Ruido Paraíso regresa con «Gran Atlas», la historia de un corazón absurdo

El segundo álbum de Rudio Paraíso, «Gran Atlas», vio la luz hace unas semanas. Nosotros pudimos hablar con Aníbal Gómez y lo desenmarañamos.

Ruido Paraíso se sumerge en su recién estrenado segundo álbum, «Gran Atlas». Su proyecto en solitario, su nuevo universo, su trabajo en paralelo en el que, también nos ha sumergido a nosotros.

Hace unos días, tuvimos la oportunidad de hablar con Aníbal Gómez («Muchachada Nui», «Ella es tu padre» y mitad de «Ojete Calor»), quien se esconde tras el alter ego de Ruido Paríso. En pleno corazón de Madrid, conversamos sobre el proyecto y sobre música, mucha música. Y esto es lo que nos contó.

¿Cómo surge el concepto de «Gran Atlas»?

El título no fue lo primero que concebí. Primero fueron surgiendo las canciones y luego ya comencé a encajarlas, de tal manera que cobraran cierto sentido. En este caso, había diez temas en el álbum, que mostraban un poco el recorrido emocional de una situación personal, que no tiene por qué haberme pasado a mí. Pero ese factor personal sí que lo tiene, bien porque son situaciones propias o porque lo son de alguna persona de mi entorno.

En cuanto al concepto, el disco habla un poco del recorrido de un corazón, extrapolándolo un poco al ámbito de la religión. El dolor, la pasión y la muerte de un corazón. Esto crea un recorrido muy largo, de penuria. Y me gustó el comparar ese camino con el de Atlas, con el de la gran cordillera que separa.

El último adelanto ha sido «Milagro», tema que has lanzado junto a La Bien Querida. ¿Cómo surge esa colaboración?

Fue medio accidental, medio natural. Quería hacer un dueto con Ana, de La Bien Querida, y esta canción creía que encajaba con ella a la perfección. Así que un día, estando en el estudio de Guille Mostaza, lo manifesté en voz alta, con la gran suerte de que Guille y Ana se conocían. Todo empezaba bien, siguió genial cuando la escuchó y aceptó, y terminó aún genial cuando la cantó. Fue un sueño un cumplido.

Al hilo de esto, ¿cómo surge toda la idea del videoclip?

Pues eso hay que atribuírselo a mi amigo Jaime Villanueva, también conocido como Comando Z. Para mí, él tiene un talento increíble y ya había colaborado con Ojete Calor. Confiaba tanto en su criterio, que no quise ver el vídeo hasta el final. Ni siquiera quise que me contara la historia, porque estaba segurísimo de que me iba a gustar. Y así fue. Me encanta cómo captó todo el tema de la magia, de los simbolismos.

Un titular que defina «Gran Atlas».

La pasión, muerte y resurrección de un corazón absurdo.

Una canción que sintetice el disco.

«Lo Siento».

¿Por qué?

Porque es la que más se acerca a mí. No porque haya tenido una conversación con la muerte, sino porque sin tener un tono cómico, sí que tiene cierto humor negro. Y musicalmente, es de mis favoritas, porque no es una canción al uso. Tiene dos partes muy diferenciadas, no tiene un estribillo. No era lo que estaba acostumbrado a hacer y me gustó mucho cómo quedó.

Aunque también te digo que si tuviera que tatuarme un título, sería «Milagro». Por todo lo que significa ese tema y porque es muy intensa y de las canciones más emocionantes.

Siguiendo un poco la línea de «Lo Siento». ¿Seguirías explorando esa nueva vía que iniciaste con ese tema?

Sí, no me importaría seguir haciendo canciones así de diferentes (con partes diferenciadas, sin estribillos). Al final, a mí me gustan los artistas que no se ciñen a un estilo o a una sola producción. Creo que el oyente agradece ir escuchando diferentes pinceladas dentro de un mismo álbum. Al final, la música no tiene que ser un ejercicio de estilo.

¿Crees que muchas bandas han caído en la repetición constante, para entrar a determinados circuitos?

Yo creo que sí y la verdad es que me da mucha rabia. Hay grupos que me parece que tienen canciones muy bonitas, pero no salen de ahí. Y me cuesta creer que no es porque no saben salir de ahí. Más bien me parece una cuestión de comodidad. Creo que para avanzar en cualquier disciplina artística, creo que tienes que estar dispuesto a evolucionar y a perder, en cierto modo, lo que has ganado.

Y tal y como se consume música hoy en día, ¿crees que se ha perdido el poder del disco como discurso?

Yo creo que sí, porque cada vez se tiende más al formato single. Al final, con eso se te olvida todo el discurso que hay tras los discos. Eso tiene ventajas y desventajas. Si sacas un single y enseguida sacas el disco, con un sentido, estás haciendo que se diluyan el resto de posibles adelantos. Y la desventaja de ir desgranando un álbum, tema a tema, es que cuando definitivamente lo sacas completo, parece más bien un «grandes éxitos».

Yo juego un poco con algo intermedio, que es el sacar dos o tres singles y después lanzar el álbum completo.

¿Cuáles son los siguientes pasos de Ruido Paraíso?

Sin duda, el directo. Ahora me apetece contarle a la gente, en vivo, todo lo que he contado en el disco. Me parece que así se cierra un poco más el círculo de esa etapa.

¿Cuál es la mayor locura que has cometido por la música?

Dormir en el cámping del BBK un año, solo por ver a Depeche Mode. Y ya no vuelvo a dormir en tienda de campaña [risas].

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