El mágico viaje a «Isla Morenita» con Carlos Sadness

artista catalán Carlos Sadness nos hizo viajar desde el WizInk de Madrid hasta Isla Morenita, en un vuelo que duró más de dos horas.

Con la emoción de quien sabe que va a pegarse el viaje de su vida, sin ni siquiera moverse del sitio, nos acercamos todos el pasado sábado 23 de febrero al WizInk Center de Madrid. Era el gran concierto de Carlos Sadness. Ese que nos trasladaría directamente hasta la mismísima «Isla Morenita». Preparados con nuestras mejores galas – tropicales, eso sí – y dispuestos a cantar desde el inicio. Así estábamos.

Pasaban las 21.00 horas. Momento del inicio del concierto. Parecía que el momento en el que saliera Carlos Sadness no llegaba. Pasaban los minutos hasta que, al fin, a las 21.20 horas se apagaron las luces y una voz en off anunciaba que estábamos a punto de despegar y que ese viaje transoceánico hasta «Isla Morenita» duraría algo más de 2 horas y 10 minutos. Y justo después apareció él. Y comenzaron a resonar los primeros acordes de «Perseide». Sí, nada más despegar y ya estábamos vislumbrando las primeras estrellas fugaces. Estrellas fugaces que tan solo fueron eclipsadas por la llegada de «Hale Bopp».

Primera parada, apeados en las ventanillas del avión. Desde arriba distinguimos todos aquellos «Volcanes Dormidos» que ansiaban reactivarse y entrar en erupción. Aunque a quien reactivamos y revivimos sin apenas dudar un momento fue a «Bach», quien se atrevió a cantar con nosotros aquello de «Te quiero un poco».

Ahora sí que sí. Llegada a «Isla Morenita», donde nos recibió con todo su encanto «Miss Honolulu». Un viaje que se nos hizo especialmente corto, ya que cuando nos quisimos dar cuenta, se estaba despidiendo de nosotros al grito de «Au Revoir». Entonces todo se volvió «Semitransparente», como si de un sueño se tratara. Pero no. Ese concierto estaba siendo más real que nunca y sí, todo el público lo estaba viviendo y sintiendo en sus propias carnes.

Y de repente, ¡boom! Primera sorpresa de la noche. En el preciso instante en el que comenzara a sonar «Amor Papaya», apareció sobre el escenario la misma Natalia Lacunza, concursante de Operación Triunfo 2018 y una de las favoritas del «talent show». Ese fue «El Gran Momento». Aunque pasó tan rápido como si de una «Longitud de Onda» se tratara.

Comenzaba un viaje sin retorno en el que los «Días Impares» como aquel 23 de febrero cobrarían sentido. Sentido porque nos servirían para recordar lo que estábamos viviendo. Recuerdos que da igual que nos trasladaran a la isla más remota o la misma «Pompeia», ciudad en la ni los «Diferentes Tipos de Luz» nos harían entender la «Física Moderna». Estaba siendo maravilloso. Podría dar fe de ello incluso el propio «Kandinski», si levantara cabeza. Pero todavía quedaba tiempo para disfrutar.

Entre playa y playa, nos pusimos el «Bikini» y esperamos a Alfred García, finalista de Operación Triunfo 2017, para cantar con él su tema «No cuentes conmigo». Una canción especial que el joven artista publicó en colaboración con Carlos Sadness. De ahí su amistad. Pasado el momento especial junto al «triunfito», llegó el gran momento de «Chihuaha», al que siguió a continuación, «Volviste».

Con «Houndini», quien plantó la «Semilla Negra», nos acercábamos a la recta final. Momento más íntimo a la par que épico, de la mano de «Isla Morenita» en formato más acústico. Intimidad que chocó brutalmente con la energía que desprendió Carlos Sadness, al interpretar su particular versión de «To My Love», con la que nos vinimos arriba. Sí, cantamos hasta quedarnos sin voz. Y bailamos hasta destrozar nuestros pies. Pero esa era precisamente la idea.

Aunque sabíamos que estábamos cerca de nuestro destino y que quedaba nada para aterrizar, quedaban algunos «temazos» por cantar. «Pocholoco» fue el primero en aparecer, para demostrar que «Hoy es el día» para viajar desde Madrid hasta «Groenlandia» si fuera necesario. Y es que, ¡joder!, «Qué electricidad» nos estaba dando ese concierto.

Ahora sí que llegábamos al final. Antes de aterrizar en Madrid, teníamos que hacer parada obligatoria en «Monteperdido». El viaje de más de dos horas había llegado a su fin. Y lo habíamos disfrutado desde el principio hasta el final. Ojalá poder repetirlo en bucle.

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