí en un viaje. De esto hace dos años, pero cuando vi su arte, me encantó. Así que no dudé en escribirle cuando concebimos «In The Real World». Entre unas cosas y otras, nos llevó unos tres meses pensar en todo ello y al final, verlo físicamente es increíble. El arte del disco es algo que ya quedará para siempre.

Con el videoclip pasó un poco igual, para mí fue una gozada juntar a todos esos artistas: desde los bailarines con los que llevo trabajando un tiempo, hasta los camarógrafos. Fue increíble.

¿Y qué relevancia tienen para ti otras artes, como la danza, en relación al proyecto?

Para mí, es una manera de ver la música. La música la escuchas, pero a través de la danza, la puedes visualizar, es capaz de transmitirte todas las melodías, todos los ritmos. Creo que complementa el todo, todos los sentidos de la música. El baile es lo visual, el sentimiento, el tacto.

Fue muy fuerte porque cuando volví de viaje, me escribió Pau Arnal, uno de los bailarines del videoclip y con el que, además, vengo trabajando desde hace un tiempo. «Normalmente no hago esto, pero te sigo desde hace un tiempo y me encanta tu rollo. A ver si algún día podemos quedar y hacemos alguna impro juntos», me dijo. Entonces, me puse a ver alguno de sus vídeos bailando y la verdad es que flipé con su trabajo. Una elegancia, un arte, un flow. Entonces, al quedar, fue como una explosión de todo. Desde ese momento, valoro cada vez más el baile como complemento de la música.

Siguientes pasos de Álex Serra.

Pues es curioso porque todo esto es nuevo para mí, en cierta manera. Desde grabar el disco, llevarlo al directo, participar en festivales, ser yo quien se exponga delante de todo el mundo. Para mí es una aventura. Pero me doy cuenta de que esto es solo el principio de todo lo que está por llegar. «In The Real World» ya está en la calle, pero ahora toca llevarlo por todos los rincones posibles. Ese es un poco mi sueño.

Así y todo, es muy curioso porque yo llevo cerca de dos años y medio con estas canciones. Y me quedan por lo menos, un par de años más. Y es que los temas que uno crea, finalmente lo terminan acompañándolo toda la vida. Es un fenómeno muy interesante.

¿Cuál es la mayor locura que has cometido tú por la música?

Dejarlo todo, dejar a un lado mi vida normal e irme de viaje. Todo ello, sin intención de volver a mi vida normal y con la seguridad de que iba a venirse algo muy gordo. Ha sido una locura muy acertada, aunque me daba mucho miedo, mucho vértigo. Pero hay que atreverse a cambiar y jamás acallar esa voz del espíritu que te dice: «hazlo».

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