En imágenes: Corinne Bailey Rae en Noches del Botánico

Corinne Bailey Rae estuvo acompañada por Rhonda Ross en esta mágica noche

Hay canciones que te llegan directas al alma desde bien pequeña. Hay canciones que te persiguen de por vida, independientemente del tiempo que lleves sin escucharlas. Hay canciones que te evocan a personas. Personas que, de una manera u otra, son importantes. Con esa sensación, llegué el pasado viernes 6 de julio al concierto de Corinne Bailey Rae. Un espectáculo, enmarcado dentro del circuito Noches del Botánico.

Jamás me hubiera imaginado poder asistir y menos acreditada. Aunque la emoción por ver a Corinne era más que latente, llegué justo a tiempo para ver algunos de los temas de la tesonera, que bien podría haber sido también cabeza de cartel. Era Rhonda Ross, la hija de la reconocida Diana Ross. Aunque la saga Ross prevalece, tanto madre como hija, tienen méritos más que merecidos.

Si bien es cierto que a Rhonda no la había escuchado previamente. Pero su sola presencia, su voz y su simpatía, valieron por mil. Acompañada por su banda, entre los que se encontraba su marido, tampoco estuvo sola, ya que su hijo también hizo acto de presencia sobre el escenario, en más de una ocasión.
Lo que más largo se hizo fue la espera entre una artista y otra. Durante más de media hora estuvimos esperando a la gran Corinne. Hasta que, por fin, logramos acceder al foso. Desde el minuto cero, Bailey Rae consiguió captar nuestra atención, no solo por su voz. También por sus gestos, por esa facilidad para moverse sobre el escenario y por esa eterna sonrisa. La artista y compositora inglesa recorrió gran parte de su repertorio, en especial, el de su último trabajo, «The Heart Speaks in Whispers». Aunque, por supuesto, también hubo tiempo para recordar sus grandes éxitos. Fue entonces cuando el público, tras todo el concierto sentado, se alzó para cantar himnos como «Put Your Records On», «Like a Star» o «Trouble Sleeping», entre muchos otros.

 

Hay canciones que te llegan directas al alma desde bien pequeña. Hay canciones que te persiguen de por vida, independientemente del tiempo que lleves sin escucharlas. Hay canciones que te evocan a personas. Personas que, de una manera u otra, son importantes. Con esa sensación, salí del concierto. Y con mucho, mucho agradecimiento.

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