Un blanco y negro, por favor

Llegar un martes a la universidad, saber que vas a dar 4 horas de castellano y pensar: “Esto va a ser horrible”; y más cuando te enteras de que van a poner una película en blanco y negro. Sin embargo, al final descubres que 12 hombres sin piedad es una gran obra.

Pongámonos en situación: un juicio por homicidio. Doce hombres han de determinar la inocencia o culpabilidad de un joven, acusado de asesinar a su padre. Las pruebas son muy evidentes: el chico es culpable. Por este motivo, once de los doce hombres del jurado quieren llevarlo a la silla eléctrica. Pero, ¿de verdad las pruebas están tan claras? Para el miembro número ocho (Henry Fonda), no. En ningún momento dice estar seguro de la inocencia del joven, pero sí que demuestra su capacidad de análisis.  

Esta película es un claro ejemplo de la debilidad de la mente humana. Debilidad porque en muchas ocasiones, dejamos que ciertos acontecimientos de nuestra vida nos inunden mientras llevamos a cabo otras tareas. Por ejemplificar: a uno de los miembros del jurado, la falta de su hijo durante los dos últimos años, no le permite ver con claridad los razonamientos de los demás. De ahí, la mentalidad cerrada que muestra durante todo el largometraje.
También es reconocible la facilidad que toda persona tiene, de ser influenciada. De ahí, que muchos de los miembros del jurado cambien tanto de opinión. Al fin y al cabo, solo uno de ellos se mantiene firme en su postura.
Por último, es importante destacar la cantidad de prejuicios humanos. Varios de los integrantes del jurado, sin saber realmente si el acusado es inocente o culpable, lo consideran agresivo e incluso mala persona.
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“Si no cree al muchacho, ¿por qué cree a la mujer? Son los dos de la misma calaña”.

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