Lenovo Sounds Different o cómo la música nos salvó a todos

El festival solidario tuvo lugar el pasado 17 de enero en el WizInk Center, con bandas como Love Of Lesbian, La Habitación Roja o Elefantes.

Hay causas por las que siempre merece la pena luchar. Y, en esas ocasiones, la música es la mejor herramienta. Quizás sea una visión un tanto romántica, pero es que para quienes vivimos por y para la música, no hay otra explicación posible. Así es como, después de pensar que lo habíamos visto todo, comprobamos que no. Que en el caso de proyectos como «Lenovo Sounds Different», se puede llegar más allá: recaudar dinero para asociaciones, como «Fundela», «Fundación Aladina», «Fundación Bobath», «Cris Contra el Cáncer» y «Menudos Corazones».

Creo que la sensación de emoción y nerviosismo, el pasado jueves 17 de enero en el WizInk, era demasiado evidente. Demasiadas ilusiones y unas 5.000 almas preparadas para vivirlo todo al 100%. Y nadie mejor que los chicos de Ayer para inaugurar una jornada repleta de música. A pesar de tratar de ser lo más imparcial posible, hay veces que no se puede, sobre todo cuando sabes todo el esfuerzo que hay detrás. Eso sí, aunque empezaron con problemas de sonido y fue demasiado corto, Ayer echaron los restos, consiguiendo hacernos bailar con «Contigo» y «Salvaje», donde una vez más nos dejamos los pulmones.

Entre cambio y cambio, comenzaron Ochoymedios DJs a caldear los espacios en blanco. Espacio que pronto se llenó con la música de Maico, que directos desde Mallorca, recordaron a todo el mundo que su momento («Moment») era ese. Y que, por supuesto, apuntas maneras.

Aunque para talento, recalcar también el de Siloé. Con «La Luz» se reafirman como banda, aunque lo cierto es que fue con «La Verdad» cuando los conocimos. Lo que es más que evidente es que su show fue demasiado corto, para toda la energía que desprendieron y toda la potencia que tienen sus mensajes.

Neuman fueron los siguientes en llenar el escenario, donde aprovecharon para rescatar algunas de las canciones de su aclamado «If» y de su recién estrenado «Crashpad». Fueron uno de los grandes descubrimientos de la noche, ya que nunca los habíamos visto en vivo.

Las verdaderas ganas de bailar sí que llegaron con Varry Brava. Actitud derrochadora y muchas ganas de generar «Furor» en la sala. Y vaya si lo consiguieron. Apuntaron sobre seguro: entre «Playa» y playa, nos cantaron aquello de «No Gires», y nos hicieron recorrer junto a ellos «La ruta del amor». Todo para cerrar con «Fantasmas».

Sentimentalismo aparte y derroche de energía con Elefantes, que demostraron una vez más por qué llevan haciendo música toda la vida. Había tan poco tiempo, pero aún así, no faltó tiempo para grandes clásicos. Y es que temas como «Te quiero» o «Cada vez», no tienen sentido si no es en la voz de Shuarma.

De nuevo, preludio en el que los DJs se intercambiaron los puestos. Desde ese momento y hasta el fin del concierto, era el turno de Marc Gili, vocalista de Dorian. Esa noche salía de su rol habitual como «front-man» de la banda y nos llevaba su música.

La Habitación Roja era, sin duda, una de las bandas más esperadas de la noche. Tal fue así que ellos supieron bien como responder. Desde el minuto 1, desde aquel instante en el que trazaran «Líneas en el cielo», fueron capaces de abstraernos. Nada de lo que ocurriera fuera podía ser relevante. En ese preciso momento éramos «Indestructibles». Lo que importara «Ayer» o mañana era completamente irrelevante. Así somos en «Madrid».

El punto y final no lo podían poner otros. De nuevo, «El Poeta Halley» llegó al WizInk Center, encarnado en los mismísimos Love Of Lesbian. Arrancaron con «Cuando no me ves», vestidos entre luces y sombras que pronto, fueron cambiando de color. A partir de ahí, todo fue un verdadero viaje regresivo. Y es que desde «Bajo el Volcán», viajamos a «1999» en apenas un segundo. Todo el público estaba completamente entregado. De ahí, la importancia de dedicarles temas como «Manifiesto Delirista» y de cerrar aquel mágico concierto con «Planeador».

Lo cierto es que decir que hubo magia aquella noche, se quedaría corto. Tratar de describir las emociones con palabras es sumamente difícil. Sobre todo porque, al final, lo verdaderamente importante no se explica. Se siente. Tan solo, y como último alegato, ojalá la música siga siendo un arma arrojadiza contra los males del mundo. Y que solo la usemos para hacer cosas buenas por los demás.

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