Alabel, la gran promesa del folclore, inundará el Café Berlín

La banda Alabel inundará mañana miércoles el Café Berlín de Madrid, con multitud de canciones que rescatan historias de todas las partes del mundo.

Aunque llevan poco tiempo como banda, Alabel es uno de esos grupos que desde el minuto 1 encandila. Será por lo que cantan y por cómo lo cantan. Es la gran y joven apuesta del folclore, ese que forma parte de nuestro pasado, ese que en algún momento, nos hará entender nuestro futuro. Y mañana encandilarán a todo el que se precie a pasar por el Café Berlín de Madrid. Poca broma con ellos y mucha magia.

Hace algunos días, pudimos hablar con María de la Flor, vocalista de este particular proyecto. ¿Queréis saber lo que nos contó?

¿Cómo surge todo el proyecto de Alabel?

Empieza un poco porque yo siempre he sido una loca del folclore de diferentes lugares del mundo. De hecho, me llegaba mucho por diferentes vías y por distintos amigos. Entonces, en un punto de mi vida, me dio por cantar y centrarme solo en la labor de vocalista, sin tocar y sin ser yo instrumentista, porque yo en realidad soy violinista. Así que me decidí a montar yo este «tinglao» y a rescatar todas estas canciones tradicionales. Entonces apareció en mi cabeza el nombre de Lorenzo Moya, a quien le propuse participar en el proyecto porque sabía que también le apasiona todo esto. Y enseguida me dijo que sí. Directamente, cerramos una fecha en Búho Real y a partir de ahí, comenzamos a construir tanto la banda, como el sonido.

Precisamente, la siguiente pregunta era, ¿por qué aunar tradición oral con música?

En mi caso es que está muy relacionado. Yo canto porque mi abuela canta, mi madre canta y porque a mí me han cantado toda la vida. Al final, yo hilo eso con un sentimiento materno de cuidar y de salvar la memoria. Y puedes cantarle al futuro, pero lo haces con cosas que no son tuyas. Y yo canto así, aunque no cante este género de música. Así que para mí tiene mucho sentido el colocarme en ese lugar, no solo para cantar, también para sentir. Y habrá a quien le interesa más o menos la labor de rescate. Pero si te resulta amena, lo que encuentras es un tesoro.

En las canciones que hemos podido escuchar, hay mucha diversidad de género. Folclore, flamenco, jazz. ¿Por qué esa variedad?

La verdad es que la diversidad de géneros ha surgido de la mezcla de músicos. Y es que al final, cada uno de nosotros tiene un lenguaje distinto. También porque partimos de edades, formaciones y experiencias distintas. Lorenzo, por ejemplo, viene más del mundo clásico y del flamenco. A Antonio le encanta el jazz, pero toca mucha música brasileña y de Latinoamérica. Bandolero viene del flamenco. Joaquín, que es el batería que sale en los vídeos, viene también del jazz. Luego, mi voz dicen que tiene toques folclórico. Igual que las melodías. Al final, si quieres algo común y mezclas todo eso, surgen dejes de todos y cada uno de nosotros.

¿Cómo afrontáis el concierto de mañana miércoles en el Café Berlín?

Pues yo un poco nerviosa, la verdad [risas]. Pero también tengo muchas ganas. Lo que pasa es que yo soy una persona un poco ansias. Y es eso, tengo un poco de miedo porque pueda salir mal, pero a la vez sé que va a salir bien. Sé que va a ser muy guay y tengo ganas de que venga mucha gente. Además, hemos invitado a muchos artistas que tocan y cantan que te mueres. Es un gusto contar con personas que se desenvuelven con tanta facilidad con este tipo de canciones.

¿Cuáles son los siguientes pasos de Alabel?

En principio, fluir un poco y dejarnos llevar, una vez haya pasado el concierto en el Café Berlín. Hay varios festivales a los que nos hemos esperado y que esperamos que vayan saliendo. Y esa es un poco la idea. Sí que está sobre la mesa la idea de grabar los temas que están más cerrados. Y el hecho de que se una al grupo algún percusionista. Pero de momento, esto es lo más inminente.

¿Cuál es la mayor locura que has cometido por la música?

Mi día a día es una locura [risas]. Y exponerme a este grado de ansiedad y de estrés [risas]. No, en realidad, la mayor locura que he hecho por la música ha sido hacer cosas que no sé hacer. La primera vez que yo me subí a un escenario para cantar, no había cantado nunca antes. Y lo hice para sustituir a la cantante principal de una «big band» que habíamos montado en el conservatorio. Tocábamos en la Galileo y estaba todo vendido, pero aún así, me decidí a subir y sustituirla. Y, claramente, yo no había hecho eso nunca. Al final, como esas he hecho infinitas, porque soy una persona que se envalentona muy rápido. Lo bueno es que mi aprendizaje es que esa es la única manera de avanzar.

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