El acústico de Sidecars y una historia de amor a partir de sus canciones

La banda madrileña Sidecars presentó los temas de su «Cuestión de gravedad», el pasado viernes 1 de febrero en el Auditorio Maestro Padilla de Almería.

A las 21:00 horas del viernes 1 de febrero, los madrileños Sidecars daban comienzo a un concierto acústico lleno de magia, de romanticismo, de pedidas, de dejadas, de gritos y susurros…, de sinceridad y, sobre todo, ¡de cercanía! en el Auditorio Maestro Padilla de Almería.  

Con una puntualidad casi alemana, un sonido limpio, la humildad y sencillez de todos los componentes del grupo, y la voz adorable y tierna de su vocalista, Juancho, los Sidecars nos ofrecieron una noche llena de momentos para recordar, en la que los temas de su último disco, «Cuestión de gravedad», se fueron alternando con muchos de sus temas más conocidos, en un formato que los acercó mucho más a un público almeriense muy, pero que muy, dispuesto a hacerse notar. 

Juancho comentaba que estaban entusiasmados por el acogimiento que les había hecho la ciudad de Almería, que para ellos era una cita obligada y pendiente. «La idea de hacer una gira en teatros les suponía un nuevo reto», comentó el artista, y que… pequeños imprevistos como los que se dieron lugar allí esa noche; como los comentarios del público «a grito pelao», o ver cómo la gente se levantaba de sus asientos y bailaba sin reparos; hacían que estar allí fuera un verdadero privilegio para ellos, en palabras textuales del artista «¡No nos lo imaginábamos ni en nuestras mejores pajas!».

A continuación, y para no citar una a una un total de las 19 canciones que tuvimos el privilegio de escuchar y sentir la primera noche de este mes de febrero, voy a unir todas las frases, las estrofas, las palabras sueltas…, y todas las sensaciones que me trasmitieron cada una de ellas…para contar una historia, la que se creó para mi esa noche, quizás un poco particular, personal, pero…¡saquen sus propias conclusiones! ¡Allá va! 

«Una vez más dejaré que me partas en dos, ¿qué importa? solo tú puedes permitírtelo, aunque nadie lo entienda, ni tan siquiera yo mismo.  

Estabas tú cuando se partió mi corazón en dos, estabas tú, pero no conmigo.  

Me lo dije: ¡voy a acabar mordiendo el polvo! Y aunque era consciente de que pasaría, me pilló desprevenido. Ahora solo me arrastro buscando la salida.  

Perdóname si no me escondo, si no guardé ningún misterio. Acabaste por convencerme de que soy un cruel castigo, de que estoy mejor dormido. Y es que, cuando explota la tormenta, se confunde al enemigo. 

No voy a quedarme a mirarte caer, yo quiero seguir mi camino. Te lo voy a pedir por última vez, quédate aquí conmigo.  

Tú no escuchaste mis lamentos, no viste cómo me faltaba el aire, ni como intentaba sujetarme…   

Y es que miro atrás y lo nuestro fue un atropello, un fuego cruzado entre dos cuerpos extraños. Si no consigo asimilarlo lo siento, pero ya me da lo mismo si no resulto ser el elegido.  

Creo que empecé a perder en un arrebato de sinceridad… 

Y por momentos te vas, pero no siempre vuelves. Ya no me asusta la verdad, pero a veces…me da pánico.  

Al final todo es cuestión de gravedad y de que…las ganas de volar no te aplasten contra el suelo.  

Cuando el miedo se hace crónico, solo pretendo que el final sea rápido, caer contra el suelo, dejar de sentir… 

Porque tú no eres de volver atrás sobre tus pasos. Eres de correr hacia delante…nadie te podrá alcanzar… buscas un amanecer diferente cada día, siempre dispuesta a desvirgar caminos… 

Puse precio a tus zapatos, te capturé una vez en mi red y te fugaste en mi primer descuido. 

Y aunque no creo que importe, te esperaré a la salida. Que los piratas del norte y los poetas suicidas canten tu suerte en sus canciones prohibidas…porque tú no tiene miedo a naufragar, sabes esquivar las balas, puedes volver mañana o nunca más…  

Ya lo has decidido. Esta vez no está en mis manos. Pero te quiero decir que pierdo medio kilo en cada beso y te ruego…que me dejes en los huesos. 

Sabes que no me has convencido, creí que estabas de mi lado…y he perdido todos los momentos en los que no has estado. Ahora miro y no te veo, y la ignorancia, la distancia…es peor de lo que podía imaginar. Quizás te preguntes por qué, pero me marcaste la piel para toda la vida.  

Pero has elegido fácil, no te has manchado las manos. No juegues al despiste, tú me evitabas aunque no quisieras, ya lo tenías muy claro. Me sale ser sincero, porque me sobran los motivos. 

La verdad, no sé cómo he llegado aquí. Es mi tortura siempre al despertar. Creé cien maneras de mentir, y mil formas de pillarme, o te alejo más de mí…  

¡Lo has hecho! hoy me has vuelto a sonreír, has debido equivocarte. Vuelvo a sentirme atrapado. Como dinamita en una fuga de gas en la que solo tú puedes abrir una rendija y ayudarme a respirar. Pero ya es tarde para andar detrás, para decirte que no.  

Y es que no puedo controlarlo, no puedo pararlo, ¡créetelo! ¡No hay dios, que  me cure de ti! 

Fotografía: Lourdes Román

No sé qué será de mí, sabes que siempre fui un desastre. ¡A quién voy a engañar!   Ya sabes que bebo los vientos por ti. Y no aguanto más así, ¡sácame de aquí! 

Tal vez no he podido darte lo que tú merecías, pero respóndeme, ahora…¿quién va a curarme a mí todos mis males? ¿Quién va a cambiarme a mí todos mis planes? 

Cada día tengo la misión de dejarte atrás. Y las ganas de olvidar se hacen más fuertes mezcladas con un ron. Aquí, ahora, sigo buscando sensaciones prohibidas, enredándome, perdiendo mi cabeza por mil laberintos, y solo a veces, encuentro la salida. Entonces lo veo claro, aquí el malo, como siempre soy yo. 

Yo ya no tengo problemas. Mis rayadas ya no me quitan el sueño, me dejo a la noche, en calma… y aquí, bajo la luna llena, espero de nuevo el sol.  

Y es que nunca te he mirado tan de lejos, nunca he sido tan honesto. Aunque me aprete el pecho, ya no quiero guardar nada. Prefiero que me dejes con lo puesto. Hazlo por mí, olvídame.  

Será una gota en un diluvio, un buen final estropeado. 

Vete y olvídame. Hazlo por ti, déjalo así, vuela.  

Pero hazme un último favor, déjame que te siga en la distancia, y recuerda lo que fuimos alguna vez. Castígame, dame cuerda y llévame hasta el límite.  

Porque ahora solo quedo yo mirándonos caer, tan de lejos, mirándote, recordando lo que fuimos alguna vez. 

Tengo que aguantar el tipo…queda mucho que arreglar. 

Con las piernas por el aire, patas arribas…y aún así, podemos dejarlo correr. Guardaremos bajo llave hasta el último detalle, ¡y que pase lo que tenga que pasar! porque ya, es demasiado tarde, se ha jodido todo. 

El invierno ha traído el frío. Esperaremos no encontrarnos nunca más, hasta el punto último, hasta el último latido de nuestro corazón agrietado. 

Hoy recuerdo aquella noche. Salimos a pedir prestado un coche, queríamos salir sin mirar atrás. Solo existía ese momento, tú y yo. 

Fue un secreto a voces, todos los lugares que visitamos colgaron nuestra foto en sus paredes.  

Tuvimos una noche ridícula, me besaste de película, y…todavía me sabe la boca… 

Me derretía, toda mi fuerza en tu boca, me corría gota a gota, era irremediable, y estaba cansado de no entrar al trapo. 

Todo parecía demasiado, tuve miedo, pensé…¡no me atrevo! Y es que la sangre no me llegaba a la cabeza… lo pienso y todavía tiemblo. 

Arriesgué, arriesgamos. Comimos, sin hacer esfuerzo, nuestros cuerpos desnudos. Dos locos de atar nadando en un mar violento.  

Por momentos el viento soplaba a nuestro favor, sentí estar en el mejor momento, dejándolo estar, dejándonos estar…¡dos locos de atar! 

El día que me viste pasar, llevabas una eternidad, y no me paraste. No soy el mejor, pero después de todo, después de esta historia de idas y venidas, solo te digo una cosa, ¡quédate!, ¡cierra la puerta! 

Si no lo haces, mejor me voy, no digas que no te lo advertí. 

Te lo digo una vez más, ¡Quédate! ¡Cierra la puerta, lánzame contra las cuerdas y luego desátame, más de la cuenta! ¡Quédate! ¡No te arrepientas! 

En nuestra historia, fuimos los primeros. Ahora, la nostalgia, la distancia…, dejarnos la piel para toda la vida en aquellos lugares, en aquellos instantes en los que fuimos, solos tú y yo…No son simples tonterías. Siempre hay una salida cuando crees que todo va a explotar…porque lo nuestro es de lo que solo pasa una vez en la vida, y para qué preguntarnos el porqué, durmamos a pierna suelta. 

Y es que al final de toda esta historia, al igual que el principio, soy fan de ti, de tu manera de vestir, de cada gramo de tu maquillaje, de tus medidas de maniquí, de imaginarte en un escaparate, de que te dejes seducir. De tus excesos de equipaje, de que te arregles para mi…  

Por tantas razones soy fan, no lo puedo evitar. Se que me vas a arruinar la vida, me matan las despedidas, y a veces solo me siento un espectador.  

Me pasa, que cada vez que me miro al espejo me veo distinto, y me pregunto si debo esperar o pasó mi momento. Pero te pienso y no sé cómo puede caber en tu cuerpo todo ese talento, como puede caber ahí dentro, en ese amasijo de huesos.  Porque tú estás al margen de los demás, lo que puedan pensar te importa una mierda.  

¡Porque sí! ¡soy fan de ti!, me sobran las razones y me faltas tú. No creo que haya ni dios ni persona de carne y hueso que me pueda curar alguna vez de ti. Y no te voy a contar más cuentos, al menos, si no acaban contigo».

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